Bienvenido. Por Yolanda Sáenz de Tejada

Bienvenido a mi cuerpo. Espera en el salón, por favor; estoy aún fregando mi piel. Está tan sucia de recuerdos… Él se ha ido hace poco tiempo y me ha dejado la foto de boda entre mis vértebras. Abiertas y cubiertas de quemaduras —tanto fuego en su boca…— Mira mis piernas. Están plagadas de varices y fantasmas de tanto atajar sus dedos por ellas. Tengo aún los arañazos frescos en los ojos, —recuerdos vivos de muchas noches sin noche—. Mi pelo se extiende en el pasillo, como una alfombra pisoteada y con agujeros —desahucio de caricias en mis cabellos—. Y… Leer más

Poeta del pueblo (A su memoria). Por Juan A Galisteo (Galeote)

Cruzaste el abismo de estrellas poeta, y aquí, en esta tierra, solos nos quedamos, dejaste tus versos, hasta una saeta, que hablaba de un cristo ¡Rey de los gitanos! Seguiste la senda por ese camino donde van los sueños más tarde o temprano; con tus mismas huellas llegaste al destino, y lo hiciste antes que Manuel, tu hermano. Desde la grandeza de esa Andalucía, Sevilla, tu cuna, te ofreció su manto, y muy pronto tu alma creció de alegría, en un pensamiento de luz y de encanto. Tus poemas llenos de filantropía, cuestionaron firmes el valor humano, llevaron razones, la… Leer más

DÍAS. Por Chusi Comes Alfara

Extraño día, calles sin evitar, hoy no ha nacido nadie, vegetal sin verano. Extraño día, miradas cerradas, Guerra tú contigo tu, Trío de desolación, Infierno de negro polvo… Libro mudo, puzzle sin amor, se congela la música. Dios sigue dormido, su inteligencia esta sorda, Extraño día, el cual te quedas adentro, Extraño día, todo termina sin tú nada haber empezado, Fotos negras donde se apaga una imagen, Arrastrándote… hasta tu libertad encarcelar, Desafina el reloj, las ciudades andan solas. Se pudre la rima, la melancolía llora cruel, El mar no soporta llegar a la orilla, en su lengua se inunda,… Leer más

Baile del deseo. Por Yolanda Sáenz de Tejada

Descubro mis huesos encharcados de besos que no dejan de brotar. Se abren camino (los besos) agrietando mi pequeño ombligo. La sangre, perturbada, baila entre mis venas. Me revuelco, –alborotada niñaloba– entre tus piernas. Y te llamo, lamiendo con calor tus pechos velados. Duermes, y al abrir los ojos, atrapas mi boca excitada que canta el antiguo soneto del deseo. ¡Hermoso momento en el que cierras los ojos! Y reímos los juegos del pecado que impregnan las sábanas del cielo; sabiendo ambos (de sobra ) que estamos más cerca del infierno. Yolanda Sáenz de Tejada Colaboradora de esta Web en… Leer más

La historia de Pedrito «el piruleta». Por Isidro R. Ayestarán

Esta es la historia de Pedrito «el piruleta», conocido así desde los tiempos del colegio, donde era el primero en caer de rodillas a cambio de unas monedas para comprarse un bocata en los recreos. Con el devenir de los años, fue a parar a prisión, donde le rompieron el culo y el alma tras participar en una carrera a la deriva sobre la autopista sin asfaltar del mapa de la vida. Salió del trullo con cuarenta años, y el espejo ya no le devolvía ninguna imagen suya, ni tan siquiera una desvirtuada, dándole la espalda como habían hecho todos,… Leer más

Ellas. Por Katy Parra Carrillo

Las veía pasar casi todas las tardes con la mirada atenta a los semáforos, con sus viejos vaqueros y su perro salchicha. Maribel, siempre triste, Aurora, como un soplo de luna perfumada. Cruzaban por mi vida sin saber que mis ojos se encendían para verlas, procurando, tal vez, adivinar allí el confuso milagro del amor. Desde aquella ventana esperé cada tarde su regreso. Pero el destino, a veces, nos arroja a su escombro sin decir hasta cuándo. Ayer volví a encontrarme con Aurora. Cruzaba la avenida sin aquella fragancia creciente de la luna, sin sonreír apenas, sin su perro, sin… Leer más