79- El orgasmo de la monja. Por X sobre Y
Si acaso toco el torso desnudo del mancebo, convoco a mi silencio su estallido de mareas erectas; doblego mi inocencia a sus coartadas lúdicas, ¿Qué dirán del instinto?
Si acaso toco el torso desnudo del mancebo, convoco a mi silencio su estallido de mareas erectas; doblego mi inocencia a sus coartadas lúdicas, ¿Qué dirán del instinto?
Plomo etéreo que embutes de nubes el cielo, destila tu elemento de esperanza lava y nutre nuestro suelo, despréndete y alcanza el corazón de nuestra tierra.
Sin conocerte, se quién eres, Eres esa bella amistad, un amor sin culminar, Un confundir de los términos, tal vez sea algo más, La luz buena que acaricia mi alma, la vital razón.
Es posible que hoy llegue tarde que un reloj se oxide en la crepitación de un latido
En tu ausencia me ensaño con esa sábana enroscada y no produzco más que basura, detrito en forma de palabras.
Tantos cambios en el desorden de los días ¿para el regreso a los labios de mi abandono?
¿Habrá existido alguna vez? La recuerdo como se recuerdan los sueños.