¿Quién? Por Luis Bermer


212-TERROR
Ojos del lobo
en la noche profunda
de tus terrores.

213-CANCIONES
Escucho una voz
susurrando canciones
en mi cabeza.

214-FRÍO
Llega el frío.
Se instala en el corazón,
para quedarse.

215-ESPERAS
Sentada esperas,
en tu trono de sueños,
a tu príncipe.

216-TU ANHELO
Tú único anhelo:
sentirte acompañada
con su mirada.

217-LOS INSTANTES
Es triste sentir
que la vida se escapa
en instantes fríos.

218-¿QUIÉN?
Quien te comprenda
buscas sin encontrar.
Sendero de los años.

219-BAILANDO
Con tu cigarro,
bailando entre las llamas
de la tristeza.

220-ALCOHOL
En la noche eres,
entre brumas de alcohol,
un sueño roto.

221-LA LLAVE
Tus ojos abren,
como una llave de plata,
mis ilusiones.

Luis Bermer
Web:www.luisbermer.com
Blog: http://www.bermerblog.blogspot.com/

Como Agua para Chocolate. Por Brisne

«Y sin que mi bisabuela pudiera decir ni pío, Tita arribó a este mundo prematuramente, sobre la mesa de la cocina, entre los olores de una sopa de fideos que estaba cocinando, los de tomillo, el laurel, el cilantro, el de la leche hervida, el de los ajos y, por supuesto, el de la cebolla. Como se imaginarán, la consabida nalgada no fue necesaria, pues Tita nació llorando de antemano, tal vez porque ella sabía que su oráculo determinaba que en esta vida le estaba negado el matrimonio.»

Como agua para chocolate es una novela de recetas , remedios caseros y amoríos por entregas mensuales que nos cuenta la vida de Tita, del rancho de Mamá Elena, con todos sus amoríos, con sus especialidades por así decirlo. Tita al ser la pequeña debía quedarse soltera para cuidar a su mamá. Su prometido, Pedro, decide casarse con la hermana para poder mantenerse cerca de su amada. Ese hecho, la renuncia de Tita a su vida por ese amor imposible… me ha hecho plantear muchas cosas. Lo díficil que es renunciar a la vida por un amor. Es una renuncia a la que yo tengo claro que no haría y espero que mis hijas tampoco estén dispuestas a realizar. Alguien me dirá que eso no es amor, pero yo creo que el amor es algo variable y no merece la pena perder una vida esperando un amor verdadero que igual nunca llega a completarse.

De todos modos la recetas son estimulantes, lo que sucede cuando cocina Tita y como su estado de ánimo influye en el resultado final realmente precioso. Leánlo si quieren. No creo que les decepcione. Vean la película, preciosa del 92. Pese a que no entiendan la historia de amor es una historia de amor peciosa salpicada de codornices con rosas, y roscón de reyes.

¡Qué la disfruten!

Brisne
Blog de la autora.

El trampolín de la inocencia. Por María Dolores Almeyda

Todas las mujeres tienen un día señalado en sus vidas en el que les sucedió algo especial. Un recuerdo que las une aunque se produzca en diferentes circunstancias. Aquél día, Juani, Juanita, la loca del pueblo, la niña que nunca se había planteado que su vida pudiese cambiar, sintió que ésta daba un vuelco junto a su corazón y estuvo a punto de caer de culo sobre las ortigas.

El día veintiocho de diciembre en su casa estaban de matanza. Aquella mañana amaneció todo dispuesto para el sacrificio de dos hermosos cerdos que durante todo el año habían sido engordados en la zahúrda, y ya esperaban un poco asustados, atados a un poste en el centro del patio, como si presintieran lo que iba a ser de ellos. En un rincón apartado se amontonaba la leña sobre las aulagas para ser prendidas por el fuego, y por todo el espacio se repartían los avíos necesarios para la matanza. El altar para los sacrificios, las grandes orzas de barro para hacer los embutidos, las cántaras para la sangre, los tarros llenos de especias para sazonar y dar sabor a los distintos entripados. El proceso sería largo, pesado y agotador. Ya conocía el rito desde años pasados y sabía que por mucho que desearan que todo estuviese en orden, siempre faltaban cosas a última hora y como siempre le tocaría a ella ir a buscarlas al pueblo. No una vez, sino varias. Juanita estaba un poco en todas partes, no por gusto, sino porque todas las manos eran necesarias.

De estos días de matanza le gustaban unas cosas y otras no. Le gustaba el ambiente previo y la algarabía que se formaba en el corral, con tanta gente dando órdenes y pidiendo cosas que no aparecían, y el olor de la piel del bicho cuando le quemaban en la hoguera los pelos como escarpias; y los aromas que se colgaban del aire cuando las mujeres que hacían las chacinas salpicaban el amasijo con las especias mezclándola con la carne picada en las orzas de barro. No le gustaban los gritos del animal herido ni el chorro de sangre que caía en las cántaras, tan roja y espesa. Era desagradable. Y que la gente se tomara todo aquello con tanta naturalidad. Y que le guardaran al cura el mejor bocado del cerdo, según decían. “Esta es la presa del cura, mucho cuidado, no se pierda, que ya mismo está por aquí don Alberto.” Don Alberto se comía las criadillas de todos los cerdos sacrificados en el pueblo cada año.

Aquél día hacía frío de matanzas, decían los entendidos. Era a últimos de diciembre y las nubes estaban gordas pero no amenazaba lluvia. A última hora de la tarde se acabó la tripa de envasar morcilla y mandaron a Juani a por varias docenas de metros al almacén, como sucedía cada vez que faltaba algo. A ella le gustaba salir por los recados porque al mismo tiempo que se escabullía del trabajo tenía la opción de pararse a jugar con los niños en la calle.

Porque a Juanita le gustaba jugar con los niños a la pelota, subirse a los árboles para coger nidos, arrojarse al río desde lo alto del muro compitiendo con las habilidades de los otros. Esto le había acarreado más de un problema de identidad con alguna vecina descarada, que había tenido que zanjar con la ayuda de su madre, que se las pintaba para llamar a las cosas por su nombre y a las vecinas que se pasaban de lenguas, decirles deslenguadas.

Y justamente aquella tarde, cuando más frío hacía, Juanita salió a comprar tripa para hacer morcillas y se encontró, como esperaba, con algunos niños que jugaban ajenos al inclemente tiempo. Clavaban un garfio en el suelo húmedo y duro del hielo de ayer que ya mismo seria de nuevo escarcha, lo sacaban y volvían a arrojar dentro de un cuadro señalado en la tierra, como en la rayuela. La falda plisada de Juanita voló en uno de sus giros dejando al descubierto las braguitas blancas y un niño le dijo que se la había manchado con la sangre del cerdo que estaban matando en su casa. Juanita se apartó de ellos, se agachó como si fuese a orinar, se miró y estuvo a punto de caer de culo sobre las ortigas. No sabía nada de aquella sangre inmaculada que llenaba sus bragas por completo, pero estaba segura de que no era de ningún cerdo.

Regresó a su casa tambaleándose, buscó a su madre y le contó lo que le había pasado, segura de haber cometido alguna falta. Que no se podía jugar con los niños era algo que le repetían continuamente, riñéndole, pero nunca le habían advertido cuales podían ser las consecuencias.

Cómo terminó la jornada y como fue a partir de ahí la vida de Juanita, la niña más loca del pueblo que corría calles abajo y arriba jugando con los niños, despreocupada, infantil y ajena a lo que se le venía encima, es algo que se quedó guardado entre las paredes de su casa. A partir de ahí su madre protegería su inocencia con el celo que nunca había puesto en enseñarla. Aquélla fue su última jornada de matanza. Su última correría. El último salto al vacío de la vida desde el injusto trampolín de la inocencia.


María Dolores Almeyda
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Finalista del Premio Azorin de novela. Por Maribel Romero Soler

Isabel Romero Soler

Amigos, muchas gracias a todos por vuestros ánimos, apoyo incondicional y felicitaciones.

Como voy a redactar una crónica en mi blog, no quiero repetirme demasiado.

Sólo os adelanto que en la primera ronda de votaciones eliminaron a 5 novelas, y la mía pasó. Minutos más tarde, en la siguiente votación, eliminaron a otra y la mía pasó, después se cargaron a la tercera y la mía pasó, o sea, que allí estuvimos mano a mano «Esther Williams» (seudónimo) y yo compitiendo por el premio. Los títulos de nuestras dos novelas y nuestros nombres estuvieron presidiendo todas las pantallas de televisión que había en la sala. Finalmente, la última votación (son 7 jurados) fue de 4 puntos para Esther Williams y de 3 para mí. Entonces descubrimos que Esther Williams era Begoña Aranguren, una de las autoras habituales de Planeta. Me separó un punto del premio. Me vine con el aplauso de la gente de mi mesa (había dos finalistas más), y con la manifestación de todos ellos de que la ganadora moral había sido yo. También me vine con la satisfacción de que, en la rueda de prensa, Juan Eslava, uno de los miembros del jurado, dijera que la decisión había sido muy complicada porque la otra novela finalista de una autora alicantina (o sea, yo) era magnífica. Y por último con la felicitación de José Luis Ferris a las puertas de la Sala de Prensa.
Sinceramente, me sabe mal que los medios no se hayan hecho más eco de esta posición mía, que es muy meritoria, pero algo he encontrado.

Cuando pueda contaré más en el blog.
Abrazos.

La crónica completa de este premio en el Blog de la autora.

Casi nada. Por Mari Cruz Agüera

«Todo para mentirme en un papel
que no es de nadie y nada va a salvar. «
Juan Carlos Dana.

Mi corazón, estepa sin remedio,
huye de toda paz enardecida;
la noche va envolviéndome en su danza
de tristísimas sombras,
va deshaciendo el sueño que me busca
con un ruido lento de tijeras
que me aterra y me llama;
y me dejo decir por los fantasmas
que claman desde el fondo,
como si estas palabras que ahora extraigo
de mi mano, cansada,
fueran a procurarme algún respiro.

Ellas, que habitan todos los silencios,
saben sacar de mí la voz aguda,
la huella suplicante de mis pasos perdidos,
bien conocen el miedo que me cerca,
la soledad que campa por mis huesos
mientras la vida sigue amontonando
la deuda de mi tiempo.

Cuánto manso dolor llevo en los dedos;
me derramo en las hojas de mi llanto
y no me siento a salvo,
sigo siendo tan pobre como era
después de haber escrito casi nada.


Mari Cruz Agüera

El tricornio burlón. Por Felisa Moreno Ortega

Tal vez sea mejor que se quede en casa. Pronunciaste esta frase sin mover un músculo de la cara, que ya es difícil hablar así, en silencio. Yo te entendí porque hace tiempo que se leer en tus ojos, es un idioma complicado compuesto por luces y sombras, por brillos y destellos ambarinos. Él seguía mirándonos a los dos, la piel aún cubierta de salitre y el miedo enroscado en su garganta. Le pusiste la manta sobre sus hombros, para hacerle olvidar el frío del cayuco. Tu tricornio nos miraba burlón desde la percha.
Felisa Moreno Ortega
BLOG de Felisa Moreno

Mi piel. Por Teresa Gallego Arjiz

Mi piel,
como la erupción de un volcán
se abre y burbujea en mis poros.

Me arrincono en la esquina de mi dormitorio.
No quiero llorarte, ni loca voy a llorarte,
soy demasiado grande,
demasiado importante,
demasiado independiente,
demasiado autosuficiente
para quererte, para amarte, para extrañarte.
Y no lloro y me levanto
y voy a premiar esta tarde a mis lágrimas secas .

Pero mi piel,
como la erupción de un volcán
se abre y burbujea en mis poros.

Te echo de menos,
pero instalo rápido un telón de acero entre el pensamiento y mis deseos.
Y mis deseos chocan contra el acero y caen unos encima de los otros,
y se pisan y discuten entre sí
y mi pensamiento pide que se callen,
que esperen unos días, pues ahora estoy de duelo.

Pero mi piel,
está sintiendo como el pensamiento y los deseos se agitan,
discuten, derriban murallas…
Y la erupción rebasa los poros de mi cuerpo y se derrama.

Los días trascurren ásperamente,
todo se ha marchitado.
Te echo de menos y ya mis deseos derrotados recogen sus pertenencias,
mientras observo compasiva como se alejan.