35-Mauro. Por Landa

– ¡ Me encanta! – Le dije entusiasmada a Mauro.
Treinta años juntos y aún podía sorprenderme. Contemplé el regalo, un sello que llevaba años buscando para aumentar mi colección, y sonriendo a nuestros hijos, le di el mío, un reloj grabado que al lado del sello parecía demasiado convencional.
Era feliz con ellos. Durante muchos años, las fiestas familiares las integrábamos Mauro y yo. Era una triste realidad, pero era así.
Nos habíamos conocido en una cafetería donde él trabajaba de camarero. Hasta ahí todo normal. El problema empezó cuando le planteé a mi familia que yo, recién separada del hombre más incomprensivo del mundo, me había enamorado de un muchacho diez años más joven procedente de una familia de escasos recursos, vamos, que rozaba los límites de la pobreza. A mis treinta años era libre de decidir lo que quería hacer con mi vida, y por suerte no había tenido hijos en mi matrimonio, así que decidí intentarlo con Mauro.
Mi boda fue extraña, una amalgama de sentimientos encontrados. Por un lado era feliz por casarme con Mauro, pero por el otro, un pesar invadía mi corazón. Nadie de mi familia acudió a la boda. Ni padres, ni hermanos, ni siquiera mi tía, que era soltera e iba de moderna para la época.
La ceremonia fue sencilla y luego comimos con la prima de Mauro y su marido, los únicos asistentes al evento.
Fuimos excluidos de su mundo y de sus vidas. Decían que me había buscado la desgracia con ese marido y que me dejaría por otra más joven. Nadie vino a las comuniones de mis hijos, ni recibían los regalos de cumpleaños de sus abuelos y tíos.
Recuerdo cuando fuimos a una parrilla para celebrar el día de la madre. Nada más llegar vimos que había unas mesas reservadas y apenas llevábamos diez minutos en el local cuando vi llegar a toda mi familia para pasar ese día con mi madre. A nosotros nadie nos invitaba nunca.

Los años fueron pasando y Mauro y mis hijos me han ayudado a llenar ese vacío. Él no me ha dejado ha dejado y mis hijos saben que pueden contar con nosotros. Ellos llenan mis días sin esperar nada a cambio, son mi auténtica familia y no juzgan mis decisiones. Por eso comprenden que no quiero la quimio. No hay esperanzas y prefiero que me recuerden llena de vida.

Landa

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CABARETtour. Por Isidro R. Ayestarán

Montaje fotográfico que recoge las mejores instantáneas de la gira promoción de mi libro «EL CABARET DE LOS SUEÑOS NOCTURNOS», representado en la floristería Mil Rosas, en la librería La libre y en el Centro Cultural Dr. Madrazo de Santander, en un concepto distinto de recital de poesía, donde se combinaron los versos y la adaptación al teatro con la música y la danza, y donde se desgranaron los poemas más románticos y desoladores del libro junto con aquéllos que acentúan el lado comprometido con el ser humano, como los que hablan de las mujeres lapidadas, los homosexuales ejecutados en Irán, los niños que mueren víctimas de las guerras y lo inútil de cualquier conflicto bélico.
Tres espectáculos que cautivaron al numeroso público asistente, que se emocionó en los momentos más dramáticos y consiguió reír en los más irónicos.


© Isidro R. Ayestarán, 2009
El Cabaret de los Sueños

34-Un Martini blanco. Por Febrero

Hoy es un día cualquiera, sin fecha señalada en el calendario, sin un sol radiante que alegre la mañana o una fuerte tormenta que la estropee; por eso hoy no es un día diferente al resto de los días… He recordado aquella tarde, rodeados de amigos, tomábamos un Martini blanco y entre confesiones me dijiste que si alguien bebía del vaso de otra persona se podía saber lo que pensaba. Verdad o no, lo cierto es que bebí para intentar averiguar qué pensamientos rondaban por tu cabeza; y lo único que descubrí fue que te habían servido un Martini más frío que el mío o, quizá, que mis nerviosas manos asían con fuerza mi vaso y eso había aumentado la temperatura del líquido. Apenas una hora después, rozaba tu mano por primera vez, con disimulo, de manera furtiva, como un ladrón que hace su trabajo sin ser visto; mis dedos escurridizos se entrelazaban con los tuyos; fueron apenas diez segundos… El paso por el altar tardó en llegar, quizá por eso fue tan celebrado por ambos, y en la memoria de aquel día permanece tu radiante caminar hacia mí, para comprometernos el uno con el otro eternamente… El cielo nos concedió dos tesoros por hijas y la bendición de verlas crecer sanas y felices, junto a nosotros, en un día a día donde tú y yo pasamos a un segundo plano y nuestro amor, latente, quedó escondido bajo recibos de luz, gas, colegio y otras obligaciones… Las canas se fueron abriendo paso entre arrugas y prótesis dentales, nuestra aportación laboral a la sociedad se caducó y poco a poco volvimos a tener tiempo para mirarnos a los ojos. Hemos comprendido cuánto debe aprender, respetar y perdonar el uno del otro; y descubrir que los insultos y los gritos, totalmente innecesarios, dejan una cicatriz en el corazón que evitas volver a sufrir… Acabo de comprar el periódico, tú estás en el “fisio” intentando aliviar tu dolor de rodilla; las niñas, independientes, han elegido sus destinos en el mundo… Hoy es un día cualquiera, sin fecha en el calendario; sin embargo, se me está ocurriendo una idea: voy a invitarte a un Martini blanco.

Febrero

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33-La promesa. Por Amatista

Hoy es treinta de junio. Hace cuatro meses que mi madre murió en su propia cama; mientras, yo apretaba su mano entre las mías. Se consumió igual que una vela; su luz se apagó para siempre.
Ya nunca más pudo quejarse de mi padre. De sus devaneos con la bebida que lo llevaron a una prematura muerte, tras casi un cuarto de siglo de peleas y reconciliaciones. Aún así, mi madre, decía: «Me quiso a su manera».
Durante años, ella guardó en un cajón de su cómoda y bajo llave, una pequeña caja que contenía las cenizas de mi padre. Tan sólo hace unos meses que me enteré, y, antes de irse para siempre, me entregó esa llave a cambio de una promesa. Por eso he juntado las cenizas de los dos en una caja. He ido en mi coche hasta la pinada, y las he esparcido entre los árboles. Así hoy, aniversario de sus bodas de oro, están juntos, tal como fue el deseo de mi madre.

Amatista

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Emmanuel Bove. Por Brisne

Apenas conozco nada de este autor al que reeditan (por fin) Mis Amigos. Saltó desde las páginas de Passavento a mis ojos y me puese a buscarlo. No estaba por ningún sitio, era como si el NO se lo hubiese comido. Hoy le han dado luz, un email me avisa de su reedición. Confirmado. Soy una suertuda en esto de los libros, tarde o temprano reaparecen.

Me sorprende la oferta de Agapea. Compre a Bove+ Los hombres que no amaban a las mujeres. ¡Qué curioso mezclar un semidesconocido con el exito editorial del milenium!
Ojala eso sirva para vender mucho a Bove y poco a Larsson, pero mucho me temo que es al revés.

En fin, estoy contenta por haber encontrado ese libro. Le tenía ganas. También a Bove, es tan anónimo que ni siquiera tiene entrada en el wikipedia.
Brisne

Blog de la autora

32-Como siempre. Por Papini

Después de todo la cosa no ha ido mal. Tantos años casados y seguimos peleándonos como el primer día. Pero después no reímos, porque ni siquiera nos hemos alzado la voz, y nadie que nos viera desde fuera, podría decir que se trata de una discusión.
Tú leías novelitas que decían que el amor duraba tres años y yo, ese mismo día, te tapaba la boca y las dudas haciendo el amor tres veces seguidas. Tú me hablabas de que el enamoramiento se acababa convirtiendo en cariño, y yo te retaba a que me midieras las pulsaciones cada vez que entrabas a casa. Tú me decías que te casaste muy joven y que no te había dado tiempo a probar nada, y yo te dejé que te fueras un mes a vivir tu vida como te diera la gana.

COMO SIEMPRE.
Hoy, después de tantos años, después de tanto aprender y de tanto querer, de tantas cesiones y tantos triunfos, lo que más me gusta en el mundo, lo que más me gusta hacer, es lo mismo que hacíamos aquellos domingos de novios, hace treinta años, cuando nos cogíamos de la mano, paseábamos, y sentíamos que la vida era maravillosa. Igual que hoy, que la vida me gusta más que nunca porque cogerte de la mano es como ir acompañado por una parte de mí mismo.

Papini

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Muchas gracias. Por Marcelo Galliano


Amigos:

Con los años uno empieza a perder la noción de las cosas hechas. Luego, el azar –la palabra me entusiasma, pero no quiero entrar en elucubraciones metafísicas- nos enfrenta a un cajón con fotos revueltas o papeles viejos, cuyas ajadas presencias nos devuelven algo de las borradas huellas del pasado, causando una impresión semejante al acto de acercar la boca a un frasco de perfume ya vacío.

Una sensación similar tuve el martes, en la Legislatura Porteña, ante el reconocimiento que se hizo a mi trayectoria en el campo de la música y de la literatura, evento éste que incluyó la presentación de mi libro de cuentos Tiempos de soledad.

Poco me resta por decir –ya tuve oportunidad de explayarme-; solamente quisiera utilizar este medio para agradecer. Sí, agradecer a tantas personas que me han demostrado su afecto, su admiración; a mis padres y a mis maestros, por los cuales soy quien soy; a los amigos que tantas veces, sin necesidad de estruendosas aprobaciones, han estado a mi lado; al periodismo, por su apoyo incondicional; a las autoridades de la Legislatura de Buenos Aires, que tuvieron la exagerada idea de incluirme en la semana de reconocimientos en la que se homenajeó, entre otros, al gran Roberto Benigni; a Ediciones Baobab, por apostar a mi libro Tiempos de soledad, y al público que ha agotado su primera edición. Por último: a la persona a la que le he dedicado ese libro, con quien, involuntariamente, compartimos el cruel destino de la soledad, y que me ha hecho sentir lo más cercano a eso que los teólogos y los poetas han llamado amor: sentimiento o milagro que a muy pocos seres en el mundo les es dado.

Marcelo Galliano
Foto: Marcelo Galliano, Ricardo Louzao y el diputado Guillermo Smith