Tus manos. Por Yolanda Sáenz de Tejada

Yolanda Sáenz de Tejada

Me gusta
encender,
después de cocinar,
una vela de
vainilla en
la cocina
(mata el olor
a pasado y a
comida).

Hoy,
que he cocinado
tus manos,
he encendido
dos
(olía demasiado
a ti).

La punta
de tus dedos
estaba
deliciosa,
he chupado todos
los versos que
se escondían
en ellas.

Pero también,
—y esto duele—
he chupado
tus miserias…

Por ejemplo,
que nunca dejas
propina en los
restaurantes y que
a los que piden
en las calles,
les gritas
(ahora,
sin manos,
quizás tengas
que pedir
tú).

Y que cuando
vuelves borracho
a casa,
pegas a tus
hijos y a tu mujer
(esto me está
destrozando
el hígado y
tendré que
vomitar).

Pero como
soy poeta
(y bruja),
tengo la esperanza
de que,
sin manos,
cambies.

Por eso he
guardado en un frasco,
para cuando despiertes,
tu hueso más
lindo:
el semilunar,
ese que te recordará
que las manos,
sólo sirven
para dar.


Yolanda Sáenz de Tejada
Colaboradora de esta Web en la sección
«Tacones de Azucar»

Blog de la autora

No quedaban libros… Por Mar Solana


No quedaban libros, ni personas que los escribieran. Se quedaron atrapados en una inmensa maraña de megas, bits y redes. Lo llamaban internet.
No quedaban libros. Los E-books los amontonaban en guetos antes de ser deportados para su exterminio. El sol ya no salía por la cantidad de humo que desprendían las hogueras.
No quedaban libros. La gente corrió en avalancha para comprarlos todos. En apenas unos meses, destronados por el libro digital, triplicarían su valor como auténticas perlas.
No quedaban libros. Los habían empaquetado y envasado los Triturators Papelis, una nueva raza que poblaba la tierra…eran su alimento principal.
No quedaban libros. Sólo ambientes vacios. Todos los personajes de las historias consiguieron escapar y ahora vagaban por el mundo sobre un aura fantasmal.
No quedaban apenas libros. Tampoco papel para imprimirlos. La tierra se había convertido en unas enormes fauces de dragón y los bosques en eriales. ¿Sería capaz la humanidad de custodiar los pocos libros que aun permanecían, in secula seculorum?

Mar Solana
Blog de la autora

Queridos niños. De Juana Cortés Amunarriz


El libro
Extracto del libro de relatos QUERIDOS NIÑOS, de la escritora Juana Cortés Amunarriz, Premio Ciudad Alcalá de Narrativa 2009.

Era el tiempo de las ranas en el estómago y las culebras amenazando nuestros genitales. El tiempo de correr hacia ninguna parte, de los raspones en la rodilla, del desafío constante. Nos encontrábamos detenidos, rodeados de deseos inciertos, de perspectivas congeladas. Nos preguntábamos, ¿qué quieres ser de mayor? Y fantaseábamos porque el futuro era impredecible y poético, y sin embargo nos producía escalofríos. Era el tiempo de matar dragones, fumar cigarrillos compartidos y saltar en los charcos. La realidad era afilada los días de sol de invierno, o dulce y traqueteante si soplaba el viento sur. La ropa ya no nos servía de un año para otro. Era el tiempo de renunciar a ser sheriff, para ponerse de parte de los indios. Teníamos trece años; nos alejábamos de la infancia a grandes zancadas, sumergiéndonos en las arenas movedizas de una adolescencia que nos transformaría irremediablemente. Crecíamos y queríamos entender el mundo, y lo que era mucho peor, que el mundo nos entendiera. Las chicas nos afeitábamos las piernas y medíamos nuestro contorno con el metro de la costura. Y en medio de la confusión de crecer a golpes, nos adentramos en aquella aventura sin darnos cuenta.

El libro se compone de 9 relatos que tratan de la infancia, de la confusión, de la necesidad de entender, de descubrir, pero sobre todo de la mirada que estos niños dedican al mundo. Son historias en ocasiones terroríficas, en las que hay niñas visionarias, niños lobo, seres que eligen desaparecer, o mantenerse al margen de la realidad, al igual que otros recurren a la mentira o a la impostura. Como dice PIlar Adón en la introducción, «Cada querido niño de esta perturbadora y mágica antología tendrá que explorar los caminos que se vayan abriendo ante él para hallar la mejor manera, la menos sufriente, de lograr sobrevivir con esos demonios dentro».

Porque como dice la cita de Benedetti, que introduce el libro, «La infancia es a veces un paraiso perdido, pero otras, es un infierno de mierda».

El libro QUERIDOS NIÑOS se presentó el día 19 de abril, durante la feria del libro de Alcalá.
Autora: Juana Cortés Amunarriz
Editorial: Alcalá Narrativa
ISBN: 978-84-87914-81-2

La sinfonía de mi vida. Por Platt

Era de noche.
El aire se reía
entre las lenguas verdes de los sauces.
El río se desliza, entre murmullos,
lento.
La sinfonía de la noche
da comienzo:
las ranas, los grillos y lechuzos
y el clop-clop del salto de los peces
y a su orilla, callada,
voy pensando.
En el desfile de mis pensamientos sueltos,
tu imagen, viva, hecha de añil,
de aire, de ruido y de cauces
salta y ríe y se esconde y llora…
Y el que salta es mi cuerpo
y el que ríe es mi eco
y se esconde mi alma
a llorar tu recuerdo.
.
Era de noche.
El aire sollozaba, de puntillas,
entre las grietas rojas de mi cuerpo.
El río triste de mi vida
transcurre raudo y turbulento.
La sinfonía de mi vida
da comienzo:
tu voz, tu risa, tu mirada
y a su orilla, gritando,
está mi cuerpo, sin alma,
pues se fue ligera
tras su recuerdo,
cantando suavemente
por el viento
entre los sauces, los ruidos
y el río soñoliento.

Platt
Recogido en canal # literatura de IRC-Hispano en tiempo real.
Platt en Cosas Nuestras (2003)

UNA VISITA A ISLA NEGRA. Por Pilar Alberdi

Dos casas tenía yo ganas de conocer algún día: la de Pablo Neruda en Isla Negra, y la de Jorge Manrique en Lanzarote. De ambas tenía recortados artículos de periódicos donde venían las fotos. Eran como el sueño de unos habitantes intrépidos. Aquellas hojas las conservé conmigo como si fueran tesoros: en esas casas, unas personas habían puesto sus mejores logros. No supe luego en qué momento de mi vida dejé de verlas, en qué mudanza se perdieron aquellos papeles del color de la cera por el paso del tiempo. Pero un imprevisto viaje nos llevó a Ernesto y a mí, hace poco tiempo a Chile. Y desde Santiago ir a Isla Negra era poco camino como para dejar de cumplir un viejo deseo.
Después como si no nos alcanzara con ver su casa preferida, la casa de Isla Negra, también fuimos a ver la casa de Valparaíso y la de Santiago.
Para conocerlas bien, para recordar cada objeto, los pequeños detalles, uno debería estar allí toda la vida y aún así, no alcanzaría: colecciones de barcos, de caracolas, de copas de colores, de disfraces… Pero no sólo están las cosas que dan sentido a las vidas, que las llenan con su presencia, que se hacen amar incluso… También está el recuerdo a las personas que pasaron por su lado, a los amigos poetas muertos, e incluso las fotos de Walt Whitman, poeta al que nunca dejó de admirar.
En estas casas de Pablo Neruda, las mesas con sus impolutas vajillas continúan esperando a comensales que ya nunca llegarán. Acaso ellas no sepan que se han convertido en museos. Acaso digo, porque el poeta sabía que las puertas eran como alas… Y quien sabe esto, sabe mucho de las casas, siempre vivas.
Isla Negra, nombre que el poeta le dio al lugar, pero que no existe en los mapas, es ahora la Isla de los turistas, quienes con sus cámaras digitales intentan atrapar el tiempo pasado y hacerlo un poco suyo, mientras los pajarillos, jugando entre los pinares, cercanos nos recuerdan los versos del poeta.

HOMENAJE A PABLO NERUDA EN ISLA NEGRA

Yo recorrí las casas de Neruda, las subí y bajé de piso en piso, y me sentí como una caracola que lleva y trae el mar llena de espumas, como si la orilla nunca fuese a ser la mía.

Yo fui por la Isla Negra con el recuerdo en la mente de lo que vería, y volví sin saber lo que había visto, porque se me quedó el mar entre las manos mezclado con el cielo, y la arena clavada a los zapatos.

Cantaban las gaviotas sobre mi cabeza como faros reclamando lo que es suyo: la piedra y la espuma de las olas. Y ondeaban las banderas…

Fui una visitante más, un mascarón de proa en aquella sala surcando embravecidos mares o sonriendo ante radiantes soles. Mi rostro asintió cuando la guía dijo: «Ninguna foto» Y sumisos continuamos recorriendo el laberinto de objetos traídos de otras tierras.

Ese día, no estaba Pablo para mirar el mar. Sólo estábamos nosotros… Abrimos uno de los libros que llevamos y leímos en voz alta sus poemas… Porque uno nunca puede saber si volverá a Isla Negra, cuando es Isla Negra la que se ha marchado, y aquello que queda allí es una réplica de un lugar que acaso existió en un sueño…

Suena con el viento de la tarde la campana sobre una quieta barca. Se abren y se cierran las puertas como alas por el vendaval de los turistas… La casa sigue estando viva.
Y en los pinares cercanos, los pájaros, como el poeta quería continúan bajando de rama en rama el día.


Pilar Alberdi
Foto: Ernesto Fernández
Blog de la autora

La cortina. Por Yolanda Sáenz de Tejada

Yolanda Sáenz de Tejada

Entraba despacio
en la ducha y
el plástico
(de cortina
barata)
se abrazaba
desesperado a mi
piel.

Las gotas
de agua
corrían por mis
pecas y mis
rodillas
mientras yo,
niña grande,
soñaba…

La cortina se
enamoraba de mí
cada mañana
y se revolvía
entre mis brazos
callados,
luchando
(aliada del agua)
por impedir
que agonizara
aquel precioso
encuentro.

Hoy,
has llegado
suavemente,
sin esperarte,
y me has abrazado
por detrás,
bañando tus manos
en el agua
que galopaba
por mi espalda.

Hoy,
le he sido infiel
a la cortina.


Yolanda Sáenz de Tejada
Colaboradora de esta Web en la sección
«Tacones de Azucar»

Blog de la autora

Diario de una puta. Por Susana Álvarez

A veces sueño que soy una princesa de un lejano y exótico país y, justo en ese momento, abro los ojos y me encuentro con la cruda realidad de estar a cuatro patas sobre este viejo camastro mientras el baboso de turno se aplica en su clase de griego. Soy puta. No porque lo haya elegido sino porque no me ha quedado otro remedio. Además soy una puta barata. Una puta rastrera. Una puta de esas que cualquier hijo de perra por diez euros, estrella contra la desconchada pared del callejón más próximo mientras se dedica a todas las barbaridades que su dulce esposa no está dispuesta a dejarse hacer. He padecido todas las enfermedades venéreas habidas y por haber. Me han violado cuatro veces. He tenido tres abortos. Cinco ingresos en urgencias por palizas de clientes que sólo se excitan con prácticas brutales.
Soy puta, experta en clases de idiomas: francés, griego y lenguas muertas. La puta de tus placeres. La puta que calla y deja hacer. La que gime. La que grita. La que dice “Oh sí cariño me encanta chupártela” La que se frota bajo la ducha hasta casi arrancarse la piel. La que se enguaja la boca tratando de olvidar el pestilente sabor de la frustración sexual del cerdo de turno. Esa a la que nunca le harás el amor. Esa misma a la que jamás acariciarás. Esa que no besas. Esa que a la luz del día te da asco. Esa soy yo, la puta.
Y como puta me voy a la cama. Y como puta me despierto. Y lo único que quiero es… morir como mujer.

Susana Álvarez