El bolso parlante. Por María dolores Almeyda

Si te abriera mi bolso te sorprenderías de la cantidad de cosas que llevo dentro. Son cosas que posiblemente nunca me harán falta, pero por si acaso las conservo en el orden caótico de un bolso grande y negro donde todo se resume en porquerías.
Llevo, como cualquier avestruz amaestrado que guarda en su gran pechuga la comida para comerla luego, dos patas de conejo con las que hacer milagros, el legado de un clérigo marica, la confesión de un arrepentido, la esquela mortuoria de una mujer muy rica. Y aparte de un sin fin de estupideces como lápices sin punta o cajas de cerillas, direcciones de amigos a los que no conozco o a los que había olvidado hace tiempo y me cuesta trabajo recordarlos, llevo algunos recuerdos que parecen pesadillas. Llevo la ropa de un mendigo que me asaltó en el barrio de los pescadores, el hambre de un hambriento que nunca se saciaba, la soledad de un solo en la esteparia tierra prometida. Casi todo lo que tengo vale nada pero igual lo conservo como un gran tesoro, como reliquias que nunca han de sacarme de un apuro. Las cerillas, por ejemplo, están mojadas. ¿Cómo podría solucionar mi frío? ¿Darle abrigo a las noches tan heladas? Si acaso busco algo y apuro la mirada tras las huellas de algún escarabajo, será la misma huella quien me dará la pista de lo que estoy buscando. Tengo un amor caducado al lado de unos versos de Neruda entre el confín de todo y al regreso de alguna poesía, y una voz decadente como una letanía irritante y molesta me sigue preguntando. ¿Qué buscas hurgando en mi garganta? O ¿qué esperas encontrar buscando en mis harapos? Era un bolso parlante y yo no lo sabía.

María dolores Almeyda

Un belén en el plumier. Por Coscobil Fernández

Lo compramos en Zaragoza, no era ni Navidad ni nada de nada, pero me encantó, verlo tan pequeño y tan bien hecho, además es de barro. Lo tengo en un plumier que yo llevaba al cole cuando tenía 6 o 7 años, mira como tengo escrito mi nombre, Siempre lo he tenído lleno de lapiceros de colores, un día se lo saqué a David para que se entretuviera y como puedes ver él escribio su nombre junto al mio, incluso con la D al revés, era muy pequeño,recuerdo que me dijo – Mira mamá ahora es de los dos – Me hizo tanta gracía, que lo guarde y para mí tiene mucho valor. Cuando lo abro en Navidad siempre acaricio los dos nombres y de alguna manera me confirma el vínculo que hay entre una madre y un hijo.

¡Feliz Navidad a todos!
Coscobil Fernández

Personillas. Por Ignacio Lacuesta Ceberio

En urna de cristal.
a resguardo de roces,
los títeres asexuados, sin gesto,
sin criterio,
exhiben una seguridad vana.

Resignación y apatía.
Dos brazos alzados
en búsqueda de plenitud;
un tercero, con gesto amable,
no convence al desesperanzado pensador.

Ilusiones efímeras desparramadas
a merced de la moda,
del viento,
de la decisión ajena.

Mundo uniformado,
dirigido,
globalizado.

( 16/12/08 )

Ignacio Lacuesta Ceberio

Bolg del autor

El Belén. Por Brisne


Se acerca la navidad. Las luces iluminando las calles y los miles de anuncios incitando al consumo más salvaje lo indican de un modo casi doloroso. A mi me gusta la navidad. Un montón, he de decirlo. Sobre todo las sobremesas llenas de cartas y de comentarios con la familia. El hecho de que en mi casa habiten niños también hace que desee especialmente estas fiestas. Hemos colocado el belén ya casi. Mis hijas corretean por el pasillo con las manos llenas de musgo y tierra y «ayudan» a ponerlo. Es tan divertido verlas.
Sólo es que a veces, me agobia también. Los inevitables regalos, el consumo desaforado, el parece que si no fuese por eso no sería navidad. Y no sé, creo que nos dejamos muchas cosas en el tintero, a mi me basta con las reuniones de amigos y familia. El resto, por así decirlo, me sobra. Soy más feliz con la cena anual de amigas que con todos los regalos del mundo.
Pongan el Belén y disfruten de los suyos. Cierren la ventana, no dejen que las luces les cieguen, la cercanía y el cariño son más importantes que la batidora o el último Premio Planeta. Disfruten todo lo que puedan.

El pintalabios. Por Maribel Romero Soler

 

Un grupo de escritoras se reúnen para tomar café y preparar proyectos. La idea surge casi sin buscarla. Es primavera y todo ha comenzado a tomar color, como los labios. Piensan en la cantidad de historias que quedarán para siempre sin contar, y deciden rescatar algunas. Son historias divertidas, profundas, evocadoras, a veces extrañas… Historias recogidas en catorce relatos que giran en torno a un nexo común: el pintalabios.

A ti, lectora, te invitamos a que, cuando acabes de leer este libro, dejes aflorar todo cuanto llevas dentro, y te conviertas también en protagonista de tu propio relato.

En cuanto a ti, lector, nos gustaría llevarte por estas líneas a compartir el universo femenino, porque también eres personaje destacado de nuestros relatos y de nuestra vida.

Rafaela Lillo, Manuela Maciá, Paqui Pérez Gallego, Maribel Romero Soler, Teresa Rubira Lorén, M.ª Ángeles Salas Moneo y M.ª Mercedes Tormo Muñoz somos las autoras de EL PINTALABIOS y os invitamos a conocerlo.
 

Este libro actualmente se encuentra en proceso de distribución y pronto llegará a las principales librerías de España. Ya se puede adquirir a través de VISIÓN LIBROS

Maribel Romero Soler

La señora Fe. Por Inés Borrego

Toda su vida la había pasado aceptando lo que le venía y pensando que era afortunada. Era una anciana pequeñita, con pelo cano y cuando hablaba se le veían esos dos dientes que aun conservaba.

En el barrio el llamaban la Señora Fe. No sabía porque lo de Señora, pero le gustaba, le hacía sentirse a gusto en aquel lugar del que apenas salía. Hacía las compras en el mismo comercio, pagaba lo que le pedían y nunca protesto por nada.

Pero la Señora Fe se hacía mayor y aunque ella siempre se veía igual, le llevaron a una residencia.

Llegó con una pequeña maleta y con una sonrisa en la boca. Saludaba a todo el mudo dándole las gracias. Ella pensó que esa era su familia. Le había costado mucho encontrarla, pero allí estaban todos, esperándola.

Sabía que algún día tendría una familia, pero siempre estaba tan ocupada que no tenía tiempo para buscarla, pero ahora disfrutaría de ella.

Le pusieron una habitacíon compartida. La Señora Fe se puso muy contenta: por fin tendría una hermana para contarle las cosas intimas.

La vida le había cuidado muy bien y para el final le tenía guardado un regalo maravilloso: una familia.

Inés Borrego