Cambios. Por Marisol Oviaño


La seguridad se acabó para mí cuando tenía seis años y me pusieron un parche en el único ojo por el que veía.

Pasé de ser una de las niñas líderes de la clase, a esa pobrecita que volvía del recreo pasando la mano por paredes. Mi madre, que me había protegido de todo hasta entonces, no podía protegerme del desprecio de los demás, de mi sufrimiento. Pero no me quejo, gracias a eso soy escritora: mientras todas las demás corrían en el recreo, yo me quedaba en un rincón imaginando mi propio mundo.

Durante años me acostumbré a ser la cuatro ojos, la pirata. No acababa de encajar en ningún grupo: tenía demasiado sentido del humor para estar con las perdedoras; sacaba buenas notas, pero no tanto como para estar entre el grupo de las empollonas, tenía demasiados notables para estar en el grupo de las gamberras, era demasiado torpe para estar en el grupo de las deportistas y mis horribles gafas de pasta me expulsaban para siempre del paraíso en el que vivían las guapas.

A los quince años, después de llevar diez en el pelotón de las feas, me crecieron las tetas y dejé de ponerme las gafas a todas horas. A lo largo de mi vida he sido lista, tonta, fea, guapa, flaca, gorda, soltera, casada, divorciada, rica, pobre, joven y madura. Y, si no muero antes, pronto seré vieja.

La vida es cambio perpetuo.
Aunque nos dé miedo.


Marisol Oviaño
proscritosblog.com

Tus ojos para. Por Yolanda Sáenz de Tejada

Yolanda Sáenz de Tejada

siempre he envidiado tus pestañas,
quizás porque siempre me he enredado
en ellas…

Tus ojos para
columpiarme,
para clavar mi
lengua en
su iris y
elevarme a los
más dulces
infiernos.

Tus ojos para
matar,
para estrangular mis
gritos y
que no nos
oigan
(a la hora de la
siesta)
los vecinos.

Y tus ojos para
vestirme
(o al contrario)
y para,
si alguien me
revienta con
su odio
los ovarios,
llorar
contigo.

Tus ojos
para mí,
sólo para
mí,
para vivir
(con ellos y
contigo)
dentro de mi
vestido.

Yolanda Sáenz de Tejada
Colaboradora de esta Web en la sección
«Tacones de Azucar»

Blog de la autora

En el país del «ensueño ideal». Por Mar Solana

Un buen día, Soberbia e Ingratitud, cansadas de dar vueltas siempre por el mismo sitio, llegaron a un curioso lugar en donde el sol refulgía con fuerza y no asfixiaba. El cielo, de un azul interminable, se precipitaba sobre las casas como una bóveda protectora. Allí, lo diferente no llamaba la atención, se integraba con naturalidad en el irregular conjunto de los ciudadanos que lo habitaban. Algunos tenían alas, otros grandes hocicos en lugar de nariz y la mayoría exhibía un cuerpo tan peculiar como el de los monstruos que pueblan nuestros sueños.
Soberbia e lngratitud no tardaron en percibir una tranquilidad imperante que no se parecía en absoluto a la que antecede a una tormenta, aquella invitaba a quedarse, a saborear cada bocado de aire sintiendo la tibieza del sol en la piel. Soberbia continuaba enfadada, a la defensiva ante cualquier gesto que no fuera la ira o la arrogancia. Su compañera, Ingratitud, era incapaz de percibir todo lo bueno y hermoso de aquel sitio recién descubierto en su peregrino recorrido. Un caballero de mediana edad se acercó hacia ellas. Su porte robusto zarandeaba al caminar un bastón de baquelita y una capa negra ondeaba al son de sus pasos, lánguidos y sibilinos. Se detuvo ante ellas, su mirada se proyectaba a través de unos ojos oscuros como el azabache:
?Hola, me llamo Miedo ?les espetó sin más preámbulos.
Como es natural, Soberbia se sintió enojada, mientras Ingratitud le observaba con desdén. Ambas comenzaron a inquietarse.
?Me marcho de este país, no he podido convencer a nadie. No son vulnerables a la dependencia, al apego o a la esclavitud. Aquí se gobiernan a sí mismos y no necesitan leyes para convivir en paz. Cada uno sabe lo que está bien y lo que debe hacer en cada situación. Y como son todos a cual más distinto, nadie necesita de mis servicios; lo extraño y diferente no sólo es aceptado, es aplaudido con amor. No se hacen daño entre ellos y cualquiera, por el hecho de estar delante de otro, es acogido con entrega y respeto. Por eso todos mueren de viejos, de forma natural…La familia Crimen, Enfermedad y Dolor acabó en la más absoluta de las soledades, rechazados y apartados se dispersaron, pues nunca encontraron su hueco. Todo el mundo tiene un sitio para guarecerse y nadie está solo si no quiere estarlo.
?Pero… ¡habrá guerras, por supuesto! ?exclamó altanera Soberbia.
?Y hambre… pues cuanto mejor alimento da la tierra, más maltratada y menos respetada es si yo estoy cerca ?coreó Ingratitud satisfecha.
?Hambre murió siendo apenas un bebé; al tam tam de una solemne ceremonia le dieron sepultura bajo los mantones de la fertilidad, que la sigue vigilando con celo para que no se le ocurra resucitar ?les explicó Miedo, contundente?. Y así, sobre la tumba de Hambre, cada uno aprende a cultivar sus propios alimentos. La tierra es profundamente venerada con mágicos y ancestrales ritos y las cosechas son siempre abundantes para todos. Y en cuanto Guerra… Atraído por su llamada llegué hasta aquí, esperando encontrar a mis queridos hermanos, Angustia, Odio y Muerte, ¡mis compañeros de batallas!…Los tres perecieron estrangulados bajo las garras de cientos de besos y miles de cálidos abrazos. Ya no existen grupos o enfrentamientos, pues la división atraería de nuevo a todos los amigos y familiares de Desolación que volverían a ajar la tierra y a asesinar a Fertilidad. Sólo existe la Gran Hermandad.
?Siempre habrá algunos que sufran…?añadió Soberbia haciendo gala de una dignidad casi teatral.
?Nadie es feliz si existe una sola persona sufriendo, su alta sensibilidad lo percibe y acuden a socorrerle. La ayuda fluye como una caudalosa y límpida corriente de río. La soledad sólo existe si es deseada y siempre hay unos que enseñan a otros a manejar el timón de la vida; el aprendizaje y las lecciones se van encadenando… Aquí sólo lloran en las despedidas, cuando alguien cruza el umbral de la muerte.
?Seguro que no todos dan lo que pueden o no agradecen lo que deberían ?apostilló Ingratitud con desafección y frialdad.
?Todos comparten su vida por igual y dan a quien y lo que consideran oportuno en cada momento, sin esperar nada a cambio. Dan porque nace de sus corazones. Egoísmo y Manipulación no se sintieron cómodos aquí y huyeron muy pronto, se marcharon heridos y demacrados por los espontáneos y generosos gestos de Amor.
? ¿Y cómo se llama este lugar? ?interrogó Soberbia a Miedo.
? Es el país de Ensueño Ideal En este país, las profesiones más importantes son las de campesino y cuentacuentos. Siempre trabajan en grupos y no existen los entretenimientos en solitario como la televisión o los ordenadores. Han vuelto a la ancestral costumbre de reunirse para conversar, contar y escuchar cuentos, fábulas y leyendas. En invierno, alrededor de una generosa hoguera, mientras asan castañas y boniatos. En verano, auspiciados por la sombra de los árboles, mientras comen fruta fresca, bayas y piñones…Por cierto, ¿quiénes sois vosotras?, ¿qué buscáis aquí??quiso saber Miedo.
?Ella es Soberbia y yo soy Ingratitud. Estábamos cansadas de la rigidez de nuestras vidas y decidimos emprender camino para buscar a nuestros padres. Soberbia, a su madre Tolerancia; y yo, a mi padre Perdón.
?El sabio matrimonio formado por Perdón y Tolerancia viven satisfechos y en paz en aquel apartado castillo de la colina del Draco. Ellos ya no los necesitan, pero les agrada saber que aún siguen cerca…nunca se sabe ?concluyó Miedo en tono misterioso intentando hacer gala de su condición. Con una oscura y sinuosa sonrisa se volvió hacia las nuevas visitantes, iba a preguntarles si querían hacer parte del camino con él…Pero Soberbia e Ingratitud ya se habían alejado de su lado y comenzado a escalar la empinada y tortuosa colina que llevaba al castillo de Perdón y Tolerancia.

Villalba, 23 de abril de 2010.

Mar Solana
Blog de la autora

Ya me sobra poco tiempo. Por Iben Xavier

Iben Xavier

La luz del navío se aleja al esfumarse entre las olas
y no puedo más alcanzarla en mi delirio.

Las cosas nunca más serán como antes fueron,
los relojes aceleran su rotación impaciente.

En mi camino no existe sitio para el reposo del guerrero,
debo continuar aunque necesite luchar contra mi cuerpo.

Esta es una batalla desigual contra un péndulo de arena,
si parto ahora te perderé en medio de la bruma,
si permanezco inmóvil me tragará la tierra.

No atrases entonces tu llegada antes que me vaya,
ni vengas para dejarme del lado oscuro de la luna.

Ya me sobra poco tiempo, te lo digo.

Iben Xavier

ANADANDO LA VIDA. Por Betty Badaui

Betty-Badaui

¿Cómo explicarte, cielo encanecido
que se va fragmentando la frescura,
que estos días transitan con premura
y el ave va quedando sin su nido?

¿Cómo asombrar los ojos?, si el olvido
es quizás la fatal abreviatura
del compendio total de la amargura
que dejó en el presente su tejido.

Del barro original hasta estos días
los ángeles sin tierra se enloquecen
y dejan sin azules el camino.

Andando por desiertos y por vías
descubro en cada huella cómo crecen
los huecos, en las frutas del destino.


BETTY BADAUI
Argentina
BLOG de la autora

Recital de Raquel Lanseros. Por Canal Literatura

Bendita Alegría

Te confunden con otras, alegría:

Ingenuidad, simpleza,

                Candidez

                               Inocencia.

Te subestiman con diminutivos

                sucedáneo de la felicidad

                               eterna hermana pobre de la euforia

Parecen no acordarse de la helada rutina,

                cuando las insistencias se vacían de sangre

                y el espanto aprisiona como un despeñadero.

No recojas el guante, te lo ruego,

olvida el dasafío que lanza la ignorancia.

No nos dejes perdidos en medio de qué océano

sin tu luz, alegría,

                la de las manos anchas

                la que convierte el alma en lugar habitable.

Desatiende el rumor de las trincheras,

la retórica vana de los oportunistas.

Tú eres el destilado de libertad más único,

el orgasmo espontáneo del espíritu.

Bienhallada alegría

                la pura de sabor

                la complaciente

tú que vives y reinas en el tuétano limpio

ahora y en el albor de toda hora

quédate con nosotros.

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A las órdenes del viento

Me habría gustado ser discípula de Ícaro.

Hubiera sido hermoso festejar

                               las bodas de Calisto y Melibea.

Me habría gustado ser

un hiíta ante la Reina Nefertari

el joven Werther en Río de Janeiro

la deslumbrante dama sevillana

                               por la que Don José rechazó a Carmen.

Yo quisiera haber sido el huerto del poeta

                                               con su verde árbol y su blanco pozo

el inspector fiscal

con el que conversara Maiakovski

Me hubiera gustado amarte. Te lo juro.

Solo que muchas veces la voluntad no basta.

Raquel Lanseros
Del libro Croniria XIII Premio Internacional ‘Antonio Machado en Baeza’ publicado por Hiperión. Madrid, 2010