Rayos y truenos. Por Brujapiruja

Frente al mar, en una noche cerrada, mientras el vendaval hace inclinarse las palmeras y la lluvia arrecia contra las ventanas, uno comprende lo pequeñito que es ante la naturaleza abierta y desplegada.
Un espectáculo impresionante de luz y diferentes sonidos que se mezclan para advertirnos que ella, y sólo la naturaleza, ostenta el verdadero poder entre tanto ruido de nueces que prodigan los altavoces mediáticos.

Brujapiruja

Nueva imagen. Por Haddass

Aunque no sea el definitivo, hemos instalado nuevo diseño que se adapta a las últimas actualizaciones y que nos permiten, sobre todo, compartir y enlazar con otros blog y muchos amigos.
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Trataremos de seguir mejorando.
Gracias a todos por participar y estar ahí, tras la pantalla.

Un abrazo
Haddass

Combates. De Ednodio Quintero

El libro

Combates (1995-2000) es el primer volumen de los cuentos completos de Ednodio Quintero. Ceremonias (1974-1994) recogerá próximamente el resto de su producción cuentística. Combates reúne sus relatos de madurez, los que lo confirmaron internacionalmente como indiscutible maestro del género. En ellos, Quintero prescinde de las referencias al uso de lo cotidiano y de lo accesorio para enfrentarnos a unas pocas experiencias esenciales que parecen nacer de la alucinación y el delirio: la caída, la huida, el regreso, las metamorfosis, el cuestionamiento de la propia identidad, las pérdidas, el erotismo destructor, la obsesión analítica por verlo y observarlo todo y, por encima de cualquier otra consideración: la obstinación por resistir las duras exigencias de estar en este planeta azul y hostil, expresada en su vocación por el combate. El combate desigual de un ser habituado a la derrota, pero que jamás claudica, el combate del que pareciera estar purgando un delito del cual no es consciente, acaso el delito de haber nacido, y que, sin embargo, nunca renuncia a buscar una salida y un sentido a la existencia.

El autor

Ednodio Quintero nació en 1947 en Las Mesitas (Trujillo), en los Andes venezolanos. Desde 1965 reside en Mérida (Venezuela), ciudad a la que llegó para estudiar Ingeniería Forestal y en cuya universidad ha sido, durante muchos años, profesor de Letras y Medios Audiovisuales. Su obra narrativa ha sido reconocida con los más importantes premios literarios que se conceden en su país. Es autor de los volúmenes de cuentos: La muerte viaje a caballo (1974), Volveré con mis perros (1975), El agresor cotidiano (1978), La línea de la vida (1988), Cabeza de cabra y otros relatos (1993), El combate (1995) y El corazón ajeno (2000). Ha publicado las novelas: La danza del jaguar (1991), La bailarina de Kachgar (1991), El rey de las ratas (1994), El cielo de Ixtab (1995), Lección de física (2000), Mariana y los comanches (Candaya, 2004) y Confesiones de un perro muerto (2006). También ha escrito dos libros de ensayo: De narrativa y narradores (1996) y Visiones de un narrador (1997); y dos guiones cinematográficos: Rosa de los vientos (1975) y Cubagua (1987).


Editorial Candaya

Zapato de cuento. De Espido Freire

Sacha London se ha inspirado en el cuento erótico «Viuda» de Espido Freire, ganador del Premio periodístico Luis García Berlanga del Museo del Calzado de Elda 2009, que tiene como protagonista este zapato y ha creado un diseño elegante, exquisito y sofisticado que ha inspirado esta colaboración entre moda y literatura.

Sacha London y Espido Freire realizan una apuesta por la cultura y la tendencia y presentan un formato innovador: en la compra del zapato ESPIDO, el cliente adquirirá un packaging especial, con un cd en el que se encuentra el relato en audio, relatado por la misma escritora.

FIESTA PRESENTACIÓN
Día: 24 de septiembre
Hora: 21:00h
Lugar: LAVINIA. C/ Ortega y Gasset, 16
28006 Madrid

Ancha es Castilla. Por Brujapiruja

Si tuviera hijas menores, estaría muy, pero que muy enfadada. La nueva ley del aborto no me parece nada progresista, sino bastante retrógrada y machista, sobre todo en lo que respecta a las menores. Las mayores de edad, ya lo dice la palabra, son responsables de sí mismas a todos los efectos.

Si tuviera hijas menores, no quiero imaginarme siquiera como me sentiría el día en que me enterara de que ha abortado sin decirme nada. No quiero pensar lo que sería verla llorar por las noches en silencio, demacrada y triste, ni barruntar si sabe, o no, quién era el padre; si fue un chico al que apreciaba o fue en un aseo de la “disco” dónde se enzarzaron sin cruzar palabra en medio de una buena melopea.

Si tuviera hijas menores, seguro les habría contado un montón de buenas historias de madres solteras, de embarazos no deseados, de abortos desde que el mundo es mundo, de cómo en urgencias he visto a mujeres cruzarse de piernas para no dejar asomar a ese ser que vino a nacer sin previo aviso. Les hubiera contando como en todos esos casos, estaban las madres, los padres, los abuelos, incluso alguna amiga, pero nunca él, nunca el otro responsable.

Se enzarzan dos, pero sólo ella responde por sus actos. Sí, sí… es señora de su cuerpo, dueña de su feto, libre de decidir abortar o no, de pedir ayuda, de contarlo o de sufrirlo sola y ama y señora, sin lugar a dudas, de asumir las consecuencias sea cual sea la decisión de su señorío. Nadie dice que esa libertad es a costa de toda la familia (así también legislo yo) que, quiera o no, se encuentra en medio de la consecuencia de una decisión ajena.

Me resisto a creer que, cumplidos los cincuenta, mi vida estuviera a expensas de la decisión de una quinceañera y que la ley me obligue a estructurar toda mi vida en función de lo que ella quiera hacer, porque, si decide tener el niño, ya sabemos a quien le toca brear con el nieto. Al ser menor, hay que mantenerla y obligarla a estudiar, ni se la puede emancipar y, desde ahora, ni siquiera opinar. Por lo visto a nuestra generación nunca nos llega la hora de ser libres para hacer lo que nos venga en gana.

Si tuviera hijas, le diría a estos memos que se llaman “progres” que con esta ley todo sigue como siempre, o peor, porque los que son realmente dueños de su cuerpo sin consecuencia alguna son los que siempre desaparecen oportunamente sin cicatriz ni remordimiento alguno: ellos.

Si alguien que pierde los puntos de su carné de conducir, tiene que hacer un cursillo para recuperarlo, ¿qué habría que hacer con estos jovencitos en plena explosión de hormonas, con esa potencial arma biológica dejando sus genes en cualquier lugar sin ningún control, educación ni consecuencia?

Por suerte, no tengo hijas menores, así que, en realidad, debería importarme un bledo esta ley porque no me afecta en absoluto.
La única pega es que soy mujer y hay ciertas cosas que me indignan profundamente.

Ancha es Castilla, hoy más que nunca, para ellos.

Brujapiruja.

LA OPORTUNIDAD. Por María José Moreno

Hoy domingo el día amaneció bastante fresco. Desde ayer rondaba por nuestro cielo a la altura de la sierra una tormenta que iba y venía, como es típico de Córdoba, sin que hasta el momento haya descargado el agua que tanto esperamos. La temperatura descendió unos pocos grados, suficientes para ayudarnos a superar este temible mes de septiembre en el que además de la vuelta al trabajo, al cole, a la crisis…etc, el calor no nos deja respirar.
Me levanto temprano y aprovecho este fresco día para continuar con la segunda parte de la Caricia de Tánatos que el trabajo diario me obligó a dejar a un lado.
Tras un intenso chute de café, me coloco delante del ordenador y al conectarme a internet descubro en Facebook (FB) el mensaje de una amiga. Leo el comunicado y sin esperarlo una sensación de hormigueo recorre el interior de mi cuerpo. Mis manos sudan y un intenso calor me sube por la espalda. El gusanillo de mi adicción a las galletas me impide abandonar el FB. Las galletas de la fortuna reclaman su dosis y yo, cual «yonqui», me dejo arrastrar sin voluntad. La última galleta me anunció una sorpresa y desde entonces no había abierto ninguna por miedo a que no fuera buena su premonición, pero hoy no puedo resistirme. El síndrome de abstinencia se apodera de mí y los síntomas físicos y psíquicos aparecen dominando mi frágil voluntad.
Impaciente, asustada y sin controlar mi adicción a este “juego” virtual acciono mediante mi ratón el enlace correspondiente y en menos de un segundo aparece: La oportunidad que esperas puede llegar en cualquier momento, presta atención.
¡Dios! Es aún mejor que la anterior. ¡Qué afortunada soy! Mi corazón se tranquiliza y mi pupila vuelve a su estado original.
La oportunidad que espero está detrás de la esquina. Me acecha para darse a conocer en cuestión de segundos, pero… debo prestar atención.
Atención, ¿a qué? ¿Dónde y cómo se manifestará? Y lo más interesante: ¿De qué oportunidad me habla?

María José Moreno
Blog de la autora