La ciudad de los payasos. Por Bernarda Enriquez

En medio de un pasillo frio, perfumado con formol y cloro.

bajo las viejas lámparas deslumbrantes que destellaban desprecio,

se escucho un grito angustioso, detrás

de una jadeante respiración resignada,

nacía el tercer hijo de una mujer sola,

con sus diminutas alas casi inexistentes que en el momento preciso,

no le salvarían la vida y su carita de anciano inocente,

que en el futuro no llegaría a tener,

se retorcía entre las seguras manos del medico,

su palpitante corazón se traslucía detrás de la delgadísima piel de durazno, cálida y sensible. sintiendo ella una gran desolación al verse sometida al yugo del villano miedo, abrumada por pensamientos pesimistas,

dejaba que las fuerzas de su cuerpo la abandonaran por completo,

su mente terminaba cayendo lentamente en el obscuro y profundo poso de la indiferencia, su hijo luchando por asimilar el asombro que todo a su alrededor le causaba, tratando de controlar el enfoque de sus pequeñitos ojos desorbitados, al llevarlo con su madre el pequeño disfrutaba del abrazo cálido que el olor de ella inconscientemente le brindaba,

el reconocimiento era mutuo en aquel sofocante espacio del nosocomio;

pero el tiempo no se detiene, en un parpadeo ese inocente niño, ya corría descalzo, salpicando sus roídos y descoloridos pantalones con el agua pestilente de los charcos estancados

de las calles,

mientras la madre hacia el doble turno como costurera en una empresa extranjera,

los hermanos mayores ganaban unos centavos aprendiendo los vicios de las calles y vendiendo mazapanes en el transporte publico,

su padre un reconocido Don Juan de la colonia, y desconocido

en sus múltiples familias abandonadas, no aportaba ni una sonrisa

para alimentar los días de este desdichado brinca charcos,

los días tatuaban su paso en su cuerpecillo enclenque, que luego mas tarde tomaría firmeza para realizar su trabajo,

el día menos pensado tuvo que compartir carrera, con otro niño de su edad,

perseguidos por un iracundo y esquelético adicto, que amenazaba con matarlos,

y despellejarlos con esa navaja mugrienta,

desde ahí se hicieron grandes amigos,

su amigo con ojos pizpiretos y audaces, resaltados por las pecas

de mugre de sus rosadas mejillas, no paraba de brincar,

siendo bajito y flexible, cabía por cualquier prohibido agujero,

y hacia infinidad de malabares con las cosas que alcanzaba a robar

de cualquier vivienda sola,

así vivieron su precaria niñez, entre charcos, malabares, carreras y una

hambre crónica.

desprevenidamente les llego la adolescencia y con ella infinidad de necesidades,

pero para esto ya tenían un oficio definido, que día a día mejoraban,

la atormentada adolescencia le dio paso a la insensata juventud,

estando en sus veintes este par tan singular, ejecutaban su oficio con genialidad y destreza, siendo estos payasos callejeros cubrían las tristezas de sus rostros con gruesas capas de pintura blanca,

y dibujando una enorme sonrisa con colores llamativos, desdibujaban las penas que a sus almas torturaban, frente a decenas de coches indiferentes y contaminantes, siempre en la misma esquina.

Se escucha el incesante tintinear de los metales oxidados,

de una vieja y destartalada bicicleta en la que llegaban los dos desde temprano

para empezar la función.

por unas cuantas monedas presentaban un espectáculo único, las naranjas flotaban en el aire, como pelotas sabias y diestras de un elegante circo, aderezando con

las botellas de refresco forradas con cinta adhesiva negra como mazas,

en segundos armaban y desarmaban el espectáculo mientras el rojo del semáforo los dirigía,

sus cuerpos empapados de sudor y sus cráneos soportando el inclemente sol abrazador, la sonrisa no se les caía,

así pasaban la mayor parte del día cuidando el cambio de luces y apagando los anhelante sueños,

la escuela no logro retenerlos, ni la arrogancia de su mísero destino logro someterlos, aun así el payaso brinca charcos en su interior albergaba mucho dolor comprimido, que haciendo fricción con su animo diario, se dejo atrapar por la vocecilla mentirosa e intrigante de la curiosidad, haciéndose cautivo de la drogadicción,

con el dinero ganado y la espalda desecha llegaba a su hogar en ruinas, su madre había muerto hacia tiempo de una misteriosa enfermedad, a sus hermanos se los trago el mundo, así solo, se tiraba en un mugriento colchón infestado de pulgas, para luego sentir como sus fuertes alas lo alzaban en vuelo transportándolo a lugares extraños,

una mañana fresca, las gotas de rocío depositadas en las flores somnolientas brillaban intensamente con los primeros rayos del sol,

como cada día el malabarista paso en su bicicleta a buscar a su amigo el brinca charcos,

no necesitaba tocar a la puerta, pues su cuartucho no contaba con una, no necesito abrir las inexistentes ventanas para tomar aire y así poder soportar el dolor causado de ver a su amigo con piel violácea y ojos acristalados,

su cuerpo no pudo volar mas alto, mas su alma no necesito las alas para elevarse con su madre que de vez en cuando lo visitaba en sus alegres sueños, el día anterior había sido muy productivo y pudo comprar veneno mas de lo cotidiano,

pero su cuerpo no soporto aquel maldito festín, yacía inerte en su cochón,

con sus veintitantos años sufridos y sus millares de sueños destruidos…….

ahora el malabarista trabajara de base, en sus hombros cargara a un joven pupilo aprendiz de malabarista con su carita pintada, trabajara por unas cuantas monedas y padecerá bajo el ardiente sol,

el payaso malabarista necesitara mas pesada la capa de pintura blanca en la cara, para poder tapar la palpable marca de dolor sufrido por la perdida reciente y este seguirá de frente, entreteniendo a los conductores y cuidándose de los cambios de luces de los semáforos.

tarareando canciones ya viejas, húmedas, pestilentes, amargas y sombrías.

Bernarda Enriquez

Alemania en español. Por Haddass

En español, si, en la ciudad de Braunschweig, al norte de Alemania, pero todas hablando en Español aunque dominen varias lenguas más y tengan distintas nacionalidades. Hablar el mismo idioma  crea muchas complicidades, proximidad y un ambiente cálido por muy frío que sea el clima, incluso rodeadas por el decorado de un restaurante japonés.
Las conversaciones entrecruzadas eran un manantial de historias personales llenas de aventuras y emociones, de vivencias únicas que revolotearon por la mesa compartida con la chispa que despierta el interés, la curiosidad y la comprensión mutua de vidas muy distintas. Ilusiones, dudas, miles de preguntas, opiniones, encuentros y desencuentros con una cultura diferente en la que cada una se ve  inmersa por diversas circunstancias y en la que casi siempre el amor ha tenido algo que ver. Y es que el amor, es el idioma universal.
Braunschweig09
Probablemente me he perdido la visión de alguna hermosa piedra en algún edificio emblemático de la ciudad , pero ¿qué es una ciudad sin aquellos que la habitan?
Vengo emocionada, agradecida por la espontaneidad y el agrado de estas mujeres especiales y únicas que han dejado una muesca alemana en mi corazón donde guardo todo lo bueno que me han brindado abierta, afectuosamente y en español.

Mª José, Matilde, Susana, María, Lourdes, Pilar, Tamara, a todas, incluso a las que no pudieron acercarse, gracias infinitas y un fuerte abrazo desde España.

Mª Luisa Nuñez
Haddass

OOOooohhh… loca Navidad. Por Isidro R. Ayestarán

Les presento el vídeo que sirve como punto de arranque de «OOOooohhh… loca Navidad!!!», el nuevo espectáculo de teatro, poesía y música que, junto al maestro del transformismo, OKY, representaré en el pub Colilla Queens de Santander el próximo martes 22 de diciembre de 2009, a las 22,30 horas.
Un nuevo show que versará sobre los entresijos de la Navidad, desde un punto de vista irónico y satírico unas veces, profundo y sentimental otras, y que cuenta con músicas de John Kander (Cabaret), Ernest Gold (Éxodo), Stephem Sondehim (Sooner or later), Madonna (How High, Keep it together y Vogue), Nino Rota (El padrino) y Mecano (Dónde está el país de las hadas).
Por su parte, Oky escenificará villancicos de Rosa, La Húngara y el famoso y polémico Rap Antinavidad.

Un espectáculo distinto, el próximo martes 22 de diciembre.

© Isidro R. Ayestarán, 2009
El Cabaret de los Sueños

Como siempre al despertar. Por Inés Borrego


Como siempre al despertar, lo primero que hago es levantar la persiana y me quedo unos minutos contemplando esas casas de campo, con sus ventanas llenas de macetas, cada una de su color, a alguna le salen unos capullitos que con el tiempo irán floreciendo hasta conseguir parecerse a un altar.

Hace frio y de las chimeneas sale humo de fuego recién encendido, que desprenden olor de hogar. Alguien ya ha tendido las sabanas adornando la pared de un blanco reluciente. Al lado un pajarito picotea tranquilamente en las huertas y un peluche blanco, como una bola de nieve comienza a ladrarle para llamar su atención.

Una señora se asoma a la puerta, mira la temperatura que hace antes de sacar a su querido lorito. Entra en casa y enseguida saca la jaula y se escucha el parloteo incansable de un lorito contento. Lo coloca en la pared, bien arriba y mueve la jaula para asegurarse que está bien sujeta. Cerca de ella unos gatos miran como una vez más no podrán alcanzar a su apreciado enemigo.

Los manzanos ya han echado flor, están tan cubiertos como si una sabana se habría desprendido de la ventana posándose sobre ellos y dejando un apacible manto blanco dando destellos de sol.

Un escalofrío me hace estremecer, muy pensativa me pongo la bata de casa y antes de desayunar me dirijo al escritorio, abro el cuaderno y empiezo a escribir: como siempre al despertar…..

Inés Borrego

Auster y reflexiones sobre las novelas. Por Brisne


« Ya antes de convertirse en William Wilson, Quinn era un devoto lector de novelas de misterio. Sabía que la mayoría de ellas estaban mal escritas, que la mayoría no podían resistir ni el examen más superficial, pero era la forma lo que le atraía, y sólo se negaba a leerlas cuando se trataba de una novela indescriptiblemente mala. Mientras que su gusto en otro tipo de libros era riguroso, exigente hasta la intransigencia, con estas obras no mostraba casi ninguna discriminación. Cuando tenía el estado de ánimo adecuado, le costaba poco leer diez o doce seguidas. Era una especie de hambre que se apoderaba de él, un ansia de una comida especial, y no paraba hasta que se sentía lleno.» Paul Auster. La trilogía en Nueva York.

He comenzado a leer «Trilogía en Nueva York» de Auster. Hasta hace poco tiempo no conocía yo a Auster. Y eso que tenía magníficas referencias del autor. Ayer, a la noche, mientras el sueño amenazaba mi comprensión encontré este magnífico párrafo, y me sentí identificada con él. Sólo que yo no devoro novelas de misterio, lo mío es devorar best sellers. Me sucede muy de cuando en cuando es cierto, normalmente leo cosas relativamente buenas. Pero últimamente necesito comer los best sellers, aunque no sean buenos, sus historias me atrapan, me hacen leer de seguido bastantes páginas hasta que consigo quedarme llena, completa. Es curioso, con ellos yo tampoco tengo ninguna exigencia, por malos que sean, si la historia me atrapa, no hay tu tía, acabo leyendo horas seguidas, robándole el tiempo al sueño. Me sucede eso tan pocas veces con el otro tipo de «literatura». Soy tan lenta, tan pausada, reflexiono sobre párrafos, busco coincidencias. Las disfruto lentamente como un buen brandy a la luz de la hoguera. Pero con los best no, con ellos es un ansia especial, es como aquella tarta de chocolate que necesitas comer entera aunque luego se te indigeste.

Así soy de rara.

Brisne
Blog de la autora.

mishijosnuevos. Por Yolanda Sáenz de Tejada

Hoy, uno puede tener los hijos que quiera…

Yo, por ejemplo, que tengo dos hijas, hay días en los que tengo hasta cinco.
Porque los hijos, para mí, no son de quien los pare, sino de quien los cría y les hace un hueco en sus entrañas.

Así pues, cuando traigo niños del centro de acogida,
son tan míos
como yo
(esa que a veces grita,
que a veces se viste de Prada
y otras de mercadillos,
esa que se bebe la mejor
botella de vino y
también el güisqui más
malo del imperio,
esa que…
son tantas como me
caben en los ovarios).

Tan míos
(los hijosnuevos de los que hablaba)
como yo quiera.

Bien, pues entonces:
¿Alguno de vosotros me puede decir (pero gritando por favor, que estoy tan indignada que no os oiría) por qué si con mis dos hijas (esas que me astillaron la médula al salir) todo el mundo quiere recibirme en su casa, es más, me insisten hasta que digo que sí y si digo que voy con una de mis hijasnuevas me ponen pegas y me dicen que no hay camas?

No escucho la respuesta.
Será que
mis lágrimas
no me dejan
oír.

Yolanda Sáez de Tejada

Blog de la autora