miagustinatuagustinasuagustina. Por Yolanda Sáez de Tejada

A Gustavo Duch, por luchar con su palabra y
revolverme las entrañas.


Ella es la raiz
cuadrada de
nueve:
tres.

Ella,
también,
es la raiz asfixiada
de sus hijos y
de su marido,
de la mujer que
cuida cada día y
de la madre
que dejó
en Guatemala.
(También se dejó
un segmento herido
del corazón.
Tan necesario ahora…)

Ella es
el enigma con
solución perfecta
para este
pais.

Sí,
para ti,
para ellos,
para mí…

Son las cinco
de la mañana
y Agustina
se levanta
para forjar
(con sus
besos)
la comida
para la familia
que alumbró.

A las nueve,
(con sus abrazos)
le lava el culo
a la señora que
cuida.
—La pobre loca se
quita sola el
pañal y lo pone todo
perdido—.

Aún tiene tiempo,
cuando vuelve a
las siete de la tarde,
de fregar
(con su adorable
cansancio)
la casa y de
preparar
la cena.

Pero eso sí,
a las 12
(de los sábados)
envía un sobre
a Guatemala,
para la madre
que la parió.
(Y que la echa de
tanto de menos:
que buena eres
mi Agustina…,

retórnate
ya.)

Ella es la raíz
cuadrada de
nueve:
­—ya sé que me
repito, joder—
tres
(en
una).

Yolanda Sáez de Tejada
yolandaquegrita


Blog de la autora

Viuda. Por Espido Freire

Desde hace mucho tiempo siento que me importan cada vez menos los libros. No me refiero, obviamente, a mis libros como lectora: me moriría como una planta sin agua sin la lectura de los clásicos, de los nuevos, de los que anuncian maneras originales de afrontar historias. Sin embargo, como autora me preocupa cada vez más que la palabra y las tramas se transmitan de otra manera.

Quien siente la literatura, y sabe que no sólo hablamos de páginas impresas, sino también de símbolos, de la herencia de otras mil historias antiguas, sabe que el libro no es sino un formato. Mi última obra, por ejemplo, ha sido un zapato basado en un cuento corto, con una bolsa en la que se imprimía el relato, por el que apostó la firma Sacha London. La ocurrencia que se originaba en mi Viuda se plasmaba de pronto en algo útil y bello, en la realidad de un tacón y una bolsa de fieltro, y en la voz que contaba lo escrito en un CD. Care Santos, otra autora valiente, ha publicado su primera novela con banda sonora. Los intentos de otros escritores por publicar no se limitan a un único formato.

Antes de la obligación de la lectura y la escritura, (uno de los grandes avances occidentales ha sido esa alfabetización) lo audiovisual, las historias narradas, las parábolas pegadas a la tierra servían para lo mismo que las grandes novelas hoy en día. No estoy segura de que se encontraran tan desencaminados. Por si acaso, hoy por hoy, sigo viendo narraciones en otros lugares, fuera de cárceles de papel y tinta.

Espido Freire

Fuente:ADN.es

La herencia de Eszter. Por Brisne

Quizá no lo sepas todavía, pero ahora te vas a enterar de que aparte de las leyes morales hay otras, igual de poderosas, igual de válidas. ¿Cómo decirte?… ¿Lo sospechas ya? La gente corriente no es consciente de ello. Pero tú tienes que enterarte de que a las personas no solamente las atan las palabras, los juramentos y las promesas; y que ni siquiera son los sentimientos y las simpatías los que rigen las relaciones humanas. Hay algo diferente, una ley más severa, más dura, que determina si dos personas están ligadas o no… Esa ley fue la que estableció que yo tuviera que ver contigo. Yo conocía esa ley. La conocía incluso hace veinte años. Cuando te conocí, lo supe enseguida. No tiene ningún sentido que me haga el modesto. Es una ley dura. Atiéndeme. La ley de la vida dicta que acabemos lo que un día empezamos.

La ley de la vida de esta mujer desgraciada por el mismo hombre dos veces me lleva a plantearme muchas cosas. Primero que cuando uno lee éste relato, supongo, anda odiando al gachó que le hace eso a la pobre mujer. Engañada en su adolescencia y engañada en su madurez. En un momento, al final de la obra insinua que ese sacrificio solo lo entienden las mujeres. Y ¿quieren que les cuente una cosa? Yo no lo entiendo. ¿Ustedes sacrificarían la casa que es lo único que tienen por que hay que acabar lo que se empezó? ¿O por unos sobrinos que apenas conoce y que solo vuelven para reclamarle dinero?. No, yo no lo sacrificaría. Semejante sacrificio me resulta extraño, teatral, estúpido también. Es literatura.
Quizá es que el tiempo de Marai no sea mi tiempo, o mejor que el tiempo de Eszter no sea el mio, pero me temo que mi reacción ante tan «canallería» sería diferente. Nadie merece sacrificar el bienestar de un anciano. Ni siquiera un amor de juventud. Hay que acabar de otro modo lo que se empieza. ¿O no?. Leanlo, son unas poquitas páginas y cuenténme.

Brisne

Blog de la autora

EL DIOS ZEUS . Por Julio Cob Tortajada

Como siempre, cuando pasa el tórrido verano, y ya en los días septembrinos la naturaleza se ensaña con la Comunidad Valenciana. Es cuando se presenta en forma de gota fría y deja caer su manto no para protegernos de los invernales días que se acercan, sino para que alarmados por su crueldad, clamemos al cielo para que se aleje y se olvide de nosotros.

Y es que el dios Zeus, allá en las alturas, con sus ojos cegados entre tanto lagrimeo y haciendo oídos sordos, ignora que a nuestro milenario Tribunal de las Aguas le han juzgado en Abu Dhabi. La UNESCO lo ha declarado como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. O sea, desde el lugar en donde más saben del oro negro que mana del fondo de la tierra, nos dan tal distinción al ser quienes mejor tratamos las aguas que discurren a ras del suelo. Quizá sea ésta la razón por la que llueva a mares dejando sus aguas en buenas manos, pero causando en su inconsciencia, tal vez con argucia, dolor, destrozos y desolación.

Así pues, en toda la Comunidad, como en la ciudad de Valencia, el temporal golpea con fuerzas y en el hemiciclo de la Cortes Valencianas caen truenos y rayos acompañados de sapos y culebras que por el rechazo de su hedor, afloran de las pestilentes cloacas de la oposición parlamentaria. Como dice el Presidente Camps, en tono jocoso, más parece que tales exabruptos nazcan porque sus portadores vengan de otros planetas, de Júpiter, de Mercurio o de la más cercana Luna, y quizá, lo más probable, conspirando con el dios Zeus en su templo del Interior, olvidando cómo estaba nuestra Comunidad cuando ellos mismos gobernaban; aquellos años en los que grandes eventos se ofrecían generosos en Sevilla o Barcelona, sus feudos queridos, mientras que Valencia seguía perenne en el baúl del olvido del turismo internacional.

Y ahí es dónde más les duele. Es el gran reconocimiento universal alcanzado gracias al Gobierno Popular en nuestra Comunidad Valenciana -marco político cuyo nombre ignora Marga Sanz, la nueva coordinadora de Izquierda Unida tras desafortunado debut parlamentario, pero, por otra parte, de mayor valoración moral que la de su actual vecina de bancada Mónica Oltra, quien por su carencia de toda ética está llamada a desaparecer del hemiciclo valenciano- el dolor que tanto les exaspera, no estando por ello a gusto en su ya acostumbrada situación, por más que sepan que de la anchura que van a disfrutar en sus mullidos bancos tras las siguientes elecciones será mucho más amplia.

Julio  Cob Tortajada


Colaborador de esta Web en la sección «Mi Bloc de notas»
http://elblocdejota.blogspot.com
Valencia en Blanco y Negro- Blog

Las personas ´chupaluz´. Por Mercedes Martín Alfaya

Dicen que hay gente chupaluz; gente que te roba la energía…; que te apaga, vamos.

Hoy, tuve un día gris; me refiero a que las nubes se adueñaron del cielo y faltó claridad. También el gris nos ayuda a expresar estados de ánimo: “Tengo un día gris”; o a definir a alguien que consideramos frío, indeciso, ausente…: “Es una persona gris”.
A raíz de estas disertaciones con las que me entretengo en los días grises, me ha surgido el tema de lo que califico como personas-chupaluz; que no las llamo “personas-nubes” ni «personas-grises», porque sí que brillan algunas veces; cuando nos roban la energía, claro.

Por lo general, la mayoría de personas que consideramos «grises» se maneja bien en su “oscuridad” y no necesitan apropiarse de la luz de nadie. En cambio, tenemos otro tipo de gente (chupaenergías) que sólo brillan apagando a otros. ¿Conoces a alguien así? Yo sí; afortunadamente, en cuanto los reconozco me los quito de encima.

Recuerdo a una de estas “lámparas sin aceite”, porque me dejaba seca cada vez que nos veíamos. Odiaba, por ejemplo, que me colocara bien el cuello de la camisa o las cuentas del collar mientras le hablaba; que me corrigiera la forma de sentarme o de tomar el café; que nunca me diera la razón y, sobre todo, no podía soportar que utilizara conmigo sentencias de palabras cerradas que mermaban mi autoestima: “Tú siempre andas perdida», «Nunca aprenderás” “No hay quién te entienda”…
Esta gente, resulta especialmente habilidosa a la hora de apagar a alguien. Suelen recalcarte, por ejemplo, todo lo que haces mal (eso sí, con la mejor de sus sonrisas). También cuestionan todo lo que dices, tu forma de vestir, de pensar, de actuar…; como si fueras zurda de las dos manos. Eso las coloca en una posición elevada respecto a ti (se crecen) y, sin tú saberlo, se te van subiendo encima hasta que te apagan; de manera que la luz que poseías, ahora, por defecto, es suya.

La energía también se pierde por otros motivos: por ejemplo, cuando no consigues desprenderte de un asunto que te afecta; cuando te comes el coco por algo que no merece la pena; cuando te exiges demasiado o cuando piensas que le quitas algo a tu familia por disfrutar de lo que te gusta.
Las personas normales perdemos energía casi a diario, aunque solemos recuperarla enseguida, porque la energía está ahí, a nuestra disposición. Se obtiene energía escuchando música, contemplando una puesta de sol, paseando entre los árboles, meditando, cultivando flores, leyendo, disfrutando de una velada con los amigos, un bañito de espuma… (y todos los gerundios que te hagan sentir bien). Y tú me dirás ahora, ¿por qué, entonces, esta gente viene a robar la energía de los demás? Muy fácil… También se obtiene dinero trabajando y algunos prefieren robarlo. Además, estos seres chupaluz no son capaces de disfrutar de ese abanico de posibilidades entre las que fluye energía sana y gratuita al alcance de todos. Ellos sólo «lucen» cuando apagan a otros; son como las farolas y el sol: hasta que la luz natural no se retira, la superficialidad de las farolas ni se ve .

Es por eso, que estas personas van por el mundo a oscuras, clavija en mano, a ver dónde enganchan su mísero artilugio para que brille un poco.
¿Conoces personas de luz? Ésas, ésas son las fuentes naturales a las que debes arrimarte, porque al fusionarte con ellas, su luz y la tuya se duplican.

Huy, me enrollo como las alfombras en verano…

Mercedes Martín Alfaya
Blog de la autora.

 

loslunes. Por Yolanda Sáenz de Tejada

Hoy es lunes.

De niña,
nunca me gustaron los lunes.

De joven,
tampoco.

De adulta,
los lunes me restregaban su amenidad en las entrañas.
Me gritaban
—con esa cadencia de calendario
recién parido—
hola, jodida currante,
ya estoy aquí…

De mayor (bueno, cuando era abuelilla), comenzaron a gustarme los lunes…

Cuando aparecían por la mañana, yo los esperaba en pelotas y los estrangulaba para disolverlos con el anticoagulante que me chutaba.

Y mezclaba las dos cosas juntas (el lunes y el sintrón) con el café prohibido que me tomaba para desayunar.

Cuando fallecí, lo hice en lunes.

Y lo mejor,
ahora, que soy bruja,
me encantan los lunes… 

Yolanda Sáez de Tejada

Blog de la autora

Mi Gran Momento De Éxito. Por Enrique Arias Vega

La culpa fue mía por haber llegado con el tiempo justo.

Un tipo agitado y neurótico me cogió del brazo en cuanto me vio llegar. “Hay una larga cola de gente esperando para que les firme libros”, me dijo, mientras me llevaba en volandas a una mesa repleta de ejemplares.

No tuve tiempo de ver más, obnubilado por la prisa y por el halago a mi vanidad. Jamás había imaginado que mi obra sobre la aceleración de protones iba a tener semejante éxito.

Me puse a firmar libros como loco. Una mujer mayor vino incluso con varios volúmenes: “Éste, para mi prima Conchi. El otro, para Amparo”.

Yo estaba feliz. Hasta febril. Escribía las dedicatorias donde me decían, sin mirarlas, con mi picuda letra de médico y mi firma ilegible.

De pronto, un tipo de la cola se puso a observarme fijamente, ladeando la cabeza con suspicacia. “Se le parece muchísimo —comentó en alta voz—, pero este señor no es él. Este individuo ha suplantado a Arguiñano”.

Entonces todo sucedió a un tiempo. Al fondo, sonriendo, apareció el famosísimo cocinero. Dos casetas más allá vi un cartel con la convocatoria de mi libro en un stand completamente vacío. Giré el libro que tenía en mis manos y su título acabó de completar el cuadro: “La cocina de Arguiñano explicada a los neófitos”.

Aquél acababa de ser mi efímero momento de éxito. Lástima que el éxito, en realidad, no había sido mío.


Enrique Arias Vega

Este cuento quedó finalista en el «Certamen Nacional de Relatos Ultra Cortos» (2006) y fue publicado primero en la obra colectiva «Nubes de papel» (Ex Libris. Santander, 2006) y posteriormente en el libro de cuentos «Nada es lo que parece» (ENRIQUE ARIAS VEGA.- Ediciones Beta III Milenio.- Bilbao.- 2008.- 211 páginas.- 12 €), que ha sido seleccionado para el premio Setenil al mejor libro de relatos publicado en España durante el año 2008.