Cobarde. Por Luis Oroz
No mires tan al fondo, allí se difuminan la verdad y el peligro. En la cueva sagrada de una edad infinita se descuelga tu piel y suenan tus palabras como insectos perdidos, como un vibrar de pájaros sobre el abismo de cualquier deseo. El eco de la vida reverbera en tus ojos, anuncia su prisión en cada perspectiva y convierte lo efímero en perenne. ¡Agita tus pestañas! (son la mano imposible que sujeta la materia lumínica, la celda que retiene en cada guiño al asesino de la oscuridad) y no mires al fondo; el que mira muy lejos acaba siendo… Leer más
