La dulce envenenadora. Por Brisne


Linnea se sintió a la vez avergonzada y aliviada por el repentino fallecimiento de aquel joven desalmado.

-Gracias a Dios, al final has recibido tu merecido.

Arto Paasilinna nos presenta en ésta dulce envenadora una coronela retirada Linnea Ravaska acosada por un grupo de jóvenes encabezados por su sobrino Kauko Nyyssönen, alias Kake y sus amigos Jari y Pera. Estos jóvenes hacen la vida imposible a la pobre coronela que aspira a morir de un modo temprano y librarse para siempre del acoso de semejantes energúmenos.

El acoso la llevan a trasladar su residencia y a preparar un potente veneno con el que quitarse la vida en caso de volverse a sentir acosada, la mala fortuna hace que cada uno de los tres pierda la vida. Dos al administrase por error una dosis de veneno que Linnea tenía preparado para ella y su sobrino por un desgraciado golpe de remo en la cabeza. ¡Las cosas que tiene la vida!

El libro, como todos los que he podido disfrutar de Paasilinna es un libro en el que la carcajada acompaña la lectura, puede que junto con Delicioso suicidio en grupo sea de los más divertidos, pero soterrada una crítica social a la sociedad finlandesa también nos encontramos. Los problemas de una juventud alcohólica y demasiado acostumbrada a vivir de lo que el estado les proporciona. Una policía inactiva. Estos jóvenes delincuentes viven entrando y saliendo de prisión y atemorizando a vecinos , comerciantes e incluso familiares, sin que se pueda hacer nada por evitarlo. ¿Les recuerda a ustedes algo? ¿Quizá suceda lo mismo aquí en España, también?

Yo me he reído mucho. Leánlo si quieren.

Brisne
Blog de la autora.

El pasado. Por Almudena Aibar Hidalgo

«En ocasiones el pasado vuelve a ti de forma inesperada y te sorprende con emociones olvidadas, que creías enterradas para siempre en algún rincón desconocido de tu subconsciente.Son esos momentos de reencuentro los que nos ayudan a recuperar la propia historia olvidada, dándonos la posibilidad de revivirla con nuevos ojos, a la luz de lo que entonces era un inesperado porvenir y ahora un pasado conocido.»

Almudena Aibar Hidalgo
Escritora

Nombrando las cosas. Por Yolanda Sáenz de Tejada

Yolanda Sáenz de Tejada

Siempre
le puse nombre
a las cosas.
Al coche,
al ordenador,
a los insectos,
a mi máquina de coser…

Nombrando las cosas,
las invitamos a vivir.

Ahora los anoto
(los nombres)
y los guardo
en un apartado
que se llama:
untrocitodemí.

Dentro hay muchos.
Hay por ejemplo uno
que me encanta:
Corazónsuburbio.
Así, todo juntito,
para que las palabras
se restrieguen unas
con otras.
Se mezclen, se amen,
se toquen los sexos
sin vocales;
se empalmen,
se vuelvan
grandes…

Pero al final
siempre me falta uno:
el tuyo.
Aún no me
he atrevido
a nombrarte.


Yolanda Sáenz de Tejada
Colaboradora de esta Web en la sección
«Tacones de Azucar»

Blog de la autora

Una piedra en el camino. Por Ángeles Nava Martínez

Bromeando, bromeando, le dije a una amiga que hablaría en el blog sobre la piedra que traigo atorada en la uretra. Pero ahora lo hago realidad. Ella me cantó la canción: “Una piedra en el camino, me enseño que mi destino era rodar y rodar…” a lo cual, le cambie las palabras, “era aguantar y aguantar”. Pues cuando el dolor no quiere cesar ante ninguna posible solución inmediata, sólo queda eso, aguantar. Después, uno puede buscar alternativas, pero en su momento hay ciertos dolores que enloquecen. Me siento como el grillo de Richard Wilburn que parecía bamboleante coche fúnebre y se arrastraba por la hierba seca, a lo que agrego: Se arrastra, pero aún vive, algo sacude su vida, pero resiste, es frágil como cualquier insecto, pero fuerte porque aún no muere, la hierba esta seca, pero siempre existe la posibilidad de que vuelva a renacer.
Vivimos buscando el yo ideal que contrasta con el yo real, vivimos idealizando siempre, buscando aquello que es mejor y más bello que la realidad, como la guatemalteca que se suicido por amor, en los versos sencillos de José Martí. Porque cuando somos jóvenes somos como una articulación positiva, siempre actuamos hacia adelante, nuestro corazón es limpio y lo creemos imperturbable. Seguramente con los años no se hubiera quitado la vida o hubiera cambiado la imagen de su enamorado; si hubiera leído a Robin Norwood por aquella época, hubiera aprendido a quererse primero a sí misma; y si le hubiera tocado vivir en la época cibernética, hubiera conocido fácilmente algún prospecto que la consolara del desengaño y una serie de cosas que sólo caen en el hubiera.
Seguramente el dolor que produce un fuerte choque con la realidad, a veces nos hace, ya no sé si valientes o cobardes, pues de un concepto a otro hay tan poco espacio, y… ¡Otra vez la ambivalencia! ¡Vaya Vaya!.
Erich Fromm dice en su libro “El amor es un acto de fe, y quien tenga poca fe, también tiene poco amor” Por otro lado, Bernabé Tierno dice: “No hay problema que con bastante amor no se pueda sanar” Entonces, la muchachita pudo haberlo seguido amando aún con el desengaño, pues, como dice el Dr. Miguel Ruiz “El amor es una cocina mágica a nuestro alcance” Nunca más tendremos hambre. Empero, la guatemalteca si que amó como pudo, a quién pudo y todo lo que pudo, sin preocuparse sobre la finalidad de su amor, pareciera que hubiera leído las frases de Amado Nervo.
La capacidad de amar, ¿consistirá entonces en el anhelo por lo más sublime, elevado y ultra humano que existe? Erich Fromm dice que el Amor es una necesidad profunda y universal del hombre. Creo que ambas cosas están relacionadas, y que a menudo hacemos copias burdas, de lo que en realidad es el amor, intentamos, ensayamos y a medida que crecemos aprendemos un poco más o de plano no entendemos nada. O amamos en realidad pero vivimos enredando el amor entre meras combinaciones mortales. Porque de hecho, podemos destruirlo cuando así lo queramos, cuando la sociedad nos lo imponga, la cultura nos domestique o cuando nuestras conveniencias económicas políticas o sociales así lo planeen (como las del autor de los versos sencillos) y reducirlo todo a olvido, a nada, a hierba seca. O tal vez se aferre a existir por el simple hecho de seguir una especie de llamado con toda la energía de nuestras viseras, porque hay un estimulo interior que nos mueve, como a la guatemalteca, que al morir (ella) se aferra a que viva (su amor). ¡Y vaya vida! Porque finalmente ella está muerta, una total contradicción. ¡Eh ahí la diferencia! ¡Libre albedrío! ¿Seremos capaces de amar tan sólo porque así lo decidimos? ¿O tiene cabida una fuerza indescriptible que surge espontáneamente? O sucede como en el embarazo de cualquier mujer ¿Quién realiza la transformación? ¿Ella o los miles de años de evolución? O como pregunta Paulo Coelho en sus libros ¿Hasta que punto podremos determinar nuestro destino? Creo firmemente que son dos fuerzas presentes que se complementan, ambas son necesarias para que se dé el “acto de magia”. Por lo tanto el Amor es una fuerza que podemos desarrollar o atrofiar según nuestra decisión. Lo cierto es que cuando nace puede ser tan explosiva como el big-bang, del caos, nace el orden, y en ese orden hay ciertamente amor, porque que de la nada, creó, porque de la nada dio vida, y otra cosa es que el orden se encargue de nuevo de crear otro caos, únicamente para comprobar que el orden fue mejor.
Por otra parte los dolores a veces duelen más allá de un grito que desgarra los órganos. Pero como dice mi maestra: Una vida sin problema nos vuelve un ser anodino, insustancial. Por consecuencia entiendo que los problemas nos vuelven esenciales, importantes, trascendentes. En este caso, el dolor nos hace traspasar la frontera donde hemos llegado a respirar el aire de los misterios que traemos adheridos en la sangre y en el alma. Por lo que, ¿Quién atisbará por encima de los misterios del amor? Indudablemente, quién lo viva, sólo quién lo viva. Y…¿Qué tiene que ver la piedra con el Amor? Eso, el anhelo de la vida perfecta, el dolor que nos acerca o nos aleja de nosotros mismos y en otro sentido también de los demás. En que mis días han sido tan asfixiantes y febriles, que se me ha desparramado la información y la lectura de otros días.

Ángeles Nava Martínez

Relatos,recuerdos e historias que contar. De Alberto Martín García

El libro

“Relatos, recuerdos e historias que contar” es el primer libro de Alberto Martín García. En esta obra podremos disfrutar de una amplia recopilación de encuentros casuales, anécdotas divertidas, recuerdos imborrables, y críticas sociales camufladas entre pasajes tan ficticios como reales y siempre con un denominador común: las personas con las que el autor se ha cruzado de alguna manera a lo largo de su vida.
Conversaciones inolvidables, miradas que guardan secretos que nunca se revelarán, libros y canciones que esconden en sus letras mágicas experiencias… son algunas de las influencias del escritor que, a través de veintisiete capítulos, nos abre la puerta y nos invita a ser partícipes del mundo que le rodea.

El Autor

Alberto Martín García (Segovia, 1982). Su necesidad de expresarse a través de la literatura le llevó en 2008 a crear en Internet el blog “Con A de Aprender”. Periódicamente fue escribiendo textos que hablaban de acontecimientos y personajes realmente extraordinarios. La gran acogida que recibió le animó a continuar este proyecto y a publicar con Círculo Rojo las historias que fue relatando.

Ediciones Circulo Rojo

Manos al viento. Por Juan A Galisteo (Galeote)

Manitas de los niños,
manitas pedigüeñas,
de las flores del campo
sois dueñas.
Sois dueñas del abismo,
del cielo y las estrellas,
de la luna y los mares,
de las playas y arenas.
Sois, en fin, un sentido
de amor y de nobleza,
que necesita el hombre
para abrir esas puertas
a la fe, a la esperanza,
y a tantas cosas buenas,
que tan solo se abren
en los días de fiesta.
Manitas de los niños,
con llanto de tristeza,
que llamáis temblorosas
a mi puerta de rejas.
¿Teméis justificaros
acaso de pobreza?
o ¿debéis dar alguna
razón, si es que la hubiera,
por caminar descalzos
mil senderos de piedra?
¡No gritéis al silencio
favores ni clemencia,
que el viento, es sordo y mudo
y no entiende de quejas!
Sin conocer la vida,
su egocéntrica esencia,
sin conocer el mundo
marcado de insolencia,
sois grandes, por ser chicas,
sois fuertes, por ser tiernas,
y aún, sin estar limpias sois,
¡lo mejor de la Tierra!
Manitas de los niños,
que a cara descubierta,
denunciáis la mentira
y el afán de riqueza;
la infamia y el sofisma,
desgarrarán las venas
de un orbe encanallado,
sediento de grandeza
Siendo nobles de encanto
y por naturaleza,
con actos vacilantes,
con gestos de flaqueza,
¡despertáis a la vida
porque sois almas buenas!
Tal vez, por la ternura,
tal vez, por la franqueza,
tal vez, en fin, ¡por todo!
hasta por la inocencia,
-ni es dueña la razón,
ni la razón es dueña-
solo son vuestras manos,
que se abren con firmeza,
reclamándole al mundo
derecho a la existencia.


Juan A Galisteo (Galeote)
Del poemario: Romances en la penumbra.