¡Mamá, quiero ser eurodiputao! Por Josep Esteve Rico Sogorb

En esta época de crisis y recesión económica brutales tenemos que apretarnos el cinturón TODOS. Y me refiero a todos: pobres y ricos, obreros y empresarios, artistas y políticos. No esta la economía mundial -y por supuesto, la española- para derroches, malgastos y despilfarros; sino para ahorrar lo que se pueda -si es que se puede, claro, porque no llegamos a fin de mes- aguantar con lo justo necesario y consumir inteligentemente sin excesos caprichosos innecesarios.
Estamos en ‘vacas flacas’ y huelgan las ostentaciones -a pesar de las recomendaciones de los expertos económicos, Gobiernos y Administraciones Públicas- que algunos poderosos siguen mostrando, dando un mal ejemplo a la ciudadanía. Sin ir más lejos, sorprende pero a la vez indigna el hecho de que, precisamente en crisis y cuando cabe gastar menos, congelar sueldazos e incluso reducir éstos, el Parlamento Europeo anuncie que a partir de julio y en virtud de no se qué nuevo estatuto o reforma reglamentaria que entrará en vigor en tal fecha, sus señorías los eurodiputados cobrarán un incremento de más de 4.000 euros unido a los miles similares que ya vienen cobrando, con lo cual resulta ser como doblarse el sueldo.

Me dirán algunos que dicho ‘plus’ está justificado por todo aquello de que en Estrasburgo trabajan mucho -será los portavoces, porque los demás van a apretar el botón y hacer bulto- que la EuroCámara se halla muy lejos y que por la enorme distancia el viaje sale caro, que se incluyen los nada baratos alojamiento, transporte y alimento, etcétera. Vale, vale, de acuerdo. Pero, tal incremento salarial europarlamentario es más propio y viable en bonanza y ‘vacas gordas’, cuando la economía es boyante, cuando no importa o no nos molesta tanto y no le concedemos mayor importancia, tan solo un simple comentario tipo ‘bah, cosas de políticos, que bien viven, pero mientras a mi no me falte trabajo y bienestar, que más da que se suban el sueldo’.

Así que, en crisis, lo negativo se vé más, mayor y grave. Los que menos poseemos, a sufrir apreturas y reducciones salariales pero la clase dirigente no se priva, todo lo contrario. Pues, muy mal, pues se agrandan el abismo y la desigualdad entre clases sociales: los ricos continúan igual de ricos o lo son todavía más, y los pobres -nosotros, los ‘parias del mundo’- aumentamos en número y somos más pobres.

El Parlamento Europeo debería imitar a gobiernos que aplicaron restricciones y anular el excesivo incremento salarial -bastaba con subir el sueldo mínimamente o congelarlo, que no es moco de pavo- apretándose también el cinturón. El propio Obama en su primer día como presidente congeló jornales a asesores y funcionarios de la CasaBlanca, y molesto porque los agentes de bolsa se han estado lucrando con elevadas primas y comisiones desde que se inició la crisis, ha impuesto normas económicas restrictivas.

Y es que a los insolidarios egoistas poderosos les importa un bledo la penuria de la mayoría y las medidas de los Gobiernos. Van a enriquecerse incluso en crisis, aunque sea ‘por lo bajini’, por qué no. Total, que menudo ejemplo el de la EuroCámara. No me extrañaría que a partir de ahora los niños, ante la pregunta sobre qué quieren ser de mayor, respondan: ‘¡Mamá, quiero ser eurodiputao!’

Josep Esteve Rico Sogorb

Reflexión. Por Espido Freire

Hola, amor:
Ya no somos niños, y nuestros juegos tienen poco de inocente. Ya no somos amantes nuevos, y día a día descubrimos la capacidad inmensa para hacernos mal, una habilidad que desconocíamos para hurgar en el hueco más doloroso del otro. Tú sabes escaparte con excusas, y cambias de tema, y olvidas enseguida lo que te parece desagradable. Ojalá tuviera yo esa virtud; pero me ha sido negada. Yo he sido siempre la responsable, la seria, la chica gris junto al chico maravilla, la mosca cojonera que arruinaba las gamberradas. Y ahora, cumplamos con nuestro papel, cada cual con el suyo.
El mío es cerrar los ojos y preguntarte cuándo fue la última vez que nos escapamos sin planes un fin de semana; la última en la que nos miramos antes de caer derrotados frente a la televisión, y las partidas con los amigos y la ventana pendiente de un arreglo porque chirría, y los informes que no acabaste a tiempo el viernes. ¿Cuándo fue la última vez que derrotamos al aburrimiento obligatorio del domingo?
Antes no era así. Antes te metías unos billetes en el bolsillo, y cogíamos el coche y no regresábamos en dos días, con los minutos contados para arrancarnos la mugre con una ducha y correr al trabajo. Antes te colabas en el cine y me esperabas dentro, y te reías de mí porque yo no juntaba el valor para seguirte sin entrada. Antes cocinábamos recetas de un libro que trajiste de Marruecos, y a veces podíamos comerlas, y otras acabábamos en la noche con una sopa de sobre y dos tostadas con queso.
Se te está escapando la alegría, amor mío, y yo no sé cómo evitarlo. Yo no puedo ser tú y yo al mismo tiempo, y siento que me quieres, y siento que nada pasa, y sin embargo, creo que si nada pasa, algo grave ocurre, y no entra en mis planes tolerar que la vida que comparto contigo, esta vida que tiene sentido únicamente porque tú la compartes conmigo, envejezca sin remedio.
Piensa que el tiempo pasa. Imagina que tenemos de pronto setenta, ochenta años. Piensa en que apenas podremos movernos, que pesarán las piernas, que la piel se habrá arrugado, que harán falta gafas para todo. La vida se hará de pronto muy complicada, como un embudo que nos tragara hacia el vacío. ¿Qué recuerdos tendremos entonces?
Yo te recordaré tomando champán a escondidas en el cumpleaños de mi hermano, te recordaré saltando de balcón en balcón el día que olvidaste las llaves, me recordaré durante aquel baile contigo con el vestido azul que te gustaba, nos recordaré rotos en llanto en el entierro de tu madre. Y quiero llenar el resto de años que nos quedan de recuerdos, quiero que creemos ahora la vida que luego será pasado, en lugar de que una laguna plácida y quieta se extienda de aquí allá. No es esto con lo que soñaba.
Y como ya no somos niños, como todas las capacidades, y la fuerza, y el valor, todo lo que poseemos, lo conocemos ya, ven, habla conmigo. Vamos a convertirnos en viejos.

©Espido Freire
Del libro: «Cartas de amor y desamor»

Espido Freire
Pincha en la imagen para escuchar el relato en la voz de la autora.

Más información del libro Cartas de amor y desamor.

Desnudo. Por Isidro R. Ayestarán

Ovillo corporal de miseria humana,
tendido en la lona del ring manchado de sangre,
sorteando los golpes sin guantes de la vida,
humillando la mirada en mi alcoba perdida.

Refugio mis recuerdos del rencor del silencio,
respiro mi aroma sediento de tus besos,
mi frágil cuerpo que te añora, mis brazos
que no abarcan más que un punto en el infinito.

Desnudo de tus palabras, de tu acto de amor
eterno, inspirador mil veces del aliento certero
en el caminar errante del poeta mudo,

del viejo trovador que canta en un solo a la luna
la estrofa del verso destruido, el poema del
abandono de lo que fuimos, de todo aquello que hemos sido.

Y tú… tan lejos todavía,
que esta memoria se olvida del nombre de tus ojos,
y si es que alguna vez tuvo poder tu mágica sonrisa.

Y yo… reconvertido en un ornato en aquella
página en blanco lista para mis letras,
si es que me dejas que te las escriba,

si es que me dejas vestir de nuevo
al poeta desnudo que vive en la eterna carencia,
en el recuerdo de un simple beso,
bajo el resplandor cegador de una caricia.

Y desnudo de ti…
Y desnudo de vida…
Y desnudo de alma…

… y desnudo de mis propios versos.


© Isidro R. Ayestarán, 2008
NOCTURNOS www.isidrorayestaran.blogspot.com

Mar de fondo. Por Luis Borrás Dolz


Supongo que muchos las habrán leído sin prestarles atención. Y, sin embargo, yo creo que resultan de gran importancia. Me refiero a las tres citas de la primera página.
Esas tres citas son el resumen de lo que nos vamos a encontrar dentro del libro: Literatura, avisos de derrota y comenzar de nuevo. Todo gira a su alrededor. Su presencia es constante, de una u otra forma, juntas o por separado, explícitas o sugeridas; las tres son el trasfondo, la conciencia y el argumento de estos relatos de Óscar.
El aviso es la advertencia. La derrota, la verdad. La literatura, la forma. Y la esperanza, un lugar donde volver a empezar.
Hay tres historias encerradas en ese círculo. Tres historias de un amor derrotado.
En una de ellas el aviso es una mirada de ojos nublados y un beso frío, colmado de aburrimiento. La derrota es entender que el amor se ha ido y tan sólo nos queda decir adiós.
En otra la verdad es la mentira, el autoengaño, la costumbre. Y la derrota es no verlo, ignorarlo, seguir viviendo en un jardín en el que las rosas se marchitan ahogadas de niebla.
Y en la última, el aviso es ya un recuerdo inservible, la derrota un hecho consumado y comenzar de nuevo es empezar de cero, resistir el invierno y acogerse al refugio de la infancia, cuando el mundo era un lugar sencillo.
Tres historias distintas y una sola forma de contarlo: agarrándose a la literatura como una tabla de salvación.
En estos “Avisos de derrota” hay, además, necesidad, descubrimiento y estilo. Implosión. Dolor. Mar de fondo. Cambio de rumbo. Melancolía.
Necesidad propia, necesidad por la palabra, porque vivir, para Óscar, no puede ser de otra manera más que desde la literatura. Y esa es nuestra gran suerte. Disfrutar del premio escrito de su puño y letra.
Hay descubrimiento ajeno, ilusión por entregarnos, compartir con nosotros la vida de otros: el homenaje a Nelson Marra y Chester Himes, y a todos los escritores presentes en las citas con las que comienza cada relato.
Y hay un estilo personal al que Óscar le es fiel. En un relato nos deja la puerta abierta a la inquietud de lo inexplicable y en otros nos descubre su pasión por el cine, un mundo que se ha convertido en guión de cortometraje, algo en lo que invertir todo su entusiasmo por desenterrar su misterio. Nos confirma su piedad por los débiles, los maltratados hijos bastardos, la locura del desamor, todo el dolor que acaba en una venganza ejecutada con la destreza y rapidez de un pistolero zurdo.
Su generosidad en una línea escondida en el texto para nombrar al amigo ilustrador que viaja con pasaporte falso e inventa artefactos para devolverle la vida a los muertos. Y una denuncia contra la vanidad absurda, la verdad que hay debajo de los hombres sin suerte, la literatura como empeño sin recompensa.
La literatura de Óscar golpea, deslumbra, inquieta. Nos avisa para que huyamos de las tumbas que llevan nuestro nombre. Para que luchemos contra la mentira, el engaño y los sentimientos artificiales y congelados. Para que la inevitable derrota nos lleve hasta la conciencia y la resistencia.
Y es, además, el primer libro que conozco dedicado a un perro, un galgo atigrado, friolero y alegre, que responde al nombre de Karpov.

Óscar Sipán. “Avisos de derrota”. Onagro Ediciones. Zaragoza, 2008. Ilustración y diseño de cubierta de Óscar Sanmartín.

Luis Borrás Dolz

COMO EN LA MILI, EL VALOR SE LE SUPONE. Por Julio Cob Tortajada

Una madeja de dudas – como su alto peinado a la moda de arriba España envuelto sobre sus orejas por el efecto de la laca, de ovalado aspecto y recia solemnidad- le hizo acudir al confesionario catedralicio, en lugar de a su colegio del Altozano, perteneciente a la Obra, al que había abandonado hacia ya unos cuantos meses. Llegados a sus dieciocho años, Marta era ya una mujer, que aunque decidida ante la vida un cierto recato anidaba su alma, por lo que su madeja de dudas, cual urdimbre endiablada, daba freno a unos impulsos avivados en su ardiente interior, en ocasiones convulsos por un arrebato de amor.

-Ave María Purísima.

-Sin pecado concebida, ¿pero dime, hija, cuál es tu pecado? -Le preguntó el confesor tras la celosía, cuyo rostro sentía a un escaso palmo, después de haberle llamado la atención y sorpresa al verla por primera vez en su presencia. Marta lucía una esbelta figura ensalzada por un floreado vestido ceñido a sus curvas, tan sugestivas como encantadoras, del que surgían sus brazos desnudos, bien torneados, cubiertos por un pañuelo sujeto a su peinado cuya azulada seda caía sobre su espalda.

-Más de uno padre, más de uno.

-Dímelos todos, hija mía, uno a uno, a ver…

-Envidio a mi mejor amiga, padre, pues lleva cada día un vestido diferente que me hace sentir inferior.

-No es culpa tuya mujer, la sociedad de consumo nos lleva a ello. ¿Y cuáles más?

-En ocasiones, cuando estoy en casa de mis amigas me llevo algunas de sus cosas.

-¡Ah, el materialismo que nos domina! Tienes que vencer esa inclinación hija mía, pero… y qué más pecados tienes?

-Como soy algo envidiosilla, en ocasiones tengo deseos perversos sobre ellas.

-Procura corregir esa debilidad. ¿Algunos más?

-Miento, miento en ocasiones a mis padres, cuando quieren saber cosas de mi vida.

-Bueno…las mentiras, a veces sólo son mentirijillas sin importancia. Pero… ¿Tienes novio, hija mía?

-Sí padre, por eso les miento, cuando les digo que voy a dormir casa de una amiga, cuando lo real, es que voy a su encuentro.

-¿Duermes con tu novio siendo tan joven? hija mía- le preguntó de forma inmediata el cura que acercándose aún más a la celosía, vio en la confesión de la joven el néctar del pecado.

-Sí padre, algunos fines de semana.

-¿Cuéntame hija, cuéntame esos detalles?- siguió preguntándole, mientras que balanceando sus glúteos sobre el banco acercaba su cuerpo con la intención de sentirla más cerca.

-Nos besamos, Padre.

-¿Y qué más? Por qué imagino que haréis algo más ¿no te atreverás a desnudar parte de tu cuerpo, verdad?- apuntaba el cura mientras se excitaba inconsciente en su recóndito aposento.

-Hum… sí padre.

-¿Te lo pide él o… te gusta mostrárselo?

-Me gusta a mí, padre. Aunque él también me lo pide.

-¿Te desnudas lentamente?- le preguntó rendido a una lujuria que se le ofrecía por un tobogán irreprimible.

-Sí padre.

-Por lo que me dices, pienso que eres más decidida que él. ¿Te gusta tocarle?

-Sí padre.

-¿Y qué parte de su cuerpo recibe el deseo de tus manos?

-Todas, todas sus partes.

-¿Consumáis el acto sexual?- el padre bajó la cabeza sustentándola en la palma de su mano, secándola al mismo tiempo de un sudor tibio ligeramente pegajoso.

-Sí padre.

-¿Cuántas veces?

-Él es muy viril, y en algunas ocasiones hasta lo hacemos varias veces.

-Hija mía, no recuerdo haberte visto nunca ante mí, pero espero que a partir de ahora vengas con mayor frecuencia a confesar tus pecados. Pero… ¡Tienes que hacer acto de enmienda, hija mía! ¡Acerca más tu rostro al enrejado, quiero ver tus ojos arrepentidos!

-Es que él me gusta tanto, padre.

-La carne es débil, hija mía, y para limpiar tus pecados, debes confesarte con más frecuencia. ¿Te arrepientes de ellos?

-Padre…

-Bueno, lo entiendo ¿Cuándo os visteis por última vez?

-Hace dos días.

El confesor, absorto en su desenfreno iba a inquirirles nuevos detalles, pero se contuvo. En su corazón, más que latidos, lo que sentía eran los golpes de la tamborrada de Calanda, lo que le obligó a tomárselo con cierta calma en busca de sosiego.

-A ver… bueno… ¿Tú le quieres?

-Ahí tengo mis dudas, por eso vengo a confesarme; aunque me gusta mucho, creo que no le quiero del todo…mas no estoy segura de ello; por eso acudo a Vd.

-¿Volverás a él?

-Sí padre.

-Piensa hija mía, piensa en lo que haces. Y ven con mayor frecuencia a consultarme tus dudas en busca del perdón de tus pecados ¡La carne es tan débil! Y reza, reza ahora mismo un Padrenuestro muy próximo a mis oídos que quiero percibir más de cerca tu aliento y deseos de perdón.

-Ego te absolvo pecatus…

(“Como en la mili, el valor se le supone” es un relato que ha participado en el 41º Proyecto Anthology. Tema: Castidad)

Julio Cob Tortajada

http://elblocdejota.blogspot.com
Valencia en Blanco y Negro- Blog

Memoria de un ahogado. De Juana Cortés Amunárriz

Párrafo de la novela:

«Debía de haber sentido rabia, pero sólo me embargaba una pena espantapájaros, hecha de ramas secas y adornada con un sombrero viejo. La congoja subida en mi pecho, como una criatura malcriada que no pensaba bajarse de allí de ninguna manera. La tristeza es un lastre que cautiva. Una amante pésima, a la que mantienes a pesar de no aguantarla. Y eso te impide buscar una nueva aventura. Es una mala compañía la puta tristeza. La rabia me hubiera ayudado a sacar fuera de mí ese algo negro, podrido, que no entendía, ni quería entender. Ilusiones muertas que se secan, que se convierten en fósiles que habitan en nuestro interior. Te diseccionan y encuentran un sueño convertido en caracol marino, hundido en un pulmón, y acabas en una urna en el museo de ciencias naturales.»

Memorias de un ahogado es una novela de iniciación, un viaje que comienza desde el fondo de las entrañas. Jota es alcohólico, un fracasado y un homosexual que no se ha reconocido como tal. Una terapia introspectiva, un arrastrar de pies y de tabúes y, poco a poco, y de la mano de Miguel, Jota se adentra en el terreno desconocido de la desnudez del alma y de los cuerpos. Miguel se convierte en la pieza clave de su vida; gracias a él Jota visita el mundo desde otro prima; conoce el sexo de las saunas, la libertad del individuo fuera de las pautas políticamente correctas, la ternua y las múltiples caras del ser complejo y sin complejos.
Miguel es también Sivia, una mujer despampanante que se lleva de calle a cualquier curioso. A partir de este momento la historia coge un ritmo zigzagueante, vertiginoso, tierno y desgarrado al a vez; una enseñanaza cuyo reto está en construirse uno mismo de acuerdo con sus principios, sus intuiciones. Construirse continuamente, adaptarse, crecer. Jota, sin darse cuenta, ha construido su propio mundo, su propia familia, y, consciente de que todo cambia, de que nada es estático, se siente, por primera vez, satisfecho.

MEMORIAS DE UN AHOGADO, mi primera novela, publicada por la editorial EL TERCER NOMBRE se presentará en Madrid en febrero

Juana Cortés Amunárriz

Más información sobre este libro y su autora.