68- Un par de preguntas. Por Robinson de poca monta
Oye papa ¿y aquella montaña tan grande, que se ve allí a lo lejos? pregunto el niño, en curioso superlativo.
Oye papa ¿y aquella montaña tan grande, que se ve allí a lo lejos? pregunto el niño, en curioso superlativo.
I Cuando sea máquina el hierro de sangre fauces de plata un viento de músicas revienta la cascada sonríe obscura noche de agonías…
Según nos cuenta Diógenes, un día se hallaba el buen Metrocles escuchando a un grave pensador que iba entregando al público su gran pedantería.
Vengo siguiéndote desde mañana he estado mirándote desde tus ojos, Tranquila, callada,
Hay días que no sé lo que me pasa, pero ya al levantarme es evidente que todo se me ha quedado pequeño:
Te escuchaba aún a través del pecho la guitarra de tu vientre me soltó la tarde del miércoles los besos que derramaban en su ruta el aroma del tiempo sin tu nombre.
Pensé que todo había terminado cuando Dios decidió crear al mundo. Pero no, la acción imprecisa del destino, la especulación del origen de esta humanidad predestinó sucesos que acontecerían antes de la creación del hombre.
Como una flor el agua Surtiendo su deseo Abajo torna A lamer su esencia
No acierto a vivir sin ti. Mi consuelo, mi camino, mi alma,
Paseo en la tarde cuando el horizonte rojizo se torna y deambulo como una vagabunda buscando al compañero