La casa que me habita. Por María Dolores Almeyda

Ando sola,
Derramada la vista sobre el suelo.
Como sola,
Sin saber lo que como y a destiempo.
Sueño sola,
Con las manos cerradas y los ojos abiertos.
Canto sola,
Despreciando los tonos, inventando el solfeo.
Bebo sola,
Tapándole la cara a los espejos.
Duermo sola,
Con un calor estéril calándome los huesos.

Ando, como, sueño, canto, bebo, duermo sola.
Pero no vivo sola.
La casa que me habita está llena de espectros


María Dolores Almeyda
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Mariposa de Piel. Por Brisne

«Quiero que vengas. Yo empecé un poco a lo tonto pero el beneficio ha sido tan grande que no lo dejaría por nada»

Lucía Santamaría Nájara nos presenta en éste, su segundo libro, una historia de Sectas y desesperación humana.

Carlos, un pobre hombre que acaba de perder a su mujer y al hijo que ésta traía en su seno se ve envuelto en una secta buscando paz tras la muerte de su mujer y enamorado de una adepta que se dedicaba a captar nuevos miembros.

A medida que avanzas en este libro adictivo piensas cómo se posible entrar de un modo tan fácil y sencillo en las complejas redes que las Sectas dispersan a su alrededor. Parecen micelios de setas que urden sus raíces en la sociedad en busca de adeptos a los que exprimen económica y mentalmente.

Te hace plantearte muchas cosas leer «Mariposa de Piel». He leído con sumo interés el libro, me parece un libro que hay que leer. Muchas veces las historias noveladas desvelan en su interior problemas que la sociedad tapa. Entrar en una secta es algo que ahí está pero que muchas veces preferimos mirar hacia otro lado pensando que a nosotros nunca nos va a pasar eso. En un encuentro con Lucía en la biblioteca de Calatayud, decía que en ésto de las Sectas todo el mundo puede entrar, sólo hay que estar en el momento y tener al lado un busca-adeptos que sepa captar ese momento. Me asusta esa posibilidad. Personal y familiarmente. Leánlo, sumergánse en el mundo terrible de las sectas. Se lee rápido y es muy interesante. Den la vuelta a la última página y sientan el bello aliento de la libertad.


Brisne
Blog de la autora.

Aire,aire,aire… Por Yolanda Sáenz de Tejada

Para Chari,
que construye palacios de amor
con ladrillos nuevos.

Hoy,
mientras dormías,
he abierto
tu cuerpo.

Me he metido
dentro y,
subida
en una cáscara
de miel,
he recorrido
tus venas
(hacía demasiado
aire en tu
corazón y
me he tenido
que recoger
el pelo).

Después he cerrado
las ventanas de tus
gritos y
he abierto,
con mi lengua,
la puerta de
tus besos.

Estoy agotada.
He trabajado
mucho esta
noche
dentro de ti…

Ojalá cuando
te despiertes
vuelvas de
tu abandono y
quieras ser tú
—entonces—
el que quiera
estar
dentro de
mí.


Yolanda Sáenz de Tejada
Colaboradora de esta Web en la sección
«Tacones de Azucar»

Blog de la autora

En la consulta. Por Maribel Romero Soler

El especialista lo miró por encima de las gafas.
—¿Qué le ocurre? —preguntó.
—Doctor, llevo varios días con un fuerte dolor en la rodilla —manifestó el escritor contando con los dedos el número de palabras que utilizaba en su explicación.
No satisfecho con los once vocablos rectificó:
—Doctor, me duele la rodilla.
Cinco palabras seguían siendo demasiadas. El paciente, considerado el mejor microrrelatista a nivel mundial, sabía que podía hacerlo mejor. Se llevó ambas manos a la rodilla y finalmente dijo:
—Doctor, pupa.

Maribel Romero Soler.
GANADORA DEL I CONCURSO DE MICRORRELATOS SOBRE MICRORRELATISTAS

Blog de la autora.

BABUSHKA. Por Cristina García Requena

Sé que tú estás ahí, esperándome. Aunque desconozco la forma de tu cara, que se me antoja redonda, y el color de tus ojos, tan pensados como tú, siento que tu corazón late. Es su ritmo el que me hace sentir cada día una fuerza que me empuja hacia lo más alto, levantándome del suelo cuando caigo y saltando para tocar las estrellas. Si las llego a tener en mis manos, las acaricio con la punta de mis dedos para que hasta el sol siguiente velen por ti.
Cuando desde allí, desde el inmenso frío que te envuelve, tu llanto me llega en forma de nube, planto una flor en el desierto de mi alma, para que cuando el azar te traiga hasta mí, podamos jugar en el jardín de la alegría.
Y cada lágrima tuya es una lágrima mía, que con delicadeza recojo en el tarro de los sueños para que un día podamos regar todas las flores. Este invierno ha sido cruel, demasiadas nubes, demasiado llanto. Pero no sufras mi amor, nuestra primavera está cerca. Será una primavera eterna, llena de amapolas rojas, suaves como tu piel y frágiles como tu risa.
Y cuando llegue la noche y el silencio consiga acallar los llantos de vuestros corazones débiles, te cantaré una nana y mi espíritu te balanceará para que consigas atrapar el dulce sueño. Será nuestra nana de babushka, de esas que tanto te gustarían, de esas que nadie te puede contar. Te cantaré la del hilo invisible que me une a ti, por la que trepa una araña de colores, que desde allí, va tejiendo una gran tela, de miles de kilómetros. Algunas veces se convierte en una bella mariposa, de tonos claros como tus
ojos, que voletea sobre ti para que la acaricies con tu pequeño dedo mientras yo sigo acariciando las estrellas.

Cristina García Requena

Díptico memorial (A Francisco de Quevedo y Villegas). Por Andariego


1
Mucho quisiera comprender del cielo,
que es el que rige la naturaleza,
la vida, los designios, la riqueza,
cuestionando el valor y el tono fiero.
Hoy firme en el recuerdo, aquí prefiero,
dejar que vuelen a través del viento,
tus obras, tus poemas, que ya siento
salir de mi interior con desconsuelo.
La poesía, ese arte inteligente,
recogida en formato de escritura,
desde un impulso al otro diligente,
navega en el misterio con soltura,
transmitiendo un sentido diferente,
según quién lo interprete en su lectura.

2
Tu poesía, hoy viva en la memoria,
de un tiempo oculto y una paz sincera,
muy lejos del sarcasmo, yo quisiera,
plasmar en esta página de historia.
Si frente a tanto orgullo seco y frío,
tan lleno de altivez y de arrogancia,
hubiera algún resquicio de esperanza,
a fe, que se encontró en tu desafío.
No juzgaré tu genio ni figura,
y menos tu carácter, ni tu brío,
ni hablaré de la rosa limpia y pura,
más te diré, que lejos de ese hastío
que vence o esclaviza, y que perdura,
siempre estarás Quevedo, al lado mío.

Andariego

Adios D. Miguel. Por Santiago Redondo Vega

Llegó el momento de las despedidas, de los adioses tristes y tantas veces fatuos, de las palabras grandes a los grandes maestros, de la grandilocuencia vestida de frases lapidarias y altisonantes. Pero que nos dejen los árboles –los cipreses, por alargadas que sus sombras sean- atisbar la obviedad del bosque. Ese bosque de sencillez y limpieza léxica, de campechanía y palabras cargadas de tradición rural y sapiencia siempre. El camino de la vida en esta tierra nuestra de altibajos, de profundas desigualdades y heredados vicios, de razón y sinrazón a manos llenas, de piel y corazón, de carne y hueso. No hay mayor crítica que contar la realidad desde la irrealidad presunta de quien la vive. La maestría de la forma viene después, y ésa es sólo patrimonio de quien atesora el genio de su genio.

Descubrí a la persona de Miguel Delibes paseando el cielo gris del Campo Grande, o transmutando sus historias de sabor a campo por las aceras de la Calle Muro o de Recoletos, en esta Valladolid, ciudad de provincias todavía. Al escritor le había descubierto mucho antes, entre las páginas azules de sus libros ocres y verde olivo. Y me atrapó la magia de su verbo, de su saber decir, de su temática siempre cercana, de su sencilla pero profunda e impagable forma de narrar.

Hace ya algunos años que se dejó agotar la tinta de su pluma de sueños. Se convirtió la vida en su secante, y sus cicatrices se aunaron con la edad para cercar al escritor y rendir al hombre. Hasta a los genios la vida les increpa.

Desde su sencillez humana y su sabiduría vital no buscó nunca la tentación del Nobel, aunque lo mereciera tanto, si acaso y ya en sus últimos días, sólo pidió morir para ultimar el ciclo de su sendero de hombre por la vida. Y es que nunca ha dejado de saber, como buen conocedor de la naturaleza, que cuando el almendro irrumpe en floración –hoja roja de su librillo de almas- está empezando a arder la primavera.

Hasta la tierra misma D. Miguel, hasta la tierra.

Santiago Redondo Vega
Blog del autor