Las vueltas que da la vida. Por Marisol Oviaño

La vida da muchas vueltas, y ésa es una de las razones por las que conviene ser buena gente: nunca sabes cuándo podrás necesitar la ayuda de los demás.

Hace unos años, yo disfrutaba de estabilidad emocional y una vida regalada. Mis mejores amigos no disfrutaban de una posición tan privilegiada como la mía. Si ellos hubieran sido envidiosos, o si yo hubiera sido tan imbécil como para no compartir con ellos, habríamos dejado de ser amigos.

Si entonces le hubieran dicho a Antonio –que llegó a Madrid con una mano delante y otra detrás-, o a Cris –superviviente nata-, que llegaría un momento en el que tendrían que invitarme a comer o pagarme la leña de la chimenea, no lo habrían creído. Pero así es la vida: hoy estás arriba, mañana estarás abajo. Y viceversa.

A lo largo del camino, me he ido despojando de todo aquello que me daba cierta preeminencia en mi pequeño círculo social: ya no hay un hombre a mi vera, siempre a la verita mía; ni gobierno una gran casa. Mientras, mis amigos han comenzado a recoger los frutos de su trabajo y disfrutan ahora de todo lo que yo he dejado de tener. Si yo fuera envidiosa, o si ellos no compartieran conmigo, habríamos dejado de ser amigos.

Popeye y yo nos conocemos desde hace 20 años.
Entonces él era un estudiante de la marina mercante sin domicilio fijo, y tenía que buscarse la vida y aceptar la hospitalidad de amigos y familiares cada vez que desembarcaba.

Quién nos iba a decir que, 20 años después, mis hijos y yo seríamos los que aceptaríamos la hospitalidad y el cariño de su hermosa familia –tan querida por la mía-. Que todos los veranos recalaríamos unos días en su gran casa de capitán de la marina mercante. Que yo, que apenas tengo para pagar la gasolina que cuesta llegar hasta aquí, pensaría en todo esto sentada en la popa de su yate.


Marisol Oviaño
proscritosblog.com

túeresfeliz. Por Yolanda Sáenz de Tejada

Yolanda Sáenz de Tejada

Tú eres
feliz.

Amas al hombre
con el que
vives,
lo amas con
los huesos y
con el sexo,
con tu cerebro
y con tus dedos;
con tu futuro y
con tu boca.

Me duele repetirme:
LO
AMAS.

Y yo,
perro sin
pelo,
te amo
a ti.

Te amo con
mis años y
con mi espera,
con mis uñas y
con mi renuncia,
con mis lágrimas y
con mi corazón
apaleado
de esperanza.

Pero sólo de
pensar que no me
amarás igual
(o nunca)
soy,
además de
un infeliz
que espera,
un muerto.


Yolanda Sáenz de Tejada
Colaboradora de esta Web en la sección
«Tacones de Azucar»

Blog de la autora

Te amo tanto que me parece poco. Por Verónica Victoria Romero Reyes.

Te amo tanto que me parece poco
el tibio beso que decora tu despertar de azúcar
y que, distraído, enciendo en tu labio soñoliento
cuando tus brazos se emboscan en mi nuca…

Te amo tanto que es muy poco besarte a discrección.
Porque besarte, aun rito perenne, es poco a mi boca.

Te amo tanto que me parece poco
el abrazo perpetuo en la ingravidez de tu cintura,
a deshora, en el minuto constante de adorarte
cuando mis manos ansían la calidez de tu espectro.

Te amo tanto que es muy poco abrazarte sin mesura.
Porque abrazarte, aun liturgia diaria, es poco a mi alma.

Te amo tanto que me parece poco
entregarme a tus delirios de carne y espíritu, sin calma,
cuando pides, en el misticismo de la complicidad,
que me haga forma de tu esbozo y piel de tu arteria.

Te amo tanto que es muy poco hacerme tuya sin espacio.
Porque entregarme, aun leyenda de eternidad, es poco a mi tiempo de ti.

Te amo tanto que me parece poco
elevar el Verso a la pestaña llorosa
cuando, sin percibirlo, mi diatriba rumiada
ensucia de pasado tu anhelo de mi.

Te amo tanto que es muy poco sentir que no hubo vida antes de ti.
Porque antes de ti, pozo de mi paz, nunca conocí del Amor ni de sus maneras.

Te amo tanto que me parece poco
el día en sus horas veinticuatro
y, por eso, vida mía, robo al sueño los compases
por hacer de la música de tu sueño,
el galón que prendo en mi solapa.

Te amo tanto que es muy poco el tiempo asignado.
Porque el tiempo, en tu ausencia, no fue más que papel mojado.

Nunca hubo impronta, sello ni firma
en el documento de mi existencia.

Nunca puñal de Amor en mi pecho fue clavado.

Porque sin ti, vida mía, se escurrieron las horas
en los inviernos fugaces y vanidosos, airados;
las noches eran sentencias y las auroras las torturas.

Yo en ti, a todas horas, encuentro el remanso,
encuentro la sal del mar, las mil corduras,
encuentro el ojo que busca tu silueta despistada,
encuentro la mano que se aferra entre mis dedos,
el vaivén de un beso enamorado, el rocío de una rosa
y la llave que me abre el templo de lo indecible.

Lo indecible, irrealizable e indomable.

Todo es cierto en tu risa amable.

Porque tú, aun imposible,
eres el propósito, la leyenda y la esperanza.

Y todo en esta vida lo daría yo
por ser la puntualidad de tu tardanza.

Verónica Victoria Romero Reyes.
Blog de la autora
Tuya. Cómplice.
Derechos registrados.

El último hermano, debiera ser de lectura obligada. Por Librería de Javier

Si nos remontamos a tiempos pasados podemos observar unas incongruencias históricas que, hoy en día, son difíciles de comprender. Cuando nos retraemos a los tiempos de la creación del Estado de Israel miramos en este momento con asombro, y la lógica perspectiva del tiempo, las consecuencias de la política de las autoridades británicas en Palestina poco años antes.

En esas actuaciones territoriales limitaron los derechos de los judíos en la inmigración e impidieron la entrada de ellos en los territorios que hoy son el Estado de Israel. Esos barcos cargados de “ilegales” fueron derivados desde los territorios de los que huían, Alemania y Polonia principalmente, a sitios impensables.

Entre ellos está la aventura del “Atlantic” que, sin derecho a atracar en Palestina, fue conducido hasta tierras de Mauricio, por aquel entonces colonia británica, el 26 de diciembre de 1940. Los 1500 judíos que transportaba fueron recluidos en un asentamiento que poco se diferenciaba de un campo de concentración, y allí permanecieron, salvo los muchos que murieron, hasta bien acabada la guerra.
Esta historia casi olvidada de la diáspora judía en esa pequeña isla cercana a Madagascar es el origen de esta novela. Y en ella dos niños: uno de ellos, David, de procedencia judía y recluido en una cárcel de Beau-Bassin, gravemente enfermo y huérfano, y el otro, Raj, huido con su familia después de una tragedia en el norte de la isla, hijo de un guarda de la cárcel y viviendo junto a su madre en una cabaña cercana al bosque. Una historia de pérdidas, de amistad y de soledad.

La escritora, nacida en la isla de Mauricio toma como punto de partida una casi olvidada historia real para contarnos, en clave de elegía, una gran narración de breve extensión. Su prosa, suave, medida y sencilla, choca con la gran profundidad trágica de los hechos. La pérdida de los dos hermanos por parte de Raj, sus queridos Anil y Vinod, muertos en una gran riada, le hacen quedar prácticamente huérfano. El gran amor que su madre vierte en él es contrarrestado por las palizas a las que su padre, en estado ebrio, les somete a los dos muy a menudo. Y esa pérdida es en cierto momento paliada por el hallazgo de este último hermano, David, que encuentra en el centro de la isla.

Una gran belleza narrativa, en la que los colores de las frutas, de la vegetación de la isla y de los cielos, se ve ayudada por los olores que impregna la autora en todo el texto. Todo detalle en la obra, mangos, buganvillas, juncos, alambradas, lodos… todo ello es expresivo de los sentimientos de los protagonistas. Y, frente a todo esto, el desarraigo y la soledad.

Pasajes inolvidables como el de la modista que queda perpleja ante la pregunta del chico: ¿Y qué es la navidad? (pag. 57), la trágica desaparición de los hermanos (pag. 30 a 32) o los sentimientos acerca de su madre (pag. 85), todo ello es tierno y bello dentro de una desolación y crudeza inaudita. Pero, ante todo ello, la visión de lo que Raj no quiere que le pueda ocurrir a su hijo cuando él sea padre. Un amor y deseo por ese hermano recuperado que arrastra todo sentimiento al vacío y al infinito, en una desesperación sin par. Una última fuga ineludible que le lleva, que nos lleva, a querer apreciar de diferente manera todo lo que tenemos cuando las ausencias se van haciendo cada vez más evidentes y dolorosas en nuestra existencia. Una lección de amor y humildad y de querer entender la vida de otra manera.

Cuando yo haya muerto y mi hijo vacíe mi casa, encontrará en mi armario una maletita llena de gomas que he ido acumulando a lo largo de toda mi vida. No podía evitarlo, en cada viaje, por la isla o por el extranjero, compraba gomas de diferentes tamaños y colores. Mi hijo no entenderá nada y le parecerá una chochez de vejestorio. Tal vez debería explicarle que ésa era mi manera de afrontar la usura del tiempo, de retrasar la muerte y de conservar la ilusión de que podemos borrarlo todo para volver a empezar con mejor pie.

Nathacha Appanah nació en la isla Mauricio en 1973. Formada en los ámbitos del periodismo y la edición, se dio a conocer en el mundo de la literatura con la publicación de Les Rochers de Poudre d’or (Premio RFO 2003 y Premio Rosine Perrier 2004), a la que siguió Blue Bay Palace, galardonada con el Gran Premio de los océanos Índico y Pacífico 2005, y La Noce d’Anna, Premio Passion 2006 y Premio del Público del Salón del Libro 2006. (Premio Fnac de novela 2007) fue traducida con gran éxito a quince lenguas.

Una impresionante obra que debiera ser de lectura obligada en cualquier centro de enseñanza y que animo a conocer a todo amante de la buena e imperecedera literatura. Ni que decir tiene que sin parecido alguno con niños de pijamas de rayas a pesar de lo que nos pudiera parecer en un primer momento. Y una última observación: una traducción excelente y muy rica en matices.

La Librería de Javier

Ficha técnica

Autor: Nathacha Appanah
Editorial Alfaguara
Traducción de Ramón de España
Lengua: CASTELLANO
Encuadernación: Tapa blanda
ISBN: 9788420473925
Nº Edición:1ª
Año de edición:2010
Plaza edición: MADRID
Páginas: 240 
PVP  16€

   Librería de Javier

Blog de Feliz Maocho

Plegaria. Por Ana Mª Alvarez Barroso

 

Se deshoja la tarde,
van cayendo uno a uno los recuerdos
sobre el húmedo tapiz de mis mejillas,
aún heridas, aún sangrantes, rezumando
la aridez de tus besos.

Se deshacen las horas
en la insólita maraña de estallidos
que aún resuenan en mi alma apuñalada;
llaga abierta, golpe a golpe, grito a grito,
palpitando la muerte.

Y esta noche de agosto,
helará sobre este lecho donde yazgo
con la exhausta esperanza de soñarte
circundando mi cintura y abrazando
nuestra plácida estrella.

Agonizo en silencio.
Infinito es el vacío que me atrapa
sospechando que tu amor se ha evaporado,
que tal vez nunca existió… Me invade el miedo
de seguirte queriendo.

Aún te pienso.
Abatida por la ausencia, el desconsuelo,
por los huesos lacerados. Sólo aguardo
el milagro de un Jordán donde te salves
retornando a mis brazos.

Ana Mª Álvarez ©
Blog de la autora

Que se mueran los feos. Por Brisne

“Cuando hablo en broma me toman en serio, y cuando hablo en serio se ríen”.
 Boris Vian.-

Acabé ayer de leerme el divertido libro de Boris Vian, «Qué se mueran los feos», experimentos del dr. Schutz, un loco que está creando humanos perfectos (¿de qué me sonaba eso?) porque ya se sabe, los feos no gustan a todo el mundo.

Y ahí llega Rocky Bailey y se encarga de enterarse de todo, amen de perder su virginidad unos meses antes de lo que había pensado, quería llegar virgen a los veinte años. En fin es una novela delirante y divertida, creo que bastante adecuada al verano.

Si no conocen la prosa de Boris Vian , hagan un esfuerzo y leánla.

Me ha hecho mucha gracia eso de los experimentos, y la coincidencia de leerlo justo después de El mundo feliz. Estas cosas literarias, sumergirte en semejanzas siempre me hacen bastante gracia, sea como sea se encadenan los libros y las coinciencias hacen que el encadenamiento sea al menos simpático a los ojos de quién los lee.

Y ahora la pausa veraniega. Se solapan fiestas y vacaciones y no estará mi cabeza para leer mucho, al menos los próximo cuatro días. Me vestiré de peñista y no retomaré mi vida hasta cuatro días más tarde. Voy a disfrutar del desmadre de la fiesta, lean ustedes y si gustan, comenten lo que quieran.


Brisne
Blog de la autora.