La muñeca obstinada. Por NINA


Háblame: te digo que me hables”. Nada: continuaba impasible, intentando engañarme, y mi enfado creció de tal manera al no obtener respuesta, que comencé a zarandearla con saña, cada vez más rabiosa. La cólera apenas me dejaba respirar, y creció mucho más cuando el sonido de su tripa acabó pareciéndose a una insufrible y despectiva carcajada. Desquiciada, la sacudí con violencia hasta romperla. Sus brazos y sus piernas quedaron apenas suspendidos de unas tiras de goma parduscas y arrugadas, y yo me apresuré a esconderla debajo de la cama.

No recuerdo que nadie preguntara cómo se había roto, y nadie me riñó, pero, mucho después, comprendí que el hecho de atribuirle cualidades humanas, de reconocerle sentimientos, inteligencia, y voluntad; la certeza de que poseía el don del pensamiento, me convierte… sí… yo estaba entonces en el parvulario. Lo confieso: soy la asesina más joven de la Historia.

Nina

ELUANA ENGLARO. Por Julio Cob Tortajada

El padre de Eluana Englaro no es un asesino como pregonan algunas voces, huecas de piedad, con la única intención de hacer daño. Pues más dolor y más fuerte del que sufre quién ha tomado la firme decisión de dar punto y final a la vida de su hija, seguro que no la encontraremos en el páramo mísero habitado por quienes le acusan de tal delito.

Nada más lejos que manifestar mi favor o mi contra a la eutanasia llena de dudas mi mente, aunque sí mi convencimiento de que el valor más preciado del ser humano, el de la vida, es patrimonio de su dueño y sólo a él le pertenece el derecho de marcar su camino, independientemente de que éste le lleve a mejor o peor puerto, sea o no acertada su decisión, cuyo juicio a los demás no nos corresponde.

La utilización de los muertos, práctica tan seguida en los últimos años con el propósito de la renta electoral dividiendo a la opinión pública, práctica diestramente dirigida por un conglomerado mediático que actúa con el único fin de eliminar la capacidad de discernir diseñando las consignas en cada momento y según mejor convengan, cobra actualidad en las calles italianas en las que una línea clara y sin matiz alguno ha dividido a la opinión pública en dos bandos, como suele suceder hartas veces.

Se podrá o no estar de acuerdo en la decisión de un padre angustiado ante un problema cuya solución seguro no le ha gustado, pero tratarle de asesino viéndose empujado quien las hace por ondas interesadas que como tantas veces hemos visto juegan con la voluntad de los doctrinalmente entregados y deseosos de la soflama, sólo se corresponde con la miserable actitud, tanto de quienes incitan desde los medios al procaz insulto, como a los que en su mezquina actitud se prestan a tan deleznable juego.

Julio Cob Tortajada

http://elblocdejota.blogspot.com
Valencia en Blanco y Negro- Blog

Despertar… pequeños principes. Por Isidro R. Ayestarán

Despertad… queridos príncipes:

Ya sé que hace frío, y que el calor de los abrazos cesó la pasada primavera.

Y que hay color negro, y ventanas que se cierran. Y mucho silencio en vuestras vidas.

Pero creedme cuando os digo que existe un lugar donde el amor ya no es una quimera, y que jugaremos a ganar en esta loca aventura de la vida.

Sólo hace falta que le cantéis a vuestros corazones la vieja nana que entonabais de pequeños.

Mis pequeños príncipes…

DESPERTAD AL SUEÑO.


© Isidro R. Ayestarán, 2008
NOCTURNOS www.isidrorayestaran.blogspot.com

La cremación. Por Fátima Martínez Cortijo

Una anciana de unos setenta años está en el sofá de un cuarto decorado hace una treintena de años. Junto a ella hay una caja floreada, cerca una mesa y un aparador. La anciana usa gafas y se las quitará y se las pondrá durante toda la escena según la necesidad del personaje.

ANCIANA:

La anciana mira fotografías de la caja. Se para en ellas, sonríe. Con una de ellas se altera. Primero sorprendida, luego dolida, la tira a una papelera. También las dos siguientes. Sigue mirando fotos. Pero ya no sonríe. Se levanta a por las anteriores. Vuelve a mirarlas, las arruga con rabia y las tira de nuevo. Sigue pasando fotografías, pero cada vez mira a la papelera con más insistencia. Al rato saca lo que había tirado y las alisa con las manos sobre sus piernas. Suspira. Coge unas tijeras y recorta una mitad aproximada de cada una de las fotografías. Las mitades sobrantes las mete en un bol y les prende fuego. Las mira arder unos segundos. Se sienta a seguir viendo sus recuerdos. Al rato mira las cenizas. Inclina el bol sobre la papelera, pero duda. Al fin, algo lacrimosa, se decide por sacar un cofrecillo de algún mueble y vuelca despacio las cenizas en él. Se sienta a ver las fotografías que le quedan por mirar. Al cerrar la caja descubre los recortes que había separado. Hace intención de guardarlas, pero mira hacia las cenizas y tras unos instantes se decide a prenderlas también. Cuando han ardido las vuelca en el cofrecillo, junto a las otras. Hace sitio en la caja y mete en él lo que ahora es urna funeraria.

Fátima Martínez Cortijo (España, Madrid)
Premio Internacional de Microficción “Garzón Céspedes” 2008
Monoteatro sin Palabras.
Gaviotas de Azogue nº 80

En el camino. Por Soledad

Una anciana vestida de negro, con gorro de lana y guantes agujereados, mete una vara larga, con la punta en forma de gancho o de capuchón (no lo vi bien), entre los barrotes de una verja que cierra una especie de patio abandonado y lleno de matojos enredados. Es un descampado en forma de cuadrilátero, formado por las paredes laterales de dos bloques de pisos baratos.

La mujer se esfuerza en meter bien adentro el palo, alargando el brazo todo lo que puede: les da comida a los gatos que se amontonan allí dentro pero que, pese al hambre, no se acercan a la reja.

Bajo las medias oscuras de la señora se dibujan unas varices gordas como gusanos de seda, y los tobillos hinchados rebosan sobre el borde de las zapatillas de fieltro.

Son las 7.30 de la mañana, es aún de noche y hace un frío que pela. Yo sigo andando apresurada hacia mi trabajo.

Soledad

Basil Howe. De Gilbert Keith Chesterton

El autor

Gilbert Keith Chesterton (Londres, 1874-Beaconsfield, Buckinghamshire, 1936), fue
un prolífico escritor y periodista que cultivó todos los géneros literarios. Novelas como
El Napoleón de Notting Hill o El regreso de don Quijote, colecciones de cuentos como
El club de los negocios raros o la saga del padre Brown, ensayos como Ortodoxia, las
biografías de San Francisco, Santo Tomás y Dickens, o su autobiografía, lo sitúan como
uno de los escritores más influyentes y admirados del siglo XX. Conocido por sus
contemporáneos como «el príncipe de la paradoja», fue un hombre polémico y
controvertido que sostuvo opiniones en apariencia antitéticas y que no dejó –ni deja indiferente
a nadie en su defensa bien humorada del sentido común.

El libro.-

El misterioso joven Basil Howe aparece en la vida de las hermanas Grey. Las tres
hermanas pronto comenzarán a sentir afecto por el excéntrico personaje. Basil Howe,
que hasta ahora permanecía inédita en español, es la primera novela que escribió
Chesterton a la temprana edad de veinte años. El sentido de la buena educación, que el
autor descubre en «ciertas reglas racionales y tradiciones domésticas» más que en una
disciplina severa, la contraposición entre la racionalidad moderna, de naturaleza
pragmática, y las viejas formas de la religión y la caballerosidad, la defensa del
periodismo como una nueva y honrada profesión o las ventajas del amor templado por
la costumbre, son algunos de los temas de la novela. Chesterton propone, ya en esta
obra temprana, que sea el sentido común, y no los fuegos de artificio románticos como
la pasión, la exaltación, la nostalgia de edades antiguas, los valores marciales o el
cinismo, el auténtico motor de la vida.
«La obra de Chesterton es vastísima y no encierra una sola página que no ofrezca una
felicidad», Jorge Luis Borges.

Más info sobre el libro

Los lectores pueden descargarse gratuitamente un fragmento de la novela en la web de la editorial Olivo Azul.