II Certamen de narrativa breve - Canal #Literatura
Concurso Caravaca
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Bases del concurso, premios y jurado


3/3/2005

116. Nervios
115. Instantánea
117. Que poco dura la felicidad eterna
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¿Qué es la vida? La humanidad ha dado todo tipo de respuestas para mí no es más que el tránsito entre dos certezas (nacer y morir), haz lo que quieras, piensa lo que te dé la gana, pero has nacido y al final morirás, el resto no importa.
Es demasiado sencillo para complicarse, pero aún así hacemos girar todo entorno a ese incierto tránsito, sabemos que acabará, pero no sabemos cómo, cuándo ni dónde, todo el mundo tiene su idea, más o menos propia, de qué hay que hacer con este tránsito, dedicarlo a Dios, disfrutarlo, joderse y esperar… Menudo montón de contradicciones.
Si digo la verdad yo no sé qué hacer con esto, sólo sé que he nacido y que algún día me moriré, el resto no me importa porque creo que no es más que apariencia… es un poco desesperanzador. La mayoría prefiere tener un sentido y ese sentido es la inmortalidad: eliminar la segunda certeza o al menos convertirla en una causa modificativa de la condición “vivo” y no en su fin. Es el momento en el que un hombre pasa a buscar un sentido para su vida cuando se convierte en cómico, corre de aquí para allá como un pollo sin cabeza, se aferra a unas creencias que viajan a la deriva…
Con todo me gusta rodearme de vida, de gente que va y viene junto a mí, no les conozco de nada, pero siento que en el fondo son “vagabundos metafísicos” como yo, aunque algunos no lo sepan, entonces tengo la sensación de que vivir es como lanzarse al vacio, tú saltas sabiendo que te la vas a dar, la distancia entre la cornisa y el suelo no importa, realmente lo único importante, lo único seguro es que el suelo está ahí abajo, esperándote, cada vez más cerca… pero tú estás ahí en medio, sabes que caes, todo lo que crees, sientes y piensas es lo tuyo, tu tránsito, tu vida, lo que distrae tu mente del terrible saber (que no pensamiento) de que el suelo está ahí abajo, esperándote, cada vez más cerca…
-¿Qué tal llevas el examen?
-¿Qué?
– Joder, estás en tu mundo, que qué tal llevas el examen.
– Ah, en su línea
– ¿Suspenso?
– Claro.
Ojalá pudiese preocuparme de esas cosas, pero en mi cabeza sólo hay sitio para el suelo, para intentar hacer lo más agradable posible esa caída hacia la imparable cita con la Parca, ¡Bastante tengo con esto como para encima andar preocupado con tonterías!
– Yo llevo una semana que casi no he dormido, creo que lo apruebo, joder, ¡tengo que aprobarlo!
– Ah – qué más te puedo decir, no me importa lo que hayas estudiado, no me importa el jodido examen, no me importas tú- que tengas suerte.
– Gracias
Que te den.
Hace calor, nos agolpamos en la puerta de la clase esperando al profesor, cigarros, risas nerviosas, apuntes por aquí y por allá, un mare mágnum de hojas en las que queda grabada la opinión de un “Don nadie” sobre… ¡ah sí! Sobre el derecho penal. Se cree que la gente se acordará de él por esto, puta vanidad, si quieres que se acuerden de ti procura dejar una gran mancha en el suelo cuando te estrelles contra él.
– ¿ Pasamos ya?
– Espera que acabe el cigarro – ¿por qué sigues hablándome? Entra tú si quieres, haz el examen lo mejor que puedas, haz bien todos los exámenes que tengas que hacer, consigue un buen trabajo e intenta vivir feliz, pero a mí déjame en paz, yo no quiero ese futuro… Apuro el cigarro, la última calada, qué asco de humo, tengo los dedos amarillentos y apesto a tabaco. El pesado sigue mirándome, me espera, cree ser mi amigo y ¿quién sabe? Quizá lo sea…-Vamos dentro y que Dios reparta suerte, porque si reparte justicia, lo llevo claro.
Broma de cortesía, risas de cortesía, es curiosa la risa, por muy falsa que sea te hace olvidar dónde estás, es como una pausa en la caída, por un instante dejas de tener la sensación de caer y de vacio, quizá sea lo único que merezca la pena de este pobre tránsito, quizá todo sea saber reírte de la inefable certeza final, al fin y al cabo qué es esto, sólo un examen, un jodido examen, qué manía tenemos los hombres de complicarnos la existencia, todo es muy corto como para andar agobiado por pequeñeces así, todo es reírse, reírse es todo, reírse por nada, reírse del suelo, el muy cabrón sigue ahí abajo, esperándote, cada vez más cerca… Y eso es lo único que me importa.

115. Instantánea
117. Que poco dura la felicidad eterna