La muerte de las cosas. Por María Dolores Almeyda

Cuantas cosas matamos tan solo por matar, impunemente. Matamos el tiempo, el gusanillo del hambre; a la conciencia la matamos entre todos a pedradas de indiferencia o con el tirachinas apuntando a darle. O le damos morfina Y la sumimos en un sopor letal y agonizante. Intentamos matar la soledad con un discurso gris, vestido de bondad, Y matamos al niño que llevamos dentro que no quiere morir… Matamos el aire, el ansia, la pasión, los sentimientos, Disparamos contra cualquier cosa que se mueve, Contra todo lo estático que sirve de diana… Matamos la locura, la inocencia, al animal que… Leer más

carmelasalealmundoaquererlo. Por Yolanda Sáenz de Tejada

Me llamo Carmela y he decidido salir al mundo a quererlo… Empezaré por mi ciudad y os iré contando como responden las personas a las que decido darles mi amor. Cuidado, que puedo encontrarme contigo… Hoy, lunes, salgo a pasear. Me recojo el moño de la vergüenza y me pinto (de rosa chillón) las uñas de luchar. Hoy yo, Carmela, voy a ser educada. Muy educada… Así que decido (yo solita, con este corazón a medio amueblar) que voy a saludar a todo el que me encuentre. Y salgo —muy sonriente— a la calle. (Para que me identifiques, voy con… Leer más

El laberinto. Por Mari Cruz Agüera

Voy de camino a dónde, si no hay más pasadizo que el pliegue de las sombras, si soy barro y ceniza, si me falta una tarde cubierta de manzanas para tentar al hombre. No entiendo este bregar contra la piedra que fortalece el llanto, ni este fervor que empuja mi cuerpo a la quimera. Sólo la soledad quiere besarme el otoño imprevisto de mis labios. Después de tanto articular silencios ya no existe mi voz, ¡estoy perdida! y el frío de mis manos desnuda la evidencia: que no soy más que una hoja en silencio perdida en este interminable laberinto…. Leer más

Dicen. Por Luis Oroz

Dicen que los recuerdos son semillas que crecen en la tierra de lo que ya no existe, que necesitan tiempo, que se hidratan con la humedad de la melancolía. Dicen que son tardías, que maduran con la caricia de otro sol más cálido, que se agarran al pecho cuando el cuerpo se tropieza en el hueco de un minuto vacío, que perfuman al triste y que nutren al hombre que se muerde las uñas. Dicen que la memoria solo espera el sabor que la devuelva a ese lugar en donde nunca estuvo, que no puede moverse cuando sujeta el peso… Leer más

Afilar mis uñas. Por Yolanda Sáenz de Tejada

Cojo mis ojos con los dedos y me los cambio de sitio (últimamente veo demasiado alto y el otro día casi piso un recuerdo que estaba dormido) Después, me aliso el pelo (estos rizos indomables no dejan que pase la luz a mi cerebro y lo necesito fresco —en carne viva, diría mi madre—). Y multiplico mis dedos hasta llegar a cien (tu número favorito, nunca supe por qué). Lo último, y lo más importante, será afilarme las uñas —ahora cien— y los dientes. Es lo único que me falta para, cuando me vuelvas a engañar, matarte. Yolanda Sáenz de… Leer más

Marzo. Por María Dolores Almeyda

Marzo decrépito, arrugado, Como un anciano que se quedó sin fe y sin dentadura. Atrevido, insinuante, provocador y hechicero… Marzo de los tulipanes, marzo de los aguaceros, de la mujer y la luna. Igual brilla como un mayo que se oculta en el febrero o juega con los abriles olvidado ya de enero y anhelando primaveras. Envidioso y envidiante, incierto y voluptuoso, marzo de malos agüeros con turbulencias de nieves, soles indisciplinados, tormentas, rayos y truenos. Ni excesivo ni moderno, viejo verde sin edad inmortal y pendenciero. Marzo inestable, loco de atar, insípido y austero…Extravagante y lúcido, embustero. Anclado a… Leer más