39-Aurora. Por Aurora

Querido Daniel:

Me hace muy feliz saber que has encontrado una chica a la que unir tu vida. Seguro que es una persona inteligente, educada y con un atractivo especial; conozco bien tus gustos.
Con respecto a lo que me preguntas en tu carta, te diré que no existe ningún secreto para eso, al menos yo no lo conozco. Sí te puedo asegurar que para construir un futuro juntos, más que deseo lo que se necesita es voluntad. Voluntad y esmero. Cualquier semilla que aspira a convertirse en árbol precisa cuidado, espacio en el que desarrollarse y cierta dosis de ingenio contra las plagas -que las habrá-, manteniendo intactas las raíces.

Cuando tu abuelo y yo nos conocimos, hace más de cincuenta años, ni siquiera sabíamos montar en bicicleta, así que mucho menos conducir una relación de pareja. Lo que sí tuvimos claro desde el principio fue que nos gustaba compartir cartucho de palomitas en el cine, despedir a los barcos desde el muelle y atravesar los arroyos cogidos de la mano.
Con el tiempo, la senda se volvió cuesta arriba. Incluso, en algunos tramos, nos perdimos de vista. Fueron esos avatares los que más afianzaron nuestra relación de pareja, porque comprendimos que sólo cuando estás a punto de perder algo es cuando valoras lo que significa en tu vida. Y luchamos para seguir compartiendo bolsa de palomitas en el cine, aunque fuera rodeados de infantes llorones y desinquietos; si lo piensas bien, no hay nada en el mundo que nos proporcione mayor satisfacción que encontrar a alguien con quien compartir unas palomitas en el cine.

Ahora, tengo que dejarte. Nos vamos a dar una vuelta y el abuelo espera en el comedor; ya sabes que tiene un genio de trueno. Claro que sólo tengo que tirarle del pañuelo del bolsillo para que luzca guapo y pellizcarle la babilla para que se derrita en mis manos. Ya ves, todo consiste en eso: hacer la vista gorda a los gruñidos y acariciar barbillas.

Espero verte pronto por aquí.
Recibe bendiciones de esta vieja que pretende dar clases de jardinería a un futuro experto en botánica.
Besos.
Aurora.

Aurora

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la rumba que llegó del frio. Por Antonio Capel Riera

El libro.-

La rumba que llegó del frío cuenta que en las costas de España residen más de 70.000 ciudadanos suecos. Una delegación compuesta por cinco profesoras de la Universidad de Estocolmo, llega al levante español en un sofisticado yate a realizar un estudio preventivo de sus diversas patologías. Para ello utilizan un potente ordenador conectado con el Ministerio de Salud de Suecia. Conocen a un médico español soñador y divertido que las introduce al sarao veraniego, éste utiliza el software del Gobierno sueco para acertar los números de la Lotería Primitiva. Una entretenida aventura sensual y picaresca cuyo desenlace es inesperado.

38- El olvido. Por Amatista

—¡Estoy muy enfadada!
—¿Por qué mamá?
—¡No encuentro mi ropa! Esas mujeres que entraron aquí se la llevaron.
—¡Mamá, por favor, siéntate! Yo te busco la ropa.
—Las vi hurgando en los armarios y cajones de toda la casa. ¡No es la primera vez!
—¡Venga, mamá, quítate el batín! Yo te ayudo a vestirte. Muy bien.
—¡Esta ropa no es mía! Esas mujeres se han llevado mis vestidos. Y así no pienso salir a la calle.
—Ahora a desayunar…
—¿Qué es ese ruido? ¡Ya están aquí otra vez!
—No, no… mamá, soy yo que remuevo la leche.
—¿Para qué remueves la leche?
—Son las ocho y cuarto. ¡Se va a hacer tarde!
—¿Tarde?
—Desayuna, por favor.
—¿Quién es ese hombre?
—El hombre de la foto es mi padre.
—¿Tu padre?
—Sí, tu marido.
—No me acuerdo de él.
—Ya lo sé, mamá. Te quería mucho, ¿sabes?
—¿Dónde está?
— Pues… Madre, termina el desayuno, el autobús pasará enseguida.
—¿Dónde está?
—Se fue.
—¿Adónde?
—Más allá de las estrellas, quizá.
—¿Cuándo volverá?
—Algún día… Dame tu brazo y bajaremos juntas en el ascensor.
—Afortunadamente, todavía no ha pasado el autobús.
—¿Qué?
—Mira, ahí está… Sube. A la tarde, vendré a recogerte… Un beso.

Amatista

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37-Cogidos del brazo. Por Amatista

Aún los recuerdo cogidos del brazo caminando por la Calle Mayor. Ella, con los zapatos de tacón y el vestido de falda fruncida y ceñida a su pequeña cintura. Él, con su impecable traje de chaqueta y una corbata de seda anudada al cuello de su camisa. Mi padre tenía más edad que mi madre, quizá, por eso murió antes; aunque sí llegaron a celebrar sus Bodas de Plata. Casi veinte años después la vida de mi madre fue devorada por una enfermedad. Hoy, sigo caminando por la misma calle que fue testigo del profundo amor que hubo entre ellos. De sus miradas de complicidad, de sus caricias, y de sus sueños. Y cuando me cruzo con algún anciano o anciana, mis padres regresan a mi memoria, paseando, todavía, cogidos del brazo.

Amatista

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36-DIAS DE AMOR Y FUEGO.Por VENECIA KERR

Un viento fuerte soplaba al otro lado de la tapia del cementerio. Raúl cerro los ojos,sabía que no le quedaba mucho tiempo de vida, a sus treinta años recién cumplidos, no había hecho otra cosa más que trabajar , casi desde que era un niño, ahora esperaba lleno de rabia e impotencia, además de un miedo interno, visceral, a que un pelotón le pegase un par de tiros y le dejase allí tirado para siempre. Raúl intento pensar en su mujer, en Inés, quería morirse al menos con un buen recuerdo, y ¿qué mejor que llevar la imagen de su amada hasta el final?. Pero no podía concentrarse, los compañeros que estaban a
su lado gritaban, hombres como castillos de grandes lloriqueaban y el resto simplemente ya se habían mentalizado a morir, simplemente esperaban mirando al vacío. Todo estaba ya preparado, solo quedaba esperar la fatídica orden de un momento a otro, de repente aquel
silencio de ultratumba del exterior del camposanto, quedó roto súbitamente, una mujer le gritaba al Cabo que iba a dirigir el fusilamiento, agitaba una prenda en la mano. Inés le llevaba a Raúl un jersey, era su ultima voluntad, morir con aquel jersey. Raúl se lo vistió y a continuación las ráfagas de ametralladora rompieron el sepulcral silencio de una noche triste y terriblemente oscura. Un viento fuerte soplaba al otro lado de la tapia del cementerio. Minutos más tarde, Inés Blanco Díaz, reposaba para siempre junto a Raúl Mesa González, mis abuelos. Ambos vivieron juntos sesenta años. Ella, mi abuela Inés que era toda una belleza para la época,- año 1936, guerra civil en España,- salvó la vida al abuelo. A él le condenaron a morir fusilado simplemente por tener la casa “llena de libros”, sencillamente por esa cuestión, y ella se ligó al Guardia Civil de turno, y le dijo que si salvaba a su marido se iría con el. Dicho y hecho, el soldado que le tenía que disparar sabía que tenía que “simular” un disparo certero que nunca se llegó a ejecutar y Raúl cayó al suelo al escuchar los disparos debido al miedo acumulado.

Hace unos cuantos días murió mi abuelo Raúl, mientras dormía. Una semana más tarde, Inés, su mujer, se iba también de este mundo. Habían estado juntos casi toda la vida y el fuego sin su amor, se apagó.

VENECIA KERR

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Revista SUSURRO de la sierra. Por Isabel Alí

“El lenguaje nos construye. Tener acceso a obras cuyos autores han intentado transcribir lo más profundo de la experiencia humana, desempolvando la lengua, no es un lujo: es un derecho, un derecho cultural, como lo es el acceso al saber. Porque quizás no hay peor sufrimiento que estar privado de palabras para darle sentido a lo que vivimos”
Petit, Michele: “Lecturas del espacio íntimo al espacio público”

Porque creemos que acceder a la lectura es un derecho inalienable y queremos fortalecer el trabajo que a diario hacen nuestros docentes. Porque consideramos que este acceso no debe estar restringido por ningún motivo y deseamos que todos nuestros niños estén en igualdad de oportunidades. Decidimos dar un paso, entrar a las escuelas para poner en manos de los niños esta revista hecha con absoluto amor y dedicación. Con la ambiciosa esperanza de ser útiles y de que susurro se convierta en una fuente de gozo que nos convoque cada mes para que crezcamos y nos divirtamos juntos.

Isabel Alí
www.susurrodelasierra.com.ar