Imitando a Ernesto. Por Susana Álvarez


Y los muros de este infierno serán, así, cada día más herméticos. Averno construido de miedo y desconfianza. Asentado sobre los cimientos de la traición. Sellado con odio. Custodiado por tu propio Leviatán.
La sinrazón, la locura, los delirios, la ponzoña, el veneno que corre por el laberinto de tu cuerpo te corroerán. Arderán tus entrañas. Gritarás, suplicarás. Lagrimas ácidas descarnarán tu piel. Desgarrarás las uñas escarbando. Las astillas llenarán tus ojos. Las cuencas te saltarán. Quebrarás tu voz implorando. Y la tierra llegará hasta tus pulmones. Te ahogarás.
Impasible, desde el exterior que es tu interior, disfrutaré con tu agonía. Oleadas de placer recorrerán mi cuerpo. Gozaré. Mi espalda se arqueará. Mi sangré fluirá con fuerza. Mis labios se ensancharán. Mis pechos rebosarán. Y mientras llego al clímax, tus pulmones reventarán.
Tu lecho de madera, cubierto de rojo. Flores para tu despedida. Llantos fingidos. Sofocos, me desmayo. Gozo…
Sé que me podrás ver, mientras escupes larvas. Encumbrada en la cima del odio más supremo. Luto mortal. Pero no te equivoques… Mis sollozos serán risas histéricas que romperán tus tímpanos. El pañuelo que limpie mis ojos, tu mortaja. Sólo a ti te corresponderá temblar bajo la mirada de una mente extraviada en los entresijos de la decepción más cruel. Sólo tú. Para ti. Con mi dedicatoria. Para ti. De mí. Por ser tú.
Dormiré sobre tu lápida. Noche tras noche, me regocijaré en la orgía de tus huesos putrefactos. Tú pelo servirá de escoba de algún gusano hacendoso. Tus dientes, rodarán bajo las patitas del insecto de turno de guardia. Con el paso de los años regresaré. Una noche cualquiera. Violaré tu última morada. Escarbaré tus asquerosos restos. Una pala. Una bolsa. Tierra.

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.- No sé que les haces a estos rosales que cada primavera lucen más hermosos. Jamás había visto un rojo tan intenso.
.- Gracias madre. Es vital elegir la tierra adecuada.


Susana Álvarez

Dadme un color. Por María Dolores Almeyda

Dadme

un color de todos cuántos tiene el arco iris.

Algún perfume de todos los que desprenden la primavera,

alguna sensación de las que van dejando atrás las estaciones,

alguna luz de todas cuantas destilan los otoños…

Dadme

Una casualidad, una intemperie,

un huracán que arrastre sólo impertinencias,

una visión fugaz de dios –que no una aparición ni una videncia-.

Una fragilidad, un abandono que amodorre

el fuego febril de la contienda,

un despilfarro lento y comedido de felicidad

-para que dure más tiempo y no se extinga nunca-

Dadme

un sinónimo de contratiempo (estrago a la esperanza

que repliega sus alas inventadas y desperdiga su afán y su contexto

sobre cualquier estercolero sin futuro) — más-menos–.

Algún lastre que no impida el movimiento,

una lectura que vulnere la inocencia,

una talla sin brazos colgando desde el techo,

-postura irracional de la escultura-.

Dadme

algún amor de esos que se inventan las leyendas,

alguna insólita amanecida inexplicable,

algún atolladero por donde pueda pasar la incertidumbre,

una hora holgazana que duela a la conciencia (que no le duela nada)

en el dilatado resumen de una extensa modorra

a la hora bendecida y escasa de la siesta.

Dadme

algún necio imprudente y su cerilla eterna,

un congreso mundial de machos de occidente

-presuntos homicidas libres para matar-,

alguna atrocidad besando otra locura,

una noche sin luz invocando a la luna,

un autor de teatro redactando esquelas mortuorias,

y un río, un apacible río sosegado dormido a la serena,

junto a la luna que antes invocaba la noche, jugando a ser la muerta…

Dadme

alguna sociedad libre de culpas.

algún culpable dispuesto a confesar,

alguna pestilencia que hizo historia,

algún sentido que se dé a la noria

aparte de girar, girar, girar…

Y volver a comenzar buscando algún color

de todos cuantos tuvo el arco iris,

algún perfume que se pueda retener en la memoria…


María Dolores Almeyda
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Es de locos. Por Miquel Segovia Aparicio

Estar loco
enamorado de la brisa,
del aire que respiras,
del celeste cielo que te cobija…

Estar desuerdo
cuando te miro y te poseo
al momento y…
al instante te valatizas.

Quedo descentrado
Te recuerda mi cuerpo
más que mi cabeza.

Tu espíritu y…
tu cuerpo, si van al unísono,
porque saben has abusado de mi.

Miquel Segovia Aparicio

«Del libro de poemas del mismo autor,
«Barrotes en el jardín»

De papel. Por Luis Oroz

(A mis hermanos)

Éramos de papel…
al empaparnos
se hacían transparentes los temores
y una mano cualquiera era capaz de rasgarnos por dentro.

Podían escribir sobre nosotros
un discurso de amor
o emborronarnos
con la tinta de todas las mentiras.

Éramos de papel porque teníamos la blancura en el cuerpo,
y un silencio nostálgico
colgado de una infancia de madera.

Así fuimos creciendo,
como páginas
que disuelven su voz entre los dedos,
apilados,
unidos,
sujetando ese peso que no pesa
cuando acunas en brazos kilogramos de ti.

Por eso no podemos escribir sin acabar dormidos
sobre la irrealidad que nos dibuja,
sin regresar al árbol del que fuimos arrancados de cuajo.

Éramos de papel,
como de músculo son ahora los bordes del poema
que nos vuelve a reunir.

Una textura inversa que no sabe de física,
pero que vuelve siempre y nos recuerda
que fuimos de verdad,
que nos leímos,
que aprendimos idiomas indirectos
para decirlo todo.

Y que también ahora,
cuando el tiempo ha dejado amarillas las palabras,
nos dejamos llevar en otros libros
para que todos sientan esa locura táctil,
la que se arruga ahora
en cómplice humedad con tu silencio.


Luis Oroz
Blog del autor

El regreso. Por María José Moreno


Sólo quedan dos días para regresar.

Mi alma protesta con una infinita congoja que paraliza mi respiración en un suspiro entrecortado y llora con lágrimas retenidas que aportan un brillo especial a mis ojos, que intento disimular. Me debato ante la decisión que he tomado de volver. Podría no hacerlo, esperar un tiempo, pero al final daría igual. Volvería a este mismo punto en el que hallo, con la misma angustia atrapada en la garganta y el miedo transpirando por poros de mi piel.

Sólo quedan dos días para regresar.

Te abandonaré y ello me produce un hondo sentimiento de culpa. Sí, lo sé muy bien. No debería tenerlo. Simplemente, las circunstancias han cambiado y no me queda más remedio que adaptarme. En la teoría es fácil decirlo; el problema radica en llevarlo a la práctica. Y ahí, me doy cuenta de que no me siento preparada, que mi omnipotencia era ilusoria y que en el fondo me carcome la culpabilidad por el desamparo en que te dejo. O lo que es peor, la sospecha de que deposites tu amor en esa otra persona que estará a tu lado, con lo que añado a la culpa, el fantasma de los celos

Mi amor, muy pronto no formaré parte de cada uno de tus instantes; no te cubriré de besos a todas horas; no percibiré el incesante galopar de tu corazón sobre mi pecho; tampoco compartiré contigo el tiempo de alimentarte, ése que nos llena de placer; ni velaré tu sueño en el que tus mejillas se tintan del color de las manzana rojas. No podré responder a tu llamada y llenarte con mi amor cada vez que lo necesites.

Sólo quedan días para regresar al trabajo. Se termina la baja maternal.


María José Moreno
http://blogdemjmoreno.blogspot.com/

Dime, ¿qué tiras al agua? de Alberto Cortez. Por Brujapiruja

Dime, ¿qué tiras al agua?

«Dime, ¿qué tiras al agua?.
Un público desconsuelo
y una secreta esperanza.
Lágrimas que no son mías,
recuerdos y madrugadas;
remordimientos antiguos,
palabras…, muchas palabras
que por dichas, no conviene
recordarlas…
Y tú, ¿qué tiras al agua?.

Trabajos mal terminados,
canciones inacabadas,
nombres de malos amigos,
dudas y dos o tres cartas
malamente concebidas
y escritas enhoramala…
Dime, ¿qué tiras al agua?.

Silencios, muchos silencios,
desgracias, muchas desgracias,
desabridas actitudes,
iras injustificadas,
tiempo inútil perdido,
deudas que nunca se pagan,
tristezas no comprendidas,
hambres, miserias humanas,
vergüenzas inconfesables,
limosnas no confesadas,
consejos paternalistas,
éxodos de casa en casa,
y una desconsoladora sensación
dentro del alma.
Y tú, ¿qué tiras al agua?.

Desatinos, desacuerdos,
mentiras innecesarias,
traiciones no cometidas,
promesas no consumadas,
falsos credos, diferencias,
hipócritas alabanzas,
prejuicios imperdonables,
conclusiones temerarias,
resentimientos oscuros,
frases desafortunadas.
Mi vida, mi vida entera,
¡mira cómo se la lleva el agua!.
»
Alberto Cortez
Página web de Alberto Cortez

Una preciosa canción y uno de mis poemas favoritos.
Podéis visitar la página de Alberto Cortez donde tiene toda su obra.
Abrazos
Brujapiruja