Efectos secundarios. Por María Dolores Almeyda

Desconocía los efectos secundarios Que gozar de tu lucidez proporcionaba Y cubrí mi libertad con un tosco sudario y encadené mis vida a la huella fría de tu pisada Y el veneno fue haciendo su trabajo Por los caminos venales del cerebro Y el corazón, latiendo en la placidez de tu regazo Proyectaba la huída hacia tu cuerpo. Y me quedé sin órganos vitales. Latía a través de ti, vivía de tu aliento, Andaba con tus pasos, usaba tus modales, Hablaba tus palabras, hacía mío tu acento. Hasta que ya, deshabitado el mundo de la fantasía, Despoblado de recursos mi… Leer más

El día tres de abril era miércoles. Por Yolanda Sáenz de Tejada

Hoy os quiero contar una historia de amor. Porque poesía para gritar tiene mucho amor en las venas… Y quiero dedicársela a todos los habitantes de esta ciudad que, mientras que nosotros sólo nos fijamos en su discapacidad, ellos luchan por enseñarnos que son mucho más hábiles e inteligentes que nosotros en muchas otras parcelas. Y que, mientras ellos luchan por un derecho, nosotros los miramos como si fueran inferiores. Y ojalá, no nos olvidemos nunca que todos, absolutamente todos, tenemos alguna discapacidad… Para Jose Luís, que me enseñó, además de su corazón, a abolir la palabra minusvalía… El día… Leer más

Hoy tengo ganas. Por Yolanda Sáenz de Tejada

Hoy tengo ganas de morder las piedras y de chupar su óxido hasta que tiña mi cerebro. Hoy, también, quiero bailar en tu ombligo para que te rías como antes —como cuando tú bailabas en el mío—. Y tirarme de las orejas por mi cumpleaños (aunque pasó hace dos meses), y pintarme los labios de rojo para chuparte (sin paciencia y con perdón) los te quiero que ya no me dices. Hoy, quiero volverte loco de pasión para borrar la infidelidad que planté (hace dos meses) en tu desértico corazón. Yolanda Sáenz de Tejada Colaboradora de esta Web en la… Leer más

No siempre… Por Ana Mª Álvarez

No siempre es de día. Ni palpitan los pétalos al soplo susurrante del sol, desnudo y cálido, abrazando las pálidas cornisas del oriente. Hay veces que amanece y es de noche, que nunca se ilumina mi ceguera; las pálidas estrellas se desvisten negándome su luz, lejana y fría. No siempre amanece en la mañana. Lo sé, siempre lo supe. Lo confieso. Amanecí en tus ojos hace mucho, después de pasar la medianoche. Pero no siempre es de día en mi mirada, ni en tu cuerpo, lejano, inescrutable; hay lilas deshojadas en los prados que un día nos ofrecieron su lecho…. Leer más

Ojos. Por Yolanda Sáenz de Tejada

El poema de hoy es una historia. Siempre real. Es una historia que habla de esos señores que visten ropa de todos y que nunca vemos, aunque siempre los miramos… los indigentes. Con todos mis respetos, se lo dedico a un señor que conocí que dormía en una cama de cartón. Ojos. no puedo resistirlo. Si son bonitos, los arranco… Pero mi concepto de la belleza (ojo, que esto es muy importante), seguro que no es igual que el tuyo. El mío, se muere por los órganos que sufren. Así que hoy, esta mañana, esta misma mañana, a las diez… Leer más

Ruleta. Por Ana Mª Tomás Olivares

A ver, a ver, mis queridos amigos, no se me «revolusionen». No creo que enumerar las tareas a las que nos enfrentamos, sobre todo, las mujeres, sea quejarnos. En cuanto a que hagamos lo que «tengamos» que hacer, es justo donde radica el problema: en que no lo hacemos. No somos capaces de poner en su sitio a una buena panda que se hace llamar nuestra familia pero que no dejan (por mucho amor que nos tengan) de ser unos explotadores. Pero como este asunto, al igual que otro que ya sabemos, no tiene enmienda… Será mejor no meneallo y… Leer más