Sombras de lo cotidiano. De Carlos Manzano


El Autor:
Nació en Zaragoza en 1965 y es licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la UNED. Ha publicado la novela Fósforos en manos de unos niños (2005). Su obra Las fuentes del Nilo quedó finalista del I Premio Letras de Novela Corta en el año 2003. Igualmente, obtuvo el primer premio en el I Concurso Literario Villa de Benasque para autores aragoneses con el relato El desierto (2004), así como la distinción de finalista en el X Concurso de relatos cortos Juan Martín Sauras con el relato No declararé en tu contra (2005).

El Libro:
La novela se mueve (o se agita, más bien) en ese espacio poco definido, frustrante pero profundamente sutil, que surge del contraste entre nuestros deseos más profundos y la imposibilidad de satisfacerlos por completo y que lleva a los personajes a una búsqueda constante de algo que ni ellos mismos son capaces de concretar pero que les obliga a transitar por un terreno brumoso guiados únicamente por sus propios deseos –tal vez por siempre– incognoscibles. La novela no ofrece una sola respuesta, tal vez porque tampoco plantea ni una sola pregunta: hay un simple devenir de unos seres que unas veces se encuentran y otras se evitan, que se extrañan al mismo tiempo que se repelen, que transitan sus caminos con imprudencia y poco tiento y que emergen a la vida más con resignación que con auténtico empeño, y que apenas aparecen a los ojos de los demás como meras sombras de lo cotidiano.

Presentación:
Martes 18 de noviembre de 2008, a las 19,30 horas
Sala Cultural de Librería Central. Corona de Aragón, 40 (entrada por Concepción Arenal, 29)
ZARAGOZA
Intervienen: Luisa Miñana, escritora, y Joaquín Casanova, editor

Más información de este libro.
Carlos Manzano.

A quien le falta un ser querido. Por Celia Álvarez Fresno

He visto con estupor cómo en televisión se anuncia un número de teléfono –imagino que con elevadísimo coste por minuto- en el que se invita a llamar a todo aquél, desesperado por la pérdida de un ser querido.
A quién se le haya ocurrido hacer semejante negocio, le auguro un futuro brillante aún en estos tiempos de crisis, porque desesperados en la vida por esas ausencias, existen multitud -por desgracia- y todos tenemos algún ser querido que ya cerró la puerta de esta vida.
Yo diría a aquellos que se sienten con ese terrible agujero en el estómago, con esa pena inacabada por una gran pérdida, que tengan la seguridad de que la Energía de quien ha partido no se evapora, como el humo. Que sigue viviendo de otra forma, pero nuestros ojos es difícil que puedan percibirle como era, porque quien partió se mueve sin cuerpo, éste que nos ata y del que nos liberamos cuando pasamos la Puerta hacia nuestra verdadera Casa.
¿Por qué digo esto y por qué estoy tan segura?
He tenido muchos testimonios a lo largo de mi vida, de otras Realidades. Al comienzo, ello me creó un serio problema a todos los niveles, ya que yo deseaba vivir mi vida entre lo “fashion”, y la realidad del aquí ahora. Y todas estas experiencias me atan y ataron de alguna forma a ir por cierto camino del que algunas veces me encantaría huir.
Mi última experiencia es tan impresionante, que para mí, es ni más ni menos el sello certificador de que quién se ha ido, sigue aquí y allá. Y que nos escuchan y nos miran y acompañan.
No… no tengan miedo si quién se fue, ha sido un sinvergüenza y temen no arrancárselo de su lado en toda la Eternidad… Simplemente seguimos viviendo pero con orden y concierto, y cada cual estaremos en el lugar que corresponde, pero las Energías, o Dios, o Luz, -creo que podemos llamarlo a nuestro antojo- hace ver a quien llega de esta experiencia, su forma de actuar en la tierra, y eso es suficiente para que con la mirada del después se comprendan ciertas actitudes adversas.
Tengan conformidad, pidan a la Luz un destello, y sepan que nada termina, solamente, cambiamos de casa.

Celia Álvarez Fresno

El asesinato de Herminia. Por Cecilia Prado

…y fue por eso que dejamos de hablarle. El asesinato de Herminia significó, por decirlo de algún modo, el colmo de la crueldad. Lo cierto es que antes que ella hubieron otros. Una larga lista de desdichados cayendo, balcón abierto, a estrellarse contra el mundo.

Tuvimos que bajar todos juntos y en puntillas de pie, mientras la niña dormía, a recoger sus partes: sus bracitos de plástico partidos, su cabeza salida y con los ojos rodando quién sabe a dónde. Cuando oíamos voces, corríamos con premura detrás de los arbustos muertos de miedo y, tan pronto se iban, levantábamos el resto. Por suerte nadie sintió piedad de nuestra amiga, nadie se la llevó. También, ¿quién iba a querer una muñeca así, despedazada?

Recompusimos su cuerpito enclenque, le pusimos un camisón largo y la acostamos en la cama grande.

¡Sí la hubieses visto con su cabeza lisa y pequeñita como un huevo, ya sin rostro; y su espesa cabellera blanca derramada por la almohada! ¡Ésa no era Herminia!, por lo menos no la Herminia traviesa y jovial que conocimos.

Había velas y sombras y susurros que se iban agostando. Un olor extraño lo llenaba todo, un olor, como diría, a orina y a colonia barata de la abuela. Algunos muñecos no habían tenido tiempo de vestirse y acudían desnudos o en ropa interior, esto los honraba enormemente. Otros, los más antiguos, exhibían una cabeza calva atiborrada de puntos, semejante a un colador. De todas partes llegaban familiares lejanos relegados al olvido, gente que no habíamos visto nunca. Salían de los baúles como de un sueño pesado, con expresión absorta y la ropa enmarañada. Seguir leyendo el cuento, pinchando aquí.

©Cecilia Prado
(www.tallerliterario.net)

Desprovisto de esencias. De Rafael Saravia

El Libro:

«Desprovisto de esencias» nos propone un itinerario no lineal, quizá más bien un caminar por trochas que se entrecruzan en un bosque siempre inacabado, que guarda su mejor tesoro para el retorno, para la relectura.
Raíz existencialista y vuelo en el amor que tensan al ser y permiten en cartas ligeras y a media luz, entrever quienes son los muchos que habitan el decir preciso y sobrio, hermoso y contundente, provocador y nada convencional del «yo» poético en su coral correspondencia.

El poemario no se lee de una o dos veces. No llega, atraviesa. No sabe, presiente y cuenta, desde una madurez intuitiva, aquello que no podremos evitar, aquello desde lo que hemos ido avanzando, más deprisa y por buen camino. Y deja la mejor parte al lector. Es respetuoso y mejora en la morosa lectura del solitario. Un respirar contra la tristeza y la desesperanza, respirar hondo, nos hermana con las palabras que liberan y sonríen en una complicidad amorosa con lo suficiente.

Invito a que en el verano que se nos avecina se regalen un encuentro con estos amigos imposibles y veraces, Kannafani, Sancho Panza, San Mäel, Gagarin o Bergson. Se sorprenderan de lo que tienen que decirles, casi en un susurro de otra música y el libre (con)sentir.

Víktor Gómez

Más información del libro.

Presentaciones:

Día 28 de Noviembre, en la Librería 80Mundos a las 20:00h, Alicante. Presenta: Pilar Blanco
Día 2 de Diciembre en la Asociación Andaluza Hijos de Almachar a las 20:00h, en Baracaldo – Bilbao-.

La cigüeña decide. Por Mercedes Martín Alfaya

Cuando yo era pequeña, pensaba que, esto de nacer en un sitio o en otro tenía mucho que ver con lo espabilada o perezosa que fuera la cigüeña y las inclemencias del tiempo. Si el día era luminoso, ella, la cigüeña, volaría contenta y distinguiría perfectamente aquellos hogares mulliditos donde dejar un niño. Pero, claro, si hacía frío, llovía o nevaba, pues lo soltaría en cualquier parte para quitarse de en medio cuanto antes (las cigüeñas también se escaquean en su trabajo). Así es que, aterrizar en un lugar apropiado y crecer en buenas manos sería cuestión de suerte. Recuerdo que una tarde, la directora del colegio entró en clase y le dijo a la seño que me dejara salir, que mi tía me esperaba en la puerta para llevarme a conocer a mi hermano que acababa de nacer. Yo estaba muy nerviosa; quería saber enseguida si era guapo y si yo le gustaba. Antes de ir a casa, mi tía pasó por una tienda de ultramarinos y compró un bote de melocotón en almíbar, café para moler y carne de membrillo. Así, supe que si las cigüeñas se portaban bien y no se equivocaban en los pedidos había que celebrarlo. Mi hermano era muy feo y estaba todo rojo, pero yo le di muchos besos y mamá me dejó que lo tuviera un poquito en los brazos. Luego, me salí al patio y miré al cielo para ver si la cigüeña andaba por allí. Quería darle las gracias por haber cumplido tan bien con su trabajo y no dejar a mi hermano en cualquier sitio, donde hubiera muerto de frío, de hambre o por falta de cuidados.

Texto y foto: Mercedes Martín Alfaya
Blog de la autora.

El infierno Vasco. De Iñaki Arteta

  «Es el infierno de los que se fueron y lo pueden contar, es el infierno de los que no se han ido optando por posturas silentes, no beligerantes, es el infierno de los que se han quedado para defender la libertad a contracorriente.»


El País Vasco, una de las regiones más ricas de Europa con tan sólo dos millones de habitantes, es considerado, por los que lo visitan, un pequeño paraíso.

  Pero tras el clima templado, los hermosos paisajes y su elevado nivel de vida, esconde una terrible realidad: desde hace treinta años, más de doscientos mil de sus ciudadanos han tenido que exiliarse para salvar su vida, escapar de la extorsión, del aislamiento social o de las imposiciones nacionalistas.

  Estreno el 7 de noviembre en los siguientes cines: Madrid (Cine Paz), Barcelona (Cine Alexandra, Bilbao (Multicines), Vitoria (Cine Florida), Valladolid (Cine Casablanca), Albacete (Cine Candilejas), Gerona (Cine Albéniz), Santander (Cine Los Ángeles) y Pamplona (Olite).

 

El ballet de los soldados rasos. Por Isidro R. Ayestarán

Un, dos, tres, al paso de la oca.
Tres lápidas más en la fosa común
de los soldados rasos que van a morir
por una patria madre que no los ama ni adora.

Pom, po-pom, po-pom,
así suenan los latidos del corazón
de esas otras madres que son las que
lloran la ausencia verdadera.

Un estandarte sobre un ataúd no es
suficiente paño de lágrimas para el
corazón desgarrado ante un himno
cruel en un solo de trompeta.

Y la verdadera pena no se consuela
con salvas de honor, ni con palmadas
del gobierno plañidero de turno con
semblante de campaña electoral.

Sin novedad en el frente, mi capitán,
a través de senderos de gloria, mi coronel,
tiempo de amar y tiempo de morir, mi
querida madre que lees la última carta que te escribo.

Y mientras te la dicto, a ritmo de corazón
palpitante porque se acerca la hora del combate,
le saco brillo a la chapa que lleva mi nombre,
que sepan que no soy un soldado anónimo

sin patria ni bandera, engatusado por el desfile
de hermanos rasos en esta trinchera, donde nos
miramos a los ojos en silencio por no preguntarnos
a qué mierda servimos, que nos manda cargarnos

a quien traspase nuestra frontera, a quien usurpe
la vivienda, el lugar de nuestros juegos de infancia,
al hermano que vive en el territorio contrario, a quien
ose levantarnos la mano, la voz y la mirada.

No, madre…
Si he de servir a alguien, que sea a este corazón
mío que aboga por la paz y el sentimiento,
por la paloma blanca del entendimiento,

por las lágrimas sinceras y honestas tras
consultar con la palabra antes que con el
enfrentamiento, con esa mano tendida que
se ofrece sin pedir nada a cambio…

¿No lo veis?
El verdadero territorio se adentra en este
corazón grande donde cabemos todos
sin importar el dios de nuestras creencias,

el color de la papeleta antes de meterla en la urna,
la compañía de un amor que llena de orgullo
sin necesidad de un desfile de mil colores…
la sonrisa sincera de los niños

que no dicen nada, pero que lo dicen todo
con una rotundidad que deja a los adultos
sin argumentos para firmar guerras analfabetas
y partidarias en este mundo de color negro.

(silencio)

Un, dos, tres…
Y disparamos.
A ti por ser el enemigo.
A mí, en la nuca por abanderar la huelga
de rencores caídos.

Madre…

Enseguida te llevan la chapa con mi nombre,
la bandera bien doblada y planchada,
el himno del adiós dolorido…

y este hijo que te besará por las noches
en un mundo de sueños, donde el verso
se escribe en una caricia certera en tu
frente ajada y marchita.

Una caricia certera, sí.
más certera que cualquiera de las balas
que disparan los fusiles cobardes del
estruendo y la mentira.


© Isidro R. Ayestarán, 2008
El Cabaret de los Sueños