El Colorado. Por Bernarda Enriquez

Creyendo estremecer los cimientos de seguridad de aquel recluso, el fornido, mostachon con cara de pocos amigos y hebilla escondida, le preguntó…
—y tu, ¿como te llamas?
En ese momento pasaba el tímido suspiro de un vientecillo tenso, esperando llevar con él, la respuesta entrecortada del infante escuálido en cuestión.
La sorpresa se la llevó el preguntante, al escuchar tan arrogante y clara respuesta de la pequeña y tenaz boca de pillo, con sus pecas traviesas y rebeldes pelitos color zanahoria…..
–Si tú ya sabes quien soy,¡¡ para qué preguntas….!!
…………..(..!!!….)…….
No tenia idea esa autoridad frustrada con quien se metía, si el genio y figura hasta la sepultura se va, y desde niño a este se le manifestaba.
–carajo escuincle, de donde habrá salido tan calzonudo, le repetía su inteligencia malformada en tono de clara burla…
Perfectamente el individuo sabia de quien era hijo, tan conocido era El Colorado, por sus diabluras y carreras imprevistas, perseguido por piedras mal intencionadas y furibundas, que hasta el granito de arena puesto por el dios arrepentido, le conocía la gastada suela de sus botas regaladas.
Los viejos menesterosos le socorrían con un fugaz escondite, saboreando la brisa que destilaba su juventud presente y en ellos ya pasada.
La cabellera de color caprichoso lo delataba en sus andares, cuando jugaba a las canicas, castigando contra el piso, al pantalón con sus rodillas nuevas, entre cabezas negras y corazones devastados… resplandecía El Colorado, haciendo suplicar por la revancha perdida al mas experimentado caniquero,
solo el calor y la resequedad antigua de aquel prehistórico pueblo adivinaban el prometedor y pedregoso futuro, de aquel que dejaría migajas de amor desperdigado…
En la edad adulta triunfaría la vegetación eterna de sus sueños no soñados,
y defendería sus valores obsoletos ante un mundo transtornado.
Haciendo inolvidable y ejemplar, la postura sabia de aquel niño apodado El Colorado.

Bernarda Enriquez

Balas sobre mundo st. Por Isidro R. Ayestarán

Ten cuidado, forastero, que este mundo no es lo suficientemente grande para los dos. Tú en tu extremo de la calle, con la mirada fija, poncho del polvo del camino y cigarrillo en la comisura de los labios. Yo al otro lado del silbido aquél de Morricone, con los matorrales arrojados por el viento y acariciando el arma mortal que carga en mi cinto.
No hay explicaciones para este duelo en nuestra Alta Sierra, vaquero, y la chica del saloon aguarda impaciente a que uno de los dos caiga para quedarse con el otro antes de los títulos finales de esta película de serie zeta.
Tú lo quisiste así, extraño hombre de más allá de la frontera, antes de que la pianola tocara a marcha fúnebre por los pecados de los pobres mortales de esta sucia calle.
Sin concesiones al reproche, sin miramientos ni aspavientos; evidentemente, sin titubeos. No están los tiempos para amaneramientos innecesarios, Joe Kidd.
Volarán las balas sobre Mundo street, sobre los colosos de cemento habitados por los muñecos de cartón que regalaban con el último suplemento del periódico dominical. El sheriff, impasible, ha dado cerrojazo al armario donde guarda los fusiles legales; el sepulturero, astuto comerciante que ya había tomado las medidas de nuestros cuerpos previamente, aguarda el resultado de aquella oferta dos por uno que la imprenta había regalado al solicitar los pasquines de la última manifa; la señorita Carsom, la maestra de los niños, se esconde tras los visillos de su ventana, repugnada al comprobar que nadie ha aprendido la lección del civismo y la ética; y Doc, antiguo predicador, se ha pasado a la botella tras leer el último versículo de su destartalada biblia.
No, vaquero; es como si a nadie en Mundo street, cuervos carroñeros aparte, pareciera importarle que nosotros andemos jugando a perder la vida por una mala palabra inoportuna, como si el sonido de la armónica se fundiera con el viento al pasar de largo entre las lápidas del cementerio del pueblo…
Clavas la mirada en mi alma como queriendo adivinar mis intenciones, sin que el sudor alcance la palma de tu mano, dispuesta ante el gatillo anhelante que acabe con la tontería mayúscula de las propuestas de leyes que se discuten a base de mociones de censura.
Y bang.
Un enorme bang como el que originó el caos en el universo, capaz de dar cordura al movimiento de las mareas caprichosas ante la influencia de la luna.
No, forastero… ya te avisé de que esta calle no era lo suficientemente grande para los dos, y que el silbido de las balas es tan potente como el de los besos certeros cuando se está con la persona amada bajo una cúpula de estrellas.

Quizá exista un mañana que te dé una segunda oportunidad.
Quizá existan unas gentes que se detengan a escucharte.
Quizá dejen de existir los quizás, y todos ellos se conviertan en un sí rotundo.

Pero eso no será hoy, vaquero, porque hasta los que te siguen te han dado la espalda y han apretado el gatillo de la pistola que colgaba de mi cinto.
Y mientras te veo caer, sorprendido porque la chica del saloon haya preferido rendir tributo al mártir antes que al héroe, doy la vuelta y desaparezco de Mundo street al galope de mi caballo, como un llanero solitario que se recorta en la luz del crepúsculo, como un poeta que prefiere la compañía de un licor prohibido para escribir sus versos, como el latido del corazón cuando la chica de sus sueños habita muy lejos de su cuerpo.

No, forastero, no era una calle amplia para pasar los dos por el mismo lado.

Ni para mirarnos a los ojos al decirnos buenos días.

Ni para un apretón de manos sincero entre los amigos de los buenos tiempos del pasado.

No era grande, no.

Y tampoco lo es ahora, que cabalgo solo.

Qué lejos queda el sonido de la armónica que acompaña al viento en mi peregrinar.

Y qué distante el aroma de un beso ante una foto en sepia con el mar de fondo.

Y pienso que eres afortunado, vaquero, ahora que estás muerto y no vives bajo la tortura de un bang que se origine a tu espalda, en tu costado, en tu nombre de amante abandonado…

Un bang como el de esas balas que silbaron en Mundo street la noche en que desafiaron a un poeta a morir bajo el influjo de sus versos.


©Isidro R. Ayestarán, 2008
El Cabaret de los Sueños

Poemas en el Canal. De Poetas ganadores y finalistas del I,II,III Certamen «Poemas sin Rostro»


El Libro:

Internet se ha revelado como un medio de comunicación con un tremendo potencial de difusión de la literatura capaz de reunir, en torno a un proyecto, a personas con intereses literarios comunes repartidos por toda la geografía mundial que, de otro modo, no podrían compartir sus aficiones y sus inquietudes.
La Asociación Canal Literatura recoge desde Internet la creación literaria de muchos escritores anónimos que no encuentran otro vehiculo de expresión proponiéndoles retos, premios especiales y certámenes dónde todos ellos pueden competir, intercambiar sus textos y opiniones.

Este libro, condensa los mejores poemas, ganadores y finalistas de las tres ediciones del certamen “Poemas sin Rostro” y del Premio Especial Salzillo “el Arte y la palabra”, convocado para celebrar el III centenario dedicado a la figura del escultor murciano Francisco Salzillo.

Leyendo estos poemas, comprenderán que hay mucho talento a la espera de una oportunidad. Este libro, es el objeto tangible del esfuerzo que suma la Consejería de Cultura y Turismo de la Región de Murcia y la Asociación Canal Literatura para sacar a la luz el esfuerzo amoroso e inédito de estos poetas noveles que, junto al aval de los poemas de los escritores consagrados que formaron parte de los distintos jurados, inician el sendero de la palabra impresa para llegar a los lectores.

Los autores:

En algún lugar y momento toparon con nuestra web, decidieron enviar un poema a concurso y quedaron finalistas o ganaron alguno de los premios. Cuando iniciaron esa aventura, probablemente no sabían que algún día esos poemas estarían en todas las bibliotecas de la Región de Murcia ni que llegaría impreso a sus manos entre otros versos de poetas consagrados que juzgaron sus obras.(Entonces aún no se sabía si se podrían publicar).
Todos estos poetas anónimos que hilvanan versos en sus madrugadas, nos dejan en este libro no sólo sus poemas, sino el amor por la poesía más desnudo de intereses, el que se hace apasionadamente sin esperar nada más que ser leído.

Más información sobre este libro y sus autores.

Una estrella en Orión. Por Haddass

Una espera siempre que los Reyes Magos dejen alguna cosita en los zapatos. Las madres no solemos pedir mucho pero al menos, eso si, un “Pensiero” que dicen los italianos.
Cuando vi mis regalos el día seis, no podía imaginar que escondía ese paquetito rectangular tan grande que se apoyaba en el sillón. Y aún hoy no sé bien lo que significa, pero ellos en la nota decían que hay una estrella en el cielo que lleva mi nombre, en la constelación de Orión, exactamente en Orión RA 5h 55m 8s D-09º 43´ y que han elegido esa porque puedo verla desde la terraza de mi casa en el mar, cuando me acerco allí a descansar y reponer fuerzas. Y yo les creo.
No sé como se les ha ocurrido, pero me ha hecho mucha ilusión.
El mundo mágico de la noche estrellada siempre me sobrecoge, pero ahora sentiré que formo parte de ella de algún modo, que tengo allí mi rinconcito esperándome.
Y si alguna vez no me encontráis por aquí, os esperaré en mi estrella, justo a la izquierda de Kappa en la base de Orión.
Es cierto que no todo lo que se puede regalar está en los centros comerciales. Ahora seguiré mirando el cielo sabiendo que allí está también el Pensiero que me dedicaron la noche de Reyes del año de gracia del dos mil nueve.


Haddass

Nunca. Por Luis Bermer

171-NUNCA
Y nunca sabrás
aquello que sentí por ti.
Incomunicable

170-TROZOS
¿Quién recompondrá
estos trozos de carne
que aún palpitan?

169-SIN PAUSA
Y te lamentas,
mientras el tiempo se escurre
por la pendiente.

168-ALEGRE
Alegre ríes.
Lágrimas melancólicas
lloras por dentro.

167-TODO
Nada para ti.
Pero estar a tu lado fue
todo para mí.

166-ÚNICOS
Puedes creerlo:
nada de lo que sientas
es original.

165-MIENTRAS
Mientras el día
lentamente se muere,
yo te recuerdo.

164-ESCRITORES
En este lienzo
de soledades blancas
nos expresamos.

163-LOS SERES QUERIDOS
Se dobla el dolor,
con cada ser querido.
Por ellos. Por ti.

162-INFANCIA
Pervives, infancia,
en las arrugas del traje
de los adultos.

161-HERIDO
Árbol herido.
En silencio creces.
Desconocido.

Luis Bermer.com

Veo. Por Mamemara

Veo desde mi ventana como la montaña va desapareciendo. El verde intenso deja paso a los ocres y marrones de la tierra removida. Veo como se levantan polvaredas espesas al paso de los enormes camiones, a veces en la noche sus faros iluminan el cielo y dan a la oscuridad un aspecto sobrenatural que me recuerda una película de terror. Lo mismo me suele suceder con los espectaculares molinos de viento de los parques eólicos, que recorren nuestra piel de toro. Sí todos en línea, como a la defensiva, amenazantes, rompiendo el aire, esperando que nos acerquemos para dejarnos boquiabiertos. No puedo sino recordar el libro “La guerra de los mundos”, con sus cilindros brillantes, caídos sobre la tierra, con su marciano en el interior…
Veo desde mi ventana como la mina de exterior se va comiendo los bosques, la vegetación, el paisaje bello de mi infancia y me deja la sensación de hueco y vacío. Veo como los hombres, los mineros, van desapareciendo, dejando el puesto a la maquinaria que todo lo puede, por que lo que prima es la ganancia.
Los mineros de la mina de interior son ya piezas de museo, la experiencia dejó paso a la juventud desilusionada que se aferra a lo único que tenemos. La mina nos lo dio todo, pero también nos negó la capacidad de buscar otras salidas para nuestras vidas y ahora seguimos igual, avanzando sin avanzar, produciendo sin producir, ganando sin ganar un futuro. La mina que vio mi abuelo, la mina que vio mi padre, ya no es la misma mina, de las penurias pasamos al bienestar, pero perdimos la fuerza y la lucha, para bajar la cabeza y callar.
Callaremos y diremos resignados que esos son los efectos colaterales que conlleva el desarrollo, lo malo es que yo (espectadora de lujo, sentada en primera fila) pienso, no puedo evitarlo, que el desarrollo implica mucho más y aquí se quedo por el camino. El viejo camino hacia la mina ahora esta cubierto de nada, de olvido, el que iba hacia “La Casona”, hacia “El Mangueiro”, físicamente desaparecerá bajo escombreras al igual que los prados donde tanto trabajaba la gente del pueblo. Son todo imágenes del pasado, porque las imágenes de mi presente se reducen al tráfico incansable de camiones que siembran mis cristales de motas de carbón, que siembran las aceras, los bancos donde luego nos sentaremos para pensar y no decirlo en alto, que dejan su huella en la ropa que se seca la sol de cualquier tarde de verano. Carbón que va hacia la térmica, carbón que va hacia el puerto en busca del mar. Carbón que dará calor a mi casa este invierno encendiendo la caldera, mientras veo como la montaña es ya un recuerdo .Este pueblo desordenado, de gentes venidas de un sitio y otro.

Mamemara
Foro Nuevo

DEFINICIONES DE LA SOLEDAD. Por Francisco Garzón Céspedes


la soledad es un viaje sin límites a la sed
la soledad es un insobornable corsario de la memoria
la soledad es la contraseña para que aparezca el espejo
la soledad es un caracol que atraviesa por la garganta
la soledad es el blanco para el tiro ajeno
la soledad es un toque de queda
la soledad es imponerle gaviotas al silencio
la soledad es el naufragio de todos los puentes
la soledad es el límite de la recta
la soledad es una red de anzuelos en el viento

Francisco Garzón Céspedes
Gaviotas de Azogue nº 26
© REVISTA LA URRAKA -Cartagena de Indias (Colombia)