Canto a la esperanza. Por Galeote

Cruzó el universo lejano una estrella
y su trayectoria me quedé observando,
luego, poco a poco se fue disipando
y no quedó nada de su luz tan bella.
Así, como aquella, la vida termina,
desde su comienzo hasta un fin temprano,
nada permanece, ni el calor humano,
y hasta el gran recuerdo el tiempo lo olvida.
El amor, el odio, la fe y la esperanza,
son pasiones firmes que al alma culminan,
pero todas ellas también se terminan,
desde hoy al mañana no existe distancia.
La naturaleza que es dueña del mundo,
no acepta lisonjas de rosas, ni abrojos,
por eso, no tienen lugar los despojos
de esas vanidades de celo profundo.
Como sopla el aire, sopla así la vida,
por los álamos del río que al mar muere,
y en su lento caminar un beso quiere
entregar de corazón en su partida.
Miré el cielo azul, el mar se escondía,
rompiendo en las rocas sus olas al viento
y entre su murmullo, un presentimiento,
irrumpió mi cuerpo con gran alegría.
Si el olvido crece, si te atrapa el tiempo
como un cepo fiero que arranca tu alma,
no esperes que apriete y actúa al momento,
nadie, solo tú, logrará la calma.
Y así, como el cuerpo que es solo un sustento
de ese ser extraño que piensa y aflora,
el amor sublime también ríe y llora,
siguiendo las pautas del gran sentimiento.

(Del libro Café Boulevard)

Autor: JAG (Galeote)

Cuando paseo contigo. Por Yolanda Sáenz de Tejada

Yolanda Sáenz de Tejada

Cuando paseo contigo

por la calle

y tú me coges

de la vida por

la mano,

yo sonrío

atolondrada

como niña

de colegio

en su recreo.

Cuando me llevas

a un hermoso

restaurante,

y yo siento

mi silla

en tu cara,

no te dejo

que mires

a otro sitio;

sólo mi cara

de adolescente

enamorada

Cuando me regalas

la tarde y

bajas el sol

hasta mis nalgas

(antes de que el fuego

queme mis rodillas),

yo duermo

la siesta

de adulto

entre tus ojos.

Después,

cuando la noche aprieta

mi ombligo y

tú me compras

un regalo;

yo me tumbo

en la esquina

de tu boca

para morir

de vieja

entre

tus

besos.


Yolanda Sáenz de Tejada
Colaboradora de esta Web en la sección
«Tacones de Azucar»

Blog de la autora

Cosas que me gustaría hacer contigo… Mercedes Martín Alfaya

🙂 Montar una peleilla de almohadas y morirnos de la risa.
🙂 Compartir un dulce de merengue.
🙂 Escondernos en las calles oscuras y asustar a los gatos.
🙂 Comprarnos un sombrero y hacernos una foto.
🙂 Dibujar con el dedo en los cristales.
🙂 Subirme a tus hombros para robar naranjas de los árboles.
🙂 Recortarnos el flequillo con los ojos cerrados.
🙂 Sorber los espaguetis mirando de reojo al camarero.
🙂 Despedir a los trenes en la estación.
🙂 Tirar monedas de espaldas a la fuente; y pedir un deseo.
🙂 Chasquear los dedos y que las cosas ocurran.
🙂 Cruzar los pasos de cebra a la pata coja.
🙂 Regalar poemas a la gente.
🙂 Hacer pompas con el chicle y saludar a los guardias.
🙂 Abrir tu mano y encajar mis dedos.
🙂 Escuchar música compartiendo auriculares.
🙂 Jugar a poner caras delante del espejo.
🙂 Deshojar margaritas.
🙂 Pintarnos pecas en la nariz.
🙂 Montar en barca y remar con las manos.
🙂 Tumbarnos en la arena y contemplar las nubes.
🙂 Dejar que me pasees en la barra de tu bici.
🙂 Compartir secretos al oído.
🙂 Viajar a un país exótico sin nada de equipaje (ni en los hombros ni en la memoria).


Mercedes Martín Alfaya
Más entradas de esta autora.

Amor empaquetado. Por Mar Solana


Acababan de disfrutar de un rato de sexo apasionado. Yacían uno al lado del otro, pletóricos de entusiasmo y de feromonas. Él fue a preparar café y ella siguió allí, decúbito supino y sin decir palabra; pasmada, con los ojos muy abiertos y fijos en un techo plagado de contraluces juguetones. Hinchada, con los pezones tan rosados y turgentes como al principio. Él regresó recién duchado y oliendo a empalagosa gomina. Le besó sus rojos y abultados labios y depositó una taza humeante en su mesita de noche. Cogió un elegante cartapacio y se marchó a trabajar. No había transcurrido ni una hora cuando se volvió a escuchar la puerta. Una mujer vestida de forma sencilla, con un pañuelo anudado a la cabeza, avanzó con soltura por la estancia. Al pasar por el dormitorio la vio allí, igual de inerte e inflada que otras veces. La cogió de las hinchadas y rosadas piernas y la arrastró fuera de la cama sin piedad. Movió con soltura sus dedos detrás del cuello de ella, como si ya lo hubiera hecho más veces, y de repente un ruido de globo deshinchándose inundó el silencio y aquella mujer, antes desplegada y sinuosa como carretera de montaña, se fue arrugando como una pasa.
? ¡Vamos, muñeca…debes volver a tu caja! Hay que ventilar esta
pocilga? masculló la mujer de la limpieza mientras sus labios dibujaban un gesto cómico y su cabeza se movía hacía ambos lados.

(*) Relato finalista en el III Premio Algazara de Microrrelatos y publicado en “Cuentos Alígeros” por la Editorial Hipálage.

Mar Solana
Blog de la autora

Una rodilla en El hielo. Por Ali Al-Dimshawy


Como una madre se despide de su hijo que se va a la guerra, pues, mi corazón apoya su espalda en la puerta detrás de ti y empieza sus largos sollozos “hijo mío no te mueras sino en mis brazos”. 

Mi corazón se prosternará con una rodilla en el hielo y otra en el fuego, agarrando la puerta hasta que vuelvas, y como se quedó años, pues, se quedará con las manos hacia arriba, suplicándote que te vuelvas, en cuanto a mí, tengo muchas derrotas sobre mi espalda, tengo muchos cantos de pérdidas.

¡Ven aquí!, ¡Ven aquí!, ¡Ven aquí!, y no has venido, y cuando viniste y había perdido el camino hacia la casa. Perdóname por no haberme muerto cuando fuiste.

Yo soy un árbol triste y cada vez se florece, pues regalo mis frutos no a mi amor, soy un árbol solo que prepara su sobra para mi amor, soy un árbol que cuando anochece se abriga con el viento y se convierten mis ráfagas en una letanía del nombre de mi amor, y yo también en un árbol, que seas tú también un árbol bueno, mi amor, y vuelve a tu jardín.

Un punto de mi corazón se puso amarillo en la noche en la cual te fuiste, mi corazón tiene pánico de que se marchite y se quedará con la boca abierta mirando el camino por donde partiste y por donde unas gotas calidas besan las huellas de tus pies.   

Mi corazón ya está vacío, madre, te pregunto “¿Cómo se quitan nueve páginas del cuaderno de la vida?” Nueve hojas de una rama marchita que son como piedras en el pecho, si fueron nueve pasos hacia atrás, bailaría y volaría un árbol. 

Bueno señora mía, tu amado vuelve al jardín de la casa para sentarse con su sombra susurrando cosas sobre ti, y tú te vas a tu bosque donde se reúnen mariposas a la luz de tu uña y se pavonea el coro de las flores a tu alrededor y te ven tus amantes. Está bien, mientras estés verde. Volveré al jardín y al muro del jardín, me pongo de pie delicioso dando frutos suficientes para traer al leñador con su hacha que conoces, la misma hacha que hace nueve años repartió un árbol en dos, esta vez te espero solo.

Ali Al-Dimshawy
Blog del autor
Traducción del árabe por: Ahmad Yamani

Que extraño… Por María Dolores Almeyda

Que extraño el silencio provocador, altivo,
que impera en esta sala desnutrida de luz
de donde parece que se escapó la vida.

que extraña la distancia que me separa apenas
de la voz de la calle por un velo de seda
inventado conlumnas de miedo altas, infranqueables.

Que extraña la presencia de la otra soledad
en la otra sala, con los otros fantasmas,
en otra dimensión, con otro escalofrío, en otra cama…


María Dolores Almeyda
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Dos poemas de amor. Por Galeote

I
Cautivo de ti, vivo en silencio,
contemplando serio y mudo en el vacío,
como pasa ese segundo con el tiempo,
y estoy solo, mi carácter seco y frío.
Solitario, en un rincón que me recibe,
como una simple realidad oscura y cuerda,
acompañado al pensamiento que no pide,
y sin embargo, prevalece en mi sentir,
tal, que me inquieta.
Y luego, ¿qué estoy sintiendo?
¿qué estoy viviendo?
o ¿qué intento perseguir
en mi abismo incorregible?
Tú, eres vida que yo amo,
pienso que al soñar soy inflexible,
pero no sé del amor;
quizá en vano juzgue mal
y es preferible,
que el tiempo dictamine con los años,
lo que solo, en este instante, afirmo yo.

II

No me digas que ya se ha marchitado
el amor florecido en nuestra alma,
o el placer de vivir por el hastío
de silenciosas y pérfidas mañanas,
No me digas, que ese mar de la tristeza,
de donde emergen tus húmedas palabras,
agonizó para siempre ese cariño,
que tantas, tantas veces me entregabas.
Si la ilusión en tu risa desvanece
y se torna en desamor como una daga,
¿qué será de tu vida y mi existencia
si se deshoja la flor de la fragancia?
Si nos recubre un sequedal de espinas,
junto al rosal, donde hoy brota esa añoranza,
y ante el dolor agudo del silencio
hoy siento que me hieren tus palabras…
No seguiré pensando en la pureza,
ni en esa flor sencilla que adoraba,
ni en el fulgor del cielo y de la aurora
cuyo arrebol de gozo me inundaba.
Caminaré en silencio y en la esquina,
vigilaré impaciente tu llegada,
para que nadie se lleve con engaños
el ciego y vano amor de una esperanza.

Galeote