Adagio florentino. Por Mercedes Martín Alfaya

Un adagio florentino dice: “La vida es para gozarla”

Y digo yo que, existen días grises, arrugados, sucios… Otros, de arco-iris, elegantes, nuevos… También los hay planos, sosos, sin calado…

Hoy es un día normal, sencillito (que no simple). En los días normales es cuando ocurre lo fantástico: me preparo un zumo de olvido y me doy un baño de humildad. Me he quedado nueva.

-¿Si?… Enseguida bajo.

Voy a comerme una hamburguesa con patatas en uno de esos sitios que huele a refrito. Tocaré el Cielo con los dedos, llenos de pringue vulgar. Voy a pisar cagadas de paloma en el parque (que también trae suerte). Me compraré un helado de limón (con sabor a fresa) y se me llenará de moscas la nariz. Voy a enseñarte mis empastes sin parar de reír. Buscaré un sombrero mejicano y pintaré un dibujo en el asfalto…. (si hay suerte, saltaré dentro; como Mary Popping). Haré una foto sin glamour y robaré una frase mediocre; hace días que la vengo acechando. La descubrí en la puerta de un establecimiento de comida rápida, y dice así: «El sabor es el King».

Me voy de sabores…

(Igual, quién sabe, hasta me emborracho y me da por volver).


Mercedes Martín Alfaya
Blog de la autora.

Semillas. Por Ángeles Nava Martínez

Busca…
busca siempre en el territorio equivocado
porque es ahí donde el azar del descuido
camina sobre hilos.

Apresura…
apresura el paso
porque los minutos inexpertos
pueden girar el tiempo al revés
y hacer los cuerpos retroceder hacia el ocaso.

No caben dudas mal encontradas
cuando nada es cierto,
porque quizá el decir
que uno prefiere la certeza anticipada
que el dolor despreocupado,
sea la mejor elección como consigna,
porque las lagrimas tardías
cuando se miran no duelen tanto,
porque he visto entrañas
consumidas con silicio.

Difícil es el cultivo
de una fragancia que destile eternidad,
que huela a ducha,
a mar,
a empeño marino,
a coco fresco,
a sal de olvido
y sombra de palmera
contemplando las gaviotas.

Difícil es soplar como un dios
a la hora y el día exacto
en que salga el luto de las nubes,
como para que no hipnotice
el exceso de su canto,
el agua a las ventanas
no se arrime jactanciosa,
si no a buen ritmo,
deleite,
fortalezca,
y buenas semillas crezcan.

Ángeles Nava Martínez

Los Toros. Por Brisne

Asisto alucinada al fin de las corridas (de Toros, se entiende) en Cataluña. Les confieso, me gustan los toros, como aficionadilla normal y corriente. No he leído el Cossío, aunque no descarto hacerlo un día. Todos los años asisto como poco a dos corridas de Toros en mi pueblo. Por cierto dentro de muy poco, iré. Entiendo a quienes no les gusten los toros, simplemente que pasen de ir.

¿Qué tiene que ver el toro con la literatura? Pues mucho, desde el magnífico poema de Lorca a Ignacio Mejías… recuerden… Eran las cinco de tarde… hasta muchos cuentos de Heminway. Nuestra cultura se impregna del arte del toreo, aunque a algunos les pese.

¿Como dejar de decir, torear a alguien, cambiar de tercio, ponerse bravo, ponerse el mundo por montera, echar un capote, hacer novillos, atarse los machos, llegar al último toro, cortarse la coleta, dar largas, tener mano izquierda… etc?

En fin, ejemplos hay muchos. De todos modos el Toro es cultura, el toreo es cultura hispana. Y a mi me gusta esa cultura. Entiendo que quienes no quieran ir que no vayan, simplemente que nos dejen disfrutar a quienes si queremos.

Es curioso que se prohiba antes los toros que el boxeo, si de crueldad hablamos…. En fin, dentro de menos de quince días espero sentarme en la plaza y disfrutar de una buena corrida, si el tiempo lo permite.


Brisne
Blog de la autora.

Don Quijote de la Mancha. Por Juan A Galisteo (Galeote)

Si los molinos hablaran
¡cuánto gallo cantaría!
que en este vivir mundano,
soberbio y engalanado,
no ha existido un caballero,
más gallardo y soberano,
como lo fue Don Quijote,
manchego, en su gallardía.
Si los molinos hablaran,
el viento nos contaría,
su figura triste, ambigüa,
su caminar cortesano;
su lanza de visigodo,
que alargada y en la mano,
a más, de una espada o sable,
de la corte envidiaría.
No fue su afán tener gloria,
ni tampoco la fortuna,
y en su gesto tosco, hundido,
pero también arrogante,
a una injusticia incesante,
golpeó, mirando a la luna.
Dulcinea, fue su dama,
su caballo, Rocinante,
de sus hazañas, Don Sancho,
pregonó, una por una.
Hidalgo, noble y manchego,
fuiste, caballero andante.
El campo de Montiel, llano,
cruzó Don Quijote y Sancho,
el mismo campo, tan ancho,
donde antaño diera lucha
el rey Don Pedro y su hermano.
No fue su ambición, el hecho
de tal misión y bravura,
ni tampoco la locura,
la que ahondó firme en su pecho;
fue la injusticia, el despecho,
la villanía perversa,
la codicia vil e impura,
que quedó en su mente inmersa;
caballero, Don Quijote,
rey de la triste figura.
———-

Autor: Juan A Galisteo (Galeote)
del blog del autor.
http://poemasparaelrecuerdo.blogspot.com

El cristo de Setubal. De Matías Mazzoni


El libro
A partir de un hecho accidental, Amadeu, un inventor portugués cuya existencia ha estado signada por el infortunio, descubre en la fe un negocio más rentable que la ciencia. Cansado de sus penurias económicas, decide utilizar sus conocimientos para construir una redituable farsa: Un templo hecho de milagros que no son sino ilusiones en base a artificios mecánicos. Pero Amadeu es solo el extremo de un triángulo cuyos otros dos vértices son Leónidas de Souza, un talentoso escultor – aunque más célebre por su maestría en el arte del amor – y la hermosa Laurinda, una religiosa recluida en un monasterio de Lisboa a causa de un confuso suceso. Ambos personajes resultan clave en la trama. El escultor, sobreponiéndose a sus propias limitaciones, será el encargado de construir el mayor atractivo del templo: El Cristo milagroso, a la vez que Laurinda, guiada por misteriosas manifestaciones, comenzará una búsqueda que la llevará a Setúbal.

El autor

Matías Mazzoni nació el 9 de mayo de 1972 en Córdoba, Argentina, donde desde 1998 trabaja como redactor publicitario y guionista radial. El Cristo de Setúbal es su primera novela.

Editorial: Ediciones Del Boulevard
I.S.B.N : 9789875562899
Paginas:156
Publicación: 22/07/2010 | I
dioma: Español

recordandocomoolvidarte. Por Yolanda Sáenz de Tejada

Yolanda Sáenz de Tejada

Estoy recordando
como olvidarte.

Rastreo mis
neuronas con
los dedos
(morados,
de tanto aguantarme
la sangre)
y encuentro
la fórmula
perfecta.

La miro y
me la aprendo de
memoria.
Ahora ya estoy
lista.
Es fácil.

Comienzo
arrancándome las
orejas para
no oír tu
voz tan
cruelmente
dulce
(antes te devuelvo
los pendientes de
turquesas
que me regalaste
con tu primer
sueldo).

Después me
sello las
piernas con
clavos y
madera
(si tus manos
no pueden
entrar,
no hay riesgo
de
incendio).

Y no me olvido
de mi boca.
No…

La rellenaré
de sal y
de vinagre
para que no
quieras
volverme
a besar.

Ya ves,
te dije
que olvidarte
era muy
fácil:
sólo he de
recordarte.


Yolanda Sáenz de Tejada
Colaboradora de esta Web en la sección
«Tacones de Azucar»

Blog de la autora

Los peligos de la letra «L». Por Dorotea Fulde Benke


Siempre que no estuviera enamorada, y la vida le concedió largos descansos de ese estado emocional, ella lo entendía todo: desde el idioma materno suyo, pasando por lenguas que había aprendido a lo largo de los años, e incluso –por mera intuición– el lenguaje japonés de gestos, los silbidos de pastores canarios, los chasquidos de bosquimanos…

Aquella tarde fatídica, sin embargo, iba a salir cuando llamó a su puerta una visitadora comercial con la intención de ofrecerle una enciclopedia multilingüe. Introduciendo un minúsculo pie en el umbral, la vendedora le soltó a quemarropa una repetitiva vorágine verbal que había memorizado en dos seminarios crueles de perfeccionamiento. La lingüista, que tenía prisa por ir a reunirse con una persona muy especial, respondió con ironía y burla y de paso señaló un error de imprenta en la página tropecientos del tocho de papel cuché. Acto seguido, se dio media vuelta y cogió sus llaves para dar a entender que la entrevista había terminado. Cuando sus ojos se encontraron en el espejo del recibidor con la mirada opaca de la joven que al percibir en este piso el olor a libro leído se había hecho justificadas ilusiones de una venta importante, sus sentimientos centrados en su cita le impidieron interpretar el alcance del odio y la decepción de la chica. Tampoco tuvo agilidad suficiente para esquivar el obús de kilo y medio que le partió una vértebra imprescindible. Se derrumbó sin más, sin gritar siquiera, y al despedirse sus ojos de las lecturas de este mundo, un amago de sonrisa relajó sus facciones: el tomo que se había convertido en arma letal incluía la ‘L’ de Lengua, Letra y Lingüística. Lástima.


Dorotea Fulde Benke
Blog de la autora