SUEÑO DE AMOR (A los Amantes de Teruel). Por Andariego

 

                                    I

De ese amor que te di, que encadenaste
a su innoble condición y cobardía,
hoy, te reclamo el alma que un buen día,
cercana al corazón, abandonaste.
Si de su falso verbo confiaste,
de ahora en adelante desconfía,
porque era su ambición quien permitía,
que tú olvidaras lo que tanto amaste.
Y porque siento dolor en mi costado,
donde ha quedado hundida su imprudencia,
no perdono su infamia y su pecado.
Tendrá que recoger en su conciencia,
la cosecha de orgullo que ha sembrado
en el periodo corto de mi ausencia.

                                  II

 
Llamad a la noche con su oscuro velo,
que venga el silencio callado y desierto,
a calmar las dudas que tienen despierto,
mil noches de insomnio con gran desconsuelo.
Aliviad la pena y ese vano celo,
que envuelve sus mentes con gran desconcierto,
y ante la esperanza de un amor incierto,
cruce el corazón, sin odio y recelo.
El dolor que es grande, se extiende y se adentra,
como nieve pura en la rosa roja,
hoy, su fría cripta de mármol encuentra.
Los pétalos suaves del tallo despoja,
cuando ya cautivas, dos manos concentra,
en un firme lazo de eterna congoja.

Andariego

NIños grandes. Por Maribel Romero Soler


Querida Yolanda:
Sé que todos opinan que nuestro amor es un chiste, un juego de tontos, la burla que el destino tiene reservada a dos seres como nosotros, niños grandes, hombres y mujeres de algún planeta desconocido. Tú ya has cumplido los treinta, yo sólo tengo veintidós, pero no importa. La diferencia de edad no es la encargada de escribir la historia de amor entre dos pobres retrasados, esa historia la escriben los besos, los que nos robamos a escondidas en el patio del Centro Especial, a espaldas de los cuidadores, esos besos que encienden tus mejillas y ponen al galope mi corazón de hombre-niño. Y también la escriben nuestras manos, las que buscan intrépidas algún tesoro bajo la ropa e intentan alcanzar estrellas para crear un universo propio.
Nadie nos entiende, dicen que no hablamos bien, sin embargo utilizamos un lenguaje de sonrisas que desciframos sin dificultad. Qué importan las palabras cuando nunca fueron suficientes para arreglar el mundo. Prefiero tu boca, perfilada de manera nerviosa y con un lápiz demasiado rojo, boca de muñeca feliz, de las que se dejan maquillar con gesto amable y muestran después los dientes de colores.
Me gusta verte pasear por el patio como un torbellino de risas, con esas faldas estampadas que nunca combinan con las blusas. A nadie le preocupa cómo vista una tonta. Me gusta regalarte flores de cartulina: rojas, azules, amarillas, violetas… Las recorto con mucho cuidado para que no te pinches y te las entrego a escondidas a cambio de besos.
Qué diferente es nuestro mundo siendo el mismo que el del resto de los mortales. Mientras algunas personas oyen gritos, nosotros escuchamos música, una música imaginaria que nos invita a bailar agarrados por la cintura y con las frentes unidas como siameses enamorados. No sabemos de tecnología, sin embargo sentimos descargas eléctricas si nos rozamos la piel. Jamás escribiremos poemas, pero dibujamos corazones con el dedo índice sobre la tierra mojada, sobre el polvo que se posa por encima de los muebles o sobre el plato con azúcar en el que rebozamos las fresas. Nunca conduciremos un coche, pero jamás nos equivocaremos de camino. Quizás en ningún momento viajaremos en avión, pero nos deleitaremos cada tarde observando el vuelo de las aves migratorias. No nos preocupará la declaración de la renta, pero temblaremos como hojas movidas por el viento el día que uno busque al otro y no lo encuentre.
Querida Yolanda, desde que tocaste a las puertas de mi corazón soy todavía más feliz, he aprendido a soñar, a ponerme colonia en el cuello y sobre la ropa, a elegir cuidadosamente mis zapatos y a cogerle prestada alguna camiseta a mis hermanos mayores. He aprendido a mirar por la ventana y a ver en cada nuevo día una ilusión, y sobre todo he aprendido que nuestro amor no es un chiste, a pesar de que se haya convertido en el chascarrillo de todas las reuniones familiares. Nuestro amor es intenso como una lluvia de abril y profundo como el océano. Y yo, que ya no podría vivir sin tus besos prohibidos ni el calor de tus manos, sólo quiero que lo sepas. Con cariño.
Abel

Finalista del VI Concurso de Cartas de Amor convocado por la Biblioteca de Alcaudete (Jaén).

Maribel Romero Soler
Blog de la autora

El teclado. Por Dorotea Fulde Benke

No hace mucho compré un nuevo ordenador de sobremesa, una superoferta incluyendo el hard, el soft, el monitor con sus altavoces, ratón y teclado.

Ay, el teclado: los primeros seis meses aguantó mi prosa prolífera, mis poesías recuperadas de archivos ‘históricos’ si se aplica el rasero informático que convierte todo con una antigüedad superior a dos años en un ‘érase una vez´. Sin queja plasmó mis interminables mails en letras y palabras bien escritas, colaboró conmigo en trabajos de traducción, permitió que le conectase una tableta gráfica aunque invalidara los paseos de ‘su’ ratón. En fin, tuvimos un romance fructífero, sostenido y lleno de comprensión mutua cuyo recuerdo todavía me llena de ternura.

Sin embargo, un día se estropeó el portátil de mi hijo, y con el desparpajo del retoño único que considera que la propiedad privada no existe, salvo que se trate de objetos pertenecientes a él mismo, el heredero de la familia se trasladó a mi sobremesa, se bajó sus imprescindibles programas de captación de vídeos y música, y se hizo con mi ordenador para contestar mails y pasar ratos considerables en el Messenger. Solo furtivamente, a altas horas de la madrugada o en momentos somnolientos más propios de una siesta, pude seguir acariciando las teclas que antes eran mías y solo mías. Durante un tiempo, todo fue bien dentro de ese orden. Se estableció un matrimonio à trois, un trío-triángulo de uso y disfrute, hasta que el ordenador acusó sobrecarga y se ralentizó a pesar de que el doctor Norton me asegurara que no estaba infectado, que no había yeguada de Troya y que había desfragmentado el disco duro una y otra vez. Claro que el amigo Norton es especialista y no reconoce síntomas caseros: no supo diagnosticar las secuelas del toque de un jovenzuelo, infinitamente más duro que el mío, que golpea las teclas sin piedad siguiendo un sistema sorprendentemente veloz de cuatro dedos a la caza de la letra furtiva. Siendo un chaval de corazón generoso, además compartía las migas de sus bocatas con las teclas, y sólo mantuvo a distancia colas y sprites porque temía el grito de guerra de su progenitora temerosa de encontrarse con un teclado bañado en refrescos azucarados.

Entre la ingrávida coreografía de mis manos entrenadas en años de mecanografiar textos propios y ajenos, y el arrítmico tamborileo de los dedos fuertes y varoniles de mi descendiente, el teclado poco a poco iba tomando partido. Mi suavidad ya no le satisfacía como antes y lo expresaba con toda claridad: simulaba no reconocer las teclas apretadas por mí. Cuando pasé a un segundo nivel de velocidad y apremio, su reacción fue más sofisticada: los miércoles y los viernes se saltaba las vocales, los demás días de la semana, las consonantes, salvo el domingo cuando imprimía con docilidad cualquier cosa menos las terminaciones en –os o –as, una postura políticamente correcta por afectar por igual a ambos géneros, pero no obstante, irritante y confusa.

Por aquellos días empecé una novela, largamente meditada por mí, consultada con íntimos y extraños, prácticamente ya formulada en mi cabeza, incluso corregida en algunos aspectos: iba a ser una novela relámpago, vista y no vista, escrita sin titubeos. El teclado, sin embargo, no consiguió entrar en el tema. Para empezar, cogió manía al nombre del protagonista – Mateo – y le puso una ‘a’ de regalo que se coló en todas las posiciones que le ofrecía ese corto e inofensivo nombre.

Escribí un resumen general y quise pasar a detallar el carácter de Mateao que era lo que tocaba en un primer lugar. El teclado, disconforme al máximo con mis explicaciones, se opuso a su manera, cambió a mayúsculas consiguiendo que me chillasen mis propias frases, me hizo escribir en color blanco, solo admitía cursiva a partir de las tres de la tarde, y finalmente se bloqueó entero y tuve que reiniciar para solucionar el problema. Apretando dientes y teclas, resalté ágilmente el párrafo en blanco y cambié a voluntad al color azul. No reconocí el texto que apareció, pero aún así me impresionaron las letras asiáticas que el teclado utiliza desde entonces sin que nadie –ni los superdotados de la tienda de ordenadores– hayan podido modificar o corregirlo.

Me acabo de comprar un portátil para mí solita, pero mi hijo ya me ha anunciado que me lo cambiará por el suyo cuando esté reparado, porque considera que ese último modelo estará con él en mejores manos, ya que últimamente parece que tengo más problemas que antes con la informática…

Dorotea Fulde Benke
Blog de la autora

Cuando se acaba la magia. Por Felisa Moreno Ortega


Mira en tu bolsillo, me dijiste, y saqué una rosa. Desde entonces supe que no podría vivir sin ti, sin tu magia. Me revelaste tus tretas de ilusionista, pero yo estaba convencida de que eras un mago de verdad y de que, algún día, me llevarías a dar un paseo por las estrellas. Nunca faltaron rosas, ni pañuelos de seda de mil colores en mis bolsillos de niña ilusa. Surgían de la nada y me ponía colorada cuando alguien descubría que habían nacido flores en el forro de mi chaqueta.

Me crecieron alas en los pies. No andaba, flotaba sobre una ciudad distinta, cuajada de luces y expectativas, una flor abierta a mis ojos, que ocultaba la suciedad y el ruido cotidianos. Si algo enturbiaba mi alegría, al más mínimo contratiempo, sólo tenía que acordarme de ti, de tu sonrisa. Entonces metía la mano en algún hueco de mi ropa y hallaba una flor que me recordaba que siempre estarías a mi lado, para comerte, con tus labios siempre ávidos de besos, mis dudas y mi incertidumbre.

Viajamos en el tiempo, tú fuiste Romeo y yo Julieta, Adán y Eva miraron envidiosos nuestro amor y quisieron salir del paraíso para sentir la llama que nos incendiaba cada noche. Que fluía de mi cuerpo al tuyo y viceversa, para nunca apagarse, manteniendo inflamada nuestra pasión. ¿Cómo podía yo reparar, en medio de ese fuego, en los pequeños detalles, en los breves indicios de tu posterior transformación? Acortar los escotes y alargar las faldas apenas era una ridícula muestra de mi amor, lo mínimo que podía ofrecerte a cambio de tus atenciones.

No recuerdo cuando se acabaron las rosas, los sonetos y las palabras dulces. No sé. Se me rompió la memoria y no consigo recomponer los pedazos. No sé donde se fue el mago que me hacía volar cada noche, tan cerca de las estrellas mientras devoraba las flores de mis pezones, aderezadas de locura y pasión.

Se lo comió el otro, el que no tiene alma, el que viste de negro y no saca conejos de la chistera, sino golpes y humillaciones. oco a poco, te fue desplazando, hasta dejarte confinado en uno de tus trucos, te hizo invisible para apropiarse de tus tretas, y de mí.

Nunca pensé que tendría que decirte esto, presento mi dimisión como ayudante de mago, ya no puedo encogerme más para que salga bien el número de “somos felices”. No puedo comerme tus ofensas, ni aderezadas con los pétalos de las rosas que me regalaste porque se han podrido en mi alma. No me quedan fuerzas para sonreír cada día, ni para disimular, tras unas gafas de sol, las flores moradas que siembras en mis ojos.

Nunca más tuya
Amanda.

(Relato seleccionado como finalista en el Certamen de Cartas de Amor de Alcaudete, honor que comparto con Maribel Romero, y con Lola Sánchez Lázaro, compañera del taller literario El Desván de la Memoria. Será una gran alegría compartir libro con las dos.)


Felisa Moreno Ortega
BLOG de Felisa Moreno

DeclarArte a Clara Oroz . Por Haddass

DeclarArte

 

   DeclarArte Es una iniciativa que la pintora Clara Oroz ha impulsado. La maravillosa internet, (Cristina Bernad dixit), nos proporciona muchas veces la posibilidad de contactar con talentos creativos, dejarnos llevar por ellos y, en la distancia física, sentirnos acogidos calurosa e intensamente. En el proyecto se explica: «La autora propone en forma de evento esta propuesta para crear a partir de rasgos de personalidad, gustos, aficiones, colores, música… registrando todo el proceso y subiéndolo más tarde en youtoube para que el internauta que lo desee tenga acceso abierto.
De este modo, la autora, consigue una comunicación que considera indispensable para completar el proceso de intervención sujeto-autor-obra-receptor-sujeto

   Pues bien, con unas pocas palabras que le mandé por correo sobre mí, Clara Oroz me ha devuelto esta maravilla. Creo que merece la pena DeclarArse a esta pintora que sabe asombrar con su ARTE y la pasión que pone en él.

 

   Os dejo también el proceso de creación en video. Con la musica guiando el dibujo incluso me emociona, esta canción, los que me conocéis bien, sabéis lo que significa para mi. La mezcla con estas imagenes es toda una explosión de emociones en mi mente y mi corazón.
Mil gracias Clara, ha sido una experiencia deliciosa y la espera ha sido un segundo leve teniendo en cuenta que este cuadro estará conmigo todo el futuro.
Un grandisimo abrazo.

Luisa Núñez (hoy, haddass, envuelta en otras magias)

Puedes informarte de como DeclarArte en el BLOG de Clara Oroz.