Amores. Por Vivian Watson


DESESPERACIÓN

 Cuando terminó de deshojar la margarita, continuó con los dedos de su mano derecha.

 MISTERIO 

En la penumbra, la mujer contempló la respiración pausada de su amante, perdido en quién sabe qué orillas del sueño. Quiso seguirlo. Se hundió en él y pasó al otro lado: un paisaje de estrellas y galaxias y al fondo su silueta, lejana, inalcanzable.

 GERMEN 

Él la mira pasar y ella sabe que él la mira, y se demora, duda, finge ver las vitrinas, se acomoda el bolso, y luego gira, decidida, y empuja la puerta y entra al café y se acerca a la barra y él la mira, la mira, y ella sabe.

 Vivian Watson

Colección “Gaviotas de azogue” /3

Muertos de miedo. Por Brujapiruja


No hay vacuna posible contra la inyección masiva de miedo en el ser humano. Todos los medios de comunicación, todos a una, están procurándonos una dosis diaria que puede llegar a ser letal, porque, según cuenta mi querido Eduardo Punset, el ser humano es el único capaz de generar peligros en su mente sin que existan en realidad.

No digo que la Gripe A no existe, no, tampoco que no tenga algún riesgo, pero no mas que la de una gripe normal de las que pasamos cada año, incluso varias veces.
Curiosamente el personal sanitario en su mayoría no quiere vacunarse, yo tampoco lo haría, en los hospitales se brea a diario con bichos mucho más peligrosos que se fortalecen, mutan y atacan sin salir del centro hospitalario. De hecho, el mayor peligro de ingreso en un hospital son las infecciones posteriores que terminan por complicar cualquier patología.

La vida corre peligro en cada paso y alguien debería decir, aunque no guste, que el ciclo vital de un ser humano es igual al de cualquier ser vivo, es decir: nacer, crecer, reproducirse y morir. Y, aunque no guste, este ciclo nos iguala a una ameba o a un paramecio que no usan tecnología punta y se apañan con un buen charco.

Prevención, sin duda. Miedo el necesario. Sería triste terminar perfectamente vacunados y muertos de miedo colectivo.
La primera vacuna que hay que ponerse es la que nos prevenga contra el miedo directo en vena que nos inyectan cada día.

Brujapiruja

Los hombres que no amaban a las mujeres. Por Brisne


Hace días acabé el primero de la saga Larsson. ¿Qué me ha llevado a leer un bestseller? No sé, tal vez el hecho de que todo el mundo hable de la saga Milenium y que aquél que no lo ha leído es un bicho raro. O las ganas de poder comentarlo con el resto de lectores. He de reconocer que es muy entretenido, uno de esos libros que te engancha y apenas te suelta, pero que aporta poco al mundo literario. No sé si me entienden, es estupendo para la piscina o la playa pero apenas puede sacarse algo para para glosarlo en el diario o en cualquier blog. Es un buen bestseller, la trama está muy bien construida y quieres leer más, y sabes que has de leer más porque si lo dejas, jamás lo retomarás. No sé si me explico. Vamos que es un libro perfecto para el verano. Ahora me leo el segundo. Bueno, lo retomaré tras el parón de S. Roque.

El fenómeno bestseller me recuerda un poco a esos folletines que por entregas avidamente se leían a principio del siglo pasado. Con la misma ansiedad esperamos leerlo y comentarlo, ¿verdad?. Aunque a decir verdad el personaje de Salander me fascina. Es la antiheroína perfecta. Merece la pena leerlo aunque solo sea para descubrirla a ella.

Brisne

Blog de la autora

A voz en grito. Por El Diletante

La caída fue brutal. Trastabillé en nieve podrida y, sin saber cómo, me desplomé hasta una pequeña repisa cuarenta metros más abajo. El fuertísimo golpe me aturdió, aunque pronto pude tomar conciencia de la situación: la pierna y la muñeca izquierdas estaban rotas. Pretendí levantarme; un dolor agudísimo me lo impidió. Grité algo a mi compañero de escalada. Probé a girar con suavidad el cuerpo y tampoco pude. A la altura y en la situación en que me encontraba, el rescate sería muy difícil, la opción lógica consistía en bajar. ¿Pero el rescate por quiénes? Subimos al estilo alpino y existían pocos montañeros en el mundo capaces de repetir la pequeña hazaña, deberían fijar cuerda para bajarme. Llegó mi compañero y me abrazó con delicadeza y ternura, casi como una madre; él, un hombre fuerte y duro como un peñasco.
—Lo siento, la pierna y la muñeca están rotas —le dije, como no dando importancia a la cosa.
—Bueno, podía haber sido peor. Déjame ver las heridas para curarlas o al menos limpiarlas con suero y Betadine. Un antibiótico no te vendrá nada mal y así evitaremos que se infecten.
Busqué en el botiquín y encontré una caja de antibióticos.
—Hemos de bajar y para ello es preciso que te levantes —continuó.
Ambos sabíamos que estábamos por encima de los seis mil metros y que a esa altura ningún helicóptero osaría socorrernos. Debíamos descender.
Al ponerme en pie me desmayé.
Cuando abrí los ojos, la luz hirió con violencia mi retina. Estaba en una pequeña repisa, orientada al sur, cubierta de nieve inmaculada. El día era bueno, y un sol esplendido bruñía el mundo.
—Baja tú y organiza el rescate, no hay más alternativas. Sé que tardarás siete, diez días en volver. Te aseguro que seré buen chico y no me moveré de aquí. Permaneceré tranquilo esperándote.
—Sí, no hay otra opción. No trajimos el vivac. Te dejaré mi saco de dormir, comida y una carga de gas. Volveré lo antes posible, el pronóstico meteorológico es bueno, sé que eres fuerte y aguantarás.
—Antes de irte te ruego construyas una especie de semiiglú que me proteja del frío, y desde el que me sea fácil obtener agua calentando nieve.
En poco más de media hora excavó un confortable semiataúd, donde quedé instalado. Cuando desapareció de mi vista, no pude evitar un nudo en la garganta.
Lo primero, lo esencial, es controlar el pánico, no puedo permitirme entrar en pánico porque entre otras cosas no serviría de nada. ¿Miedo a morir aquí solo, tirado como un perro? Es algo que ya debería tener asumido, y en cualquier caso nunca he conocido a nadie que muriera acompañado. Siempre se muere solo. Ante mí el inconmensurable regalo de la belleza de estas montañas imposibles cubiertas de nieve impoluta, lo que más he amado en mi vida. Será el tributo a pagar a los dioses por la enorme felicidad de haber vivido siempre buscando los límites del ser humano. Pese a todo, yo debo ser el dueño de la situación, aunque pudiera ocurrir que en algún momento deje de serlo. De los cinco sentidos mi favorito ha sido la vista, de la que dicen siempre trabaja al encontrarse ante un mundo adverso. Para mí el mundo nunca fue hostil; duro y bello sí, pero nunca encontré en él a un enemigo. ¿Cómo me organizo? ¡Qué susto van a dar a mis padres en el pueblo, con lo viejos que ya están! Ahora debo organizarme, ya habrá tiempo de apenarme por mi mala suerte y recordar a la familia y a los amigos.
Lo primero es el dolor, si no me muevo prácticamente no existe; mas, amigo mío, si no me muevo estoy perdido porque a esta altura la sangre se garrapiña, se densifica, y el resultado es un edema. De forma y manera, como dicen algunos cursis de salón, que no sería malo si muevo todo lo posible la cabeza, y el brazo y la pierna buenas. Luego está el frío, soportar inmóvil los diez, tal vez quince, grados bajo cero. Dormir, mimir, mimir, estoy oyendo a mi abuela; es tal el agotamiento de mi cuerpo que unas horitas de sueño serán una bendición.
He dormido como una marmota, loado sea el altísimo, porque aquí de lo que se trata es de dar tiempo al tiempo, y hacer tiempo, y acortar el tiempo de espera. ¿De espera?
¿Creo en el fondo de mis entrañas que pueden venir a buscarme? Verdad que no, porque si asumo lo incuestionable todo será más fácil. No, no vendrán a buscarme a tiempo, porque lo que no puede ser, no puede ser, y además es imposible. ¿Como diablos van a organizar un equipo de rescate? Descartado el helicóptero, nos queda la opción clásica. Para conseguir el éxito con esta posibilidad se necesitan tres factores: hombres, (un jefe absoluto del rescate, un coordinador, escaladores aclimatados a la altura, y porteadores), materiales suficientes (hombres y materiales juntos en un campamento base, digamos a unos cinco o cinco mil doscientos metros de altura) y climatología favorable. Y todo ello en una lucha titánica contra el reloj y la burocracia paquistaní. Además, para poder bajarme necesitaran al menos colocar cuerda fija en más de mil metros de pared, y disponer de poleas o algún artilugio que lo haga posible. Y no nos olvidemos del tiempo. Lleva mucho haciendo bueno; pero un mal día cambiará, entrará el marrón, que decimos los alpinistas, y estas montañas se cerrarán al hombre hasta dentro de un año. No podrá ser.
Sufro por mi compañero y los camaradas de mi club alpino que removerán cielos y tierra para el rescate; y organizarán, me juego el cuello (claro que en mi situación actual no vale gran cosa), un pandemónium del mismísimo carajo. Saturarán las centrales telefónicas de media España y parte del extranjero, colapsarán los correos electrónicos de medio mundo y parte de Celtiberia; irán, vendrán, subirán, bajarán, lo probarán todo, y todo será como un globo que después de hinchado explotará como una pequeña pompa de jabón. ¡Qué buena gente mis amigos, qué nobles, qué quijotes! ¡Qué suerte compartir con ellos estos años!
Aunque ya no por mucho tiempo, padezco congelaciones en los dedos, la fortuna ha sido benévola al conservar hábil mi mano derecha; me permite muchas cosas, entre otras poder escribir estas notas que clarifican mi pensamiento, lo descarga y lo entretiene. Dentro de cien años alguien encontrará estos papeles apretados contra mi corazón y les hará ver la luz.
Creo que la fiebre ya ha hecho acto de presencia, la herida estará infectada gracias a las defecaciones que no puedo expulsar del saco de dormir, el olor se me hace insoportable. De vez en cuando soporto alucinaciones, y sin embargo los ojos siguen llenos de una belleza grandiosa. Ahora mal pienso cuando pienso, me asaltan sueños tortuosos cuando duermo, hambre cuando como, sed cuando bebo y una gran e inconmensurable indiferencia.
La próxima vez fracasaré mejor, pero nadie podrá impedirme seguir tentando al límite, intentándolo.
La mano de nieve ya no arrancará notas, sólo mi melodía. Voy a morir aquí, embalsamado en jugos, mis jugos, cerca de las estrellas, tus estrellas.

El Diletante

http://desvaneros.blogspot.com/

Dejame salir. De Varios Autores


El libro
«La emoción más antigua y más intensa de la humanidad es el miedo, y el más antiguo y más intenso de los miedos es el miedo a lo desconocido». Así define uno de los magos del terror, H.P. Lovecraft, al miedo. Un miedo que vive en el folklore popular de todas las culturas, y en el subconsciente más profundo de cada persona. Desde el Romanticismo de finales del s. XVIII y principios del XIX, el cuento de terror ha estado presente, y de forma muy aplaudida, en el panorama literario.
Los relatos de Edgar Allan Poe o del mencionado Howard Phillips Lovecraft han desvelado las noches más oscuras de millones de lectores a lo largo de los años, y aún lo siguen haciendo, ahora con la ayuda de genios como Clive Barker, Anne Rice o Stephen King, que han dotado al género de las novedades propias de nuestro mundo actual, pero sin dejar de mirar a esos pioneros que nos sobrecogieron, hurgando en nuestros miedos interiores, en nuestras pesadillas, y en nuestra mente.
“Déjame salir” pretende ser un homenaje al terror, a esos cuentos que no podíamos dejar de leer, pero con la luz encendida;a esos fanzines ochenteros de horror; a esas películas que veías medio tapado con las sábanas, a la espera de un susto que llegaba cuando menos lo esperabas.
23 relatos que no te dejarán escapar. Déjate atrapar por los cuentos finalistas del I Certamen de Relatos de Terror de la Editorial Círculo Rojo. Te sorprenderás. Con Prólogo de Teo Rodríguez (Diarios del Miedo).

Los autores

– La bruja Lusa de Darío Vilas Cosuelo (Vigo, Pontevedra).
– Bienvenida, hermana de Laura López Alfranca (Madrid).
– La huella de Ángela Medina Parra (Madrid).
– La ilusión de Baltasar Menéndez de Santiago Girón Fernández (El Ejido, Almería).
– Cachorros de Iván Mourin Rodríguez (Calafell, Tarragona).
– Amarillo fosforito de Aránzazu Sanz Seligrat (Madrid).
– La taberna oscura de José Ángel Muriel González (Sevilla).
– Mediterráneo indirecto de Antonio Guerrero Ruíz (El Ejido, Almería).
– La ciudad de Catalina Isis Millán Scheiding (Valencia).
– El espíritu de la guerra de José Nicolás González Criado (El Ejido, Almería).
– Dolor, reflejo de Julián Muñoz Carrasco (Galdácano, Vizcaya).
– Gnomos, pimientos y cebolla de Ana Cordón Trujillo (Madrid).
– El día de los muertos de Francisco Escaño Sánchez (Olivella, Barcelona).
– Luna nueva (homenaje) de Yolanda Galve Campos (Castellón de la Plana).
– Juego perverso de Antonio Blázquez Madrid (Madrid).
– La cosecha del padre Damián de José Manuel Frías (Málaga).
– Pesadilla de Jesús Muñoz Fernández (Almería).
– La cinta métrica que perdió diez metros de Juan F. Jordán Montés (Murcia).
– La huida de Matías Ramón González Díaz (Sevilla).
– El descampado de David Yagüe Cayero (Madrid).
– Habla el comandante de Salvador Perán Mesa (Churriana, Málaga).
– No como los demás de Vanessa Hernáez Amez (Gijón, Asturias).
– Maniquíes de Gustavo Prieto García (Madrid).

Compra por Internet: info@editorialcirculorojo.com

 

 

Timos editoriales. Por Francisco Vélez Nieto

Aunque han transcurrido unos años (el caso fue en septiembre de 2002), la Justicia ha cumplido. Me refiero a lo que esta nota de prensa que adjunto detalla. Casos como este han sucedido y se vienen sucediendo por determinadas fraudulentas editoriales, que manchan la imagen de aquellas otras cumplidoras con sus compromisos de edición. Y lo triste es que se continúan produciendo estos lamentables robos con aquellos autores y autoras ingenuos, que por la ilusión de ver publicada su obra caen en la trampa de un falso “Dorado” bordado de “triunfos” manejados por maleantes.

 El único “triunfo” es el bolsillo de los editores sin escrúpulos que con dicho comportamiento no solamente roban, sino que dañan el espíritu y la ilusión de quienes sueñan y desean, justamente, ver publicada su obra creativa.

 Como medida de defensa, lo más acertado es consultar a los profesionales honestos antes de firmar nada ni hacer entrega de dineros.

.Se ruega divulgar esta nota de prensa en páginas web, blogs y amistades. Donde sea honestamente posible. 

Un saludo 

Francisco Vélez Nieto (1)

 

Escritor y crítico literario

 (1) En esas fechas presidente de la Asociación Colegial de Escritores de España en Andalucía.

ANTONIA ÁLVAREZ ÁLVAREZ, POETA. Por Francisco Caro


Debo confesar que conocía el nombre de Toñi Álvarez, como a ella le gusta ser llamada, antes de conocerla personalmente. Lo conocí cuando obtuvo el premio de poesía “Pastora Marcela” en 2006 con El color de las horas. Solamente el nombre y su condición de asturiana. Tuve luego noticias de otros logros hasta la ocasión de tratarnos en persona cuando visité Gijón, allá por el mes de marzo, con motivo del premio “Ateneo Jovellanos”. Toñi, miembro del jurado, se mostró encantada con mi obra, Calygrafías, y por sus palabras sospecho que fue defensora de la misma en las discusiones propias de cada jurado. A partir de entonces estamos en contacto, y afortunadamente he podido disfrutar de dos de sus últimas obras: La raíz de la luz y A pesar de las sombras, premios Flor de Jara y Víctor Jara. Libros que comulgan en el mundo poético que los anima y que difieren en la formalidad de la propuesta.

De Toñi Álvarez es posible encontrar poemas e información en la red. Los poemas pertenecen a épocas ligeramente pretéritas porque la vocación pública de su poesía es reciente, acompaña al siglo que nos vive. Dice que es de nación leonesa y de vivir gijonés, que se siente plenamente asturiana sin renunciar a unos orígenes que se traslucen en sus escritos, que se dedica a la enseñanza de los adolescentes en instituto, y que tardó en dar a los demás sus poemas. Situaciones todas concurrentes en muchos poetas actuales, entre los que me incluyo. Tiene, además de los citados, publicado el poemario El otoño, que obtuvo el premio de Andujar.

A pesar de las sombras, editado en Salamanca por Amarú en su colección Mar Adentro, es un libro deudor de Virgilio, a quien la autora cita, por la exquisitez del ritmo, por la ligazón de las emociones en el marco de la naturaleza. Escrito en alejandrinos, tan rotundos como serenos, los versos van desgranando las emociones que la realidad de la vida y el impasible tiempo usan como herramientas para ir modelándonos a su antojo y conveniencia, la imposibilidad del hombre para resistir su ataque y la necesidad de la conformidad, de la aceptación del mundo, de su escenario para ir adivinando y disfrutando los momentos de placer y sosiego que se nos conceden. En todo, hay también algo de hálito horaciano, la naturaleza se ofrece como espejo, como maestra y territorio: Era el dolor un tronco de hondísimas raíces…

Es sorprendente el dominio del ritmo, la sostenida cadencia, la reposada música que invade el discurso de su verso, las elegantes pausas con que demora el final del poema. Por todo ello Antonia Álvarez Álvarez, es poeta, para mí, de obligada lectura.

En La raíz de la luz, libro anterior en edición, pero sospecho que posterior en construcción – son cosas que pasan-, Toñi se entrega a la libertad de un verso plenamente musicalizado. Aquí el arma lírica es la ternura; con ella debe enfrentarse al reto de la vida. Este hueso / sostiene una montaña de ceniza / capaz de deshacerse al menor roce…

En la primera parte la luz recorre, fluye por el cuerpo, y desde allí alumbra: venas, tacto, piel y aromas, los ojos y los gestos, el corazón y el rostro. Así del vino: luz de la vid al labio destinada / en contumaz incendio de dulzura. Y es la primera persona el sujeto lírico, un sujeto que no se impone, que no avasalla, un sujeto receptor de la luz de las cosas a través de los sentidos, que la acepta, que la integra, que la devuelve.

En la segunda parte es la palabra la que sale en busca de la luz para poder contarla, hay en ella toques de la herencia grecolatina, pero sobre todo es en ella en la que encuentro más resonancias del mejor Claudio Rodríguez. Díganlo mejor estos versos: Alcancías de luz. ¿Cómo los ojos / han aprendido a festejar el llanto? / ¿en qué lugar del mundo amanecieron? Será en la tercera parte en donde la poeta dé cuenta del éxtasis de la luz, de la plenitud de su gozo, de la serenidad de su alcance, de saberse viva con ella en la naturaleza, de la posibilidad de fundirse como el máximo anhelo. La mirada se detiene sobre la tierra, sobre el mar, con el viento.

La cuarta y última parte, la titulada Cáliz de luz, advierte que tras la plenitud del rayo que iluminó la dicha, se adivina, plena, la advertencia del fin, que nada hay sino aviso de la fugacidad y que fue preciso detenerse en el instante de la belleza; que nada más hay, pero que el gozo puede prolongarse en el recuerdo, y que contar, escribir es el único oficio del recuerdo, del poeta.

Sirva este poema, Apenas luz.

Se le murió la luz entre las manos
igual que un corazón recién nacido.
Y apenas era luz, pálpito abierto
al alba misteriosa del instante.
Apenas era flor, apenas era
nada; inmensidad, mirada
que abarcaba sorpresas junto al frío
tan pálido. La piel
–apenas era piel- trasluz del alma,
cerró contra la tierra su ternura.

Se le murió la luz al niño herido.
Pobre niño sin luz. Cáliz de sombra.

Francisco Caro

http://mientraslaluz.blogspot.com/