¡Estresaos, angustiaos, Deprímios! Por Santiago Tracón

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??Seligman (1975) formuló la teoría de la indefensión aprendida. Así como una rata se puede morir de hambre al lado de la comida, si ha aprendido que sus respuestas son independientes de los resultados, del mismo modo los humanos caemos en la depresión y la indefensión si vamos experimentando que los resultados son independientes de nuestra conducta. Si aprendemos y nos convencemos de que nuestros actos sirven para poco o nada, porque las consecuencias o resultados dependen de factores totalmente incontrolables.

Los poderosos de hoy han aprendido muy bien la teoría de la indefensión aprendida. La están aplicando sistemáticamente a la humanidad entera. Lo nuevo de ahora es que ya no son los países pobres, sino las llamadas sociedades del bienestar las que están siendo sometidas a un proceso bien planificado de aprendizaje de la indefensión. Es algo nuevo en la historia. Antes se inducía a la resignación mediante la religión, la predestinación o la violencia, pero siempre había una esperanza, aunque fuera en el más allá. No se asentaba el poder sobre el sentimiento de humillación, de desesperación e impotencia.

La indefensión es un miedo interiorizado, un sentimiento de incapacidad que genera estrés, angustia, depresión. Me estoy refiriendo a una dimensión poco estudiada de la crisis actual, que no es sólo económica, sino sobre todo psicológica. Hablo de las dimensiones psicológicas de la crisis, porque creo que es aquí donde está el núcleo duro de la crisis, algo de lo que nadie habla, pero que sirve para explicar lo que está pasando mucho mejor que las elucubraciones economicistas.

Veamos. Hoy el problema no es la falta de productos, objetos de consumo, medios de subsistencia. Tampoco de medios de producción o de mano de obra. Ni siquiera de escasez de recursos energéticos. Hoy tenemos capacidad suficiente para producir todo lo que necesitamos. ¿De qué naturaleza es, por tanto, esta crisis?

La crisis actual es una crisis de dominación, de control, de reorganización del poder a nivel local y mundial. Nace de la necesidad de reorganizar el poder no sólo en las sociedades atrasadas, sino en las desarrolladas. Para este plan, los Estados, tal y como hasta ahora estaban constituidos, no sirven. La amplia clase media, acostumbrada al consumo y a tener servicios sociales a su alcance, se ha convertido en un problema: estorba porque entorpece el proceso de afianzamiento y reestructuración del poder. Se necesita una sociedad más dócil, más sumisa, más sometida, que no se rebele, que acepte como inevitable todo lo que se le imponga.

Lo nuevo de la situación actual es que no se logra esa dominación y sumisión mediante la fuerza, sino a través de la indefensión aprendida. Llevamos cuatro años de obsesivos mensajes cargados de amenazas, de tensión, una lenta pero constante inducción a la depresión, el estrés, el miedo. Se trata de evitar cualquier tipo de rebelión, de reacción colectiva. Se trata de llegar a la estructura psicológica individual, de instalar en ella el pesimismo, el sentimiento de impotencia, la desesperación callada. El convencernos de que, hagamos lo que hagamos, todo seguirá inexorablemente su curso, cada vez a peor, y sálvese quien pueda.

Nada de extrañar que, frente a todo ello, el grito más revolucionario haya sido el de “¡Indignaos!”. Pero la indignación, ¿qué es? El reconocimiento de la impotencia. Se dice que para rebelarse primero hay que indignarse. No estoy de acuerdo. Si así fuera, la rebelión ya habría estallado. No, a un esclavo no es necesario pedirle que se indigne. La indignación es el preámbulo de la indefensión. Si no puedes rebelarte, indígnate.

La verdad es muy cruda: el mecanismo de desactivación psicológica es tan eficaz, ha penetrado tanto en el estado de ánimo de cada ciudadano que, o se supera esta situación de indefensión y desánimo profundo, o todo esto de la indignación no será más que el último acto de resistencia, el anuncio de una derrota más profunda. La deriva del 15-M es más que ilustrativa.

Estamos ante una crisis inducida, basada en nuevos mecanismos de dominación, que está dando lugar a un sistema capitalista nuevo que cada día se parece menos al capitalismo tradicional. El capitalismo basado en la competencia e iniciativa individual y la participación democrática, la producción masiva y el comercio, que implicaba la necesidad de un consumo generalizado, está siendo sustituido por un capitalismo financiero, una producción controlada, la aceptación de la explotación, un debilitamiento de los mecanismos democráticos, la anulación de servicios sociales, la creación de espacios libres de cualquier control social, el sometimiento de los Estados a estrategias globales de control y dominación. Todo esto tiene muy poco que ver con el capitalismo liberal y democrático que llevó a las sociedades occidentales al progreso y el bienestar social.

Sólo siendo conscientes de estos cambios profundos y de los nuevos mecanismos psicológicos de control y sumisión podrá surgir un pensamiento nuevo capaz de frenar el proceso de degradación actual. Me temo que esto tardará muchos años en llegar. Si es que llega. Entretanto, lo mejor que uno puede hacer es no caer en la trampa del “estresaos, angustiaos y deprimíos”. Resistir a esta dominación psicológica ampliando los espacios individuales en los que cada uno construye de verdad su vida con confianza, incluso optimismo. Nada nos puede arrebatar ese espacio interior en el que no penetren los fantasmas del miedo, la impotencia colectiva, la depresión, la desesperación y la autoderrota. No utilizando estos sentimientos (incluida la mera indignación), sino despertando un sentimiento nuevo de poder y autoconfianza, tendrá éxito cualquier partido político que quiera cambiar la actual situación. También necesitamos partidos totalmente diferentes.

Santiago Tracón
Blog del autor

(Foto: Ángela Trancón Galisteo ?)

No pude morir. Por Ana Mª Álvarez Barroso

No, no pude morir aquella noche,
y aunque buscaba la manera más precisa,
sólo hallé de tus manos el trasiego
de sentirlas enredadas en mi cuello.
No pude… quise morir, pero no pude,
abandonada al arma ingrata de tus labios,
acuchillada por tus besos asesinos,
tan sólo pude desangrarme en mis verdades.
Y nuestros cuerpos se empaparon de delirios,
y los delirios se empaparon de silencios,
con el silencio apuñalaste mi esperanza…
con la esperanza se rompieron los espejos.
Y quise, amortajada de caricias,
hallar en ti la parte mía que no poseo,
y aún sabiendo que moriría si no la hallaba
te di mi muerte… y me ofreciste tu vida.

Blog de la autora

Ana Mª Álvarez Barroso © 2002

Desde el cascarón. Por Kurtz

Hace mucho tiempo que no me enfrento a las palabras, y seguramente sea porque no me gusta perder. Por la noche, al calor de un par de gintonic, me atrevo con unas cuantas frases sueltas, que apunto con timidez en un desordenado cuaderno de notas. Pero es pasar de dos o tres líneas, y constatar que escribir es una cosa demasiado seria.

A veces tengo ideas sueltas que no sobreviven en el papel ni el tiempo que gasto en escribirlas: amaneceres rojizos capaces de inspirar el mejor soneto, preciosas piernas acarameladas, o antiguos sueños de grandeza de esos que nunca se cumplen. Simples balas de fogueo que se derriten como cera fundida.

La literatura es el más claro reflejo de la vida, y mi vida no ha sido nunca más que un montón de proyectos inacabados, que muchas veces ni siquiera empecé. Si la vida te supera, pretender explicarla es una quimera.

La botella se ha terminado hace tiempo, no queda más que tirar la toalla y abandonar la pelea. Derrotado una noche más por un simple folio, me doy cuenta que las ideas no son nada sin las palabras, y que la vida pierde mucho si uno no es capaz de contarla.

Kurtz
proscritosblog.com

Comienzo tras el final. Por Brisne

El agua cae despacio sobre mi espalda. Limpiándolo todo. Mis fracasos absolutos. Miro alrededor y veo el desorden colonizando mi espacio. Instalándose en mi casa. Ahora que no estás el desorden lo llena todo.
El recuerdo de tu voz : «Teníamos que recoger ésto» se impone ahora que la fina lluvia de la ducha me va limpiando el alma. He pensado en tu partida, en el portazo, en la ausencia. Voy a dejar que el desorden me colonice, hasta que ya no pueda más. Luego sacaré lejía y limpiaré todo. Para que desaparezca el olor y el pasado.

Sólo quiero eso, empezar de nuevo.

Brisne
Colaboradora de Canal Literatura en la sección «Brisne Entre Libros«

Blog de la autora>

Abrázame. Por Alma Aibar Hidalgo

«Abrázame fuerte y no me sueltes. No me dejes salir corriendo nuevamente, en mi… eterna y desesperada huida hacia adelante, presa del pánico que me produce el entregarme completamente a ti. Átame a tu pecho y hazme tuya para siempre, sin permitirme volver a abandonar nuestro hogar, por cobardía, por falta de fe en nosotros, por dudar de éste nuestro verdadero amor. Abrázame con todas tus fuerzas y sálvame de mí misma, de mis sombras, de mis fantasmas, de mi soledad, de mi locura, de mi infeliz y malentendida independencia.»

Alma  Aibar Hidalgo (1/09/2011)
Escritora

El día tres de abril era miércoles. Por Yolanda Sáenz de Tejada

??Yolanda Sáenz de Tejada

Hoy me apetece mucho (mucho, mucho, muchísimo) colgar este poema que alguien me recordó el otro día. Me dijo que era el que más le había gustado del poemario de Tacones de Azúcar.

Así que en un lunes de vida como hoy, os dejo esta historia que viví como si yo fuera uno de los pasajeros.

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El día tres de abril era miércoles
y el viento traía recuerdos de fruta.

Carlos levantó la voz:
¡para el autobús
que me meo!

Y paré.
Eran las nueve y media de la mañana
y mi primer día de ruta.

El chico no bajó solo.
De la mano llevaba a una joven rubia
de pelo enfadado y sortijas en los pies.
No pude decir nada
cuando los vi agachados a los dos
en la hierba del prado
dejando correr su orín.

Todos los chavales del autobús
reían como locos;
pero yo me quedé sentado,
seducido por la escena.

El chico se subió la bragueta
y miró el hermoso paisaje.
Allí crecían margaritas de nostalgia
y jazmines tiernos de sollozos.
Ella no dejaba de mirarlo
mientras se recogía
la falda blanca entre las piernas.

Te cogeré flores,
le susurró el príncipe de la mañana.

Cuando terminó,
se acercó a sus ojos rubios
y le puso una rama de olivo
en la zona preciosa de la oreja.
Alojó el ramo en el suelo,
entre los pies desnudos de sus cuerpos,
y agarró a la chica de las manos.
¿Quieres casarte conmigo?…

Se hizo tarde
y algún coche pitaba cabreado.

Yo esperé
mientras todos esperaban.
Mientras las flores esperaban
tiradas en el suelo de la pregunta.
Mientras mis labios apretados esperaban…

Fue mi primer día de trabajo y
el último;
la directora del manicomio
no escuchó mis disculpas y
me expulsó
por permitir
salir a los enfermos.

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Yolanda Sáenz de Tejada
Colaboradora de esta Web en la sección
«Tacones de Azucar»

Blog de la autora

El Tercer Reich. Por Brisne

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«No busco en ellos la perfección. ¿La perfección, en un tablero, qué significa la muerte, el vacío? En los nombres, en las carreras fulgurantes, en aquello que configurará la memoria, busco la imagen de sus manos entre la niebla, blancas y seguras, busco sus ojos observando batallas (aunque son conatos las fotos que los muestran en esa disposición), imperfectos y singulares, delicados, distantes, hoscos, audaces, prudentes, en todos es dable encontrar valor y amor.»

Es la primera novela de Bolaño que leo. Su última publicada de modo póstumo. Corregida por el autor.
Y me he encontrado con Udo Berger, un alemán de vacaciones en la Costa Brava que escribe artículos para revistas de juegos. Y me he sumergido con él en un tablero de octógonos pensando en mis partidas de Risk, en las tardes frente al tablero pensando en cómo salir de los embrollos que me metía, igual que Udo. Pero en mi caso sólo era un juego y en el Udo es algo más. Un paralelismo entre su vida y el juego. Entre él y la partida con un personaje inquietante, el Quemado. Udo y su descenso al infierno particular antes de perder partida y vida. Porque el final de la novela, Udo resurge en una vida nueva, fuera de un juego que acaba perdiendo, y también su vida anterior. A veces necesitamos bajar al infierno para volver a vivir.
Una novela de ave fénix. No sé si Bolaño escribe así el resto, dibujando la trama, perdido en las palabras, en cómo contarnos una trama oculta que el lector va montando en su mente. Para un lector activo. Para alguien que no quiere saber sólo qué pasa sino que busca sobre todo el saboreo intenso de las imágenes, que conforma a los personajes propios, que inventa historias que Bolaño no narra, porque necesita dibujar sus personajes y los datos son pocos.
En Tercer Reich, se insinúa más que narrar. Pero a mí me chifla esta forma de hacerlo. Me imagino el pasado y el futuro del Quemado, con los pocos datos que nos aporta. Un pobre hombre quemado en la segunda guerra mundial por eso necesita de la poesía y de los libros de guerra para ganar. O quizá sólo rememorar sus batallas. Porque yo le he escrito una biografía paralela. Lo mismo sucede con otros personajes, con las mujeres, con los amigos, con Charly incluso.
Son trazos de vida que conoce Udo, pero que podemos dotarles de otra, la imaginada, la inventada. Convertirnos en actores de una novela. Casi nunca pasa. Casi siempre nos quedamos en lo que nos cuentan. Quizá por eso Bolaño entusiasme a algunos. Quizá por eso me entusiasme a mí.
Sé que Bolaño es un escritor de culto. Sé que eso de ser escritor de culto tiene su parte buena y su parte mala. Pero yo no sólo lo he leído por ser un escritor de culto. Es un personaje intrigante que quería conocer de mano de sus escritos. Porque me imagino que el autor se desnuda en cada libro, nos habla de su yo íntimo en cada letra. Y yo quería penetrar en ese santuario. Aunque no sé bien si lo he conseguido. Me ha gustado su forma de narrar, su diario inconexo, su historia sólo trazada como un borrador. Puede que sea porque es póstuma. Puede que haya de seguir leyéndole para descubrirle. Pero los trazos que deja me han entusiasmado y creo que volveré a sus letras para buscarle.

¿Ustedes lo conocen? ¿Es esta la sensación que les deja? Cuéntenme. Todavía he de conseguir otras de sus novelas y leerlas.

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Brisne
Colaboradora de Canal Literatura en la sección «Brisne Entre Libros«

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