Plegaria. Por Ana Mª Alvarez Barroso

  Se deshoja la tarde, van cayendo uno a uno los recuerdos sobre el húmedo tapiz de mis mejillas, aún heridas, aún sangrantes, rezumando la aridez de tus besos. Se deshacen las horas en la insólita maraña de estallidos que aún resuenan en mi alma apuñalada; llaga abierta, golpe a golpe, grito a grito, palpitando la muerte. Y esta noche de agosto, helará sobre este lecho donde yazgo con la exhausta esperanza de soñarte circundando mi cintura y abrazando nuestra plácida estrella. Agonizo en silencio. Infinito es el vacío que me atrapa sospechando que tu amor se ha evaporado, que… Leer más

Poema sin título para una tarde gris. Por Juan Ballester

Un poema de amor se escurre por mis dedos en esta tarde herida donde tu voz es meta, un poema que, acaso, ha de nacer torcido con dos alas de cera, sin el pan bajo el brazo. Me llena, me acompaña, me salva de estas horas en las que apenas puedo vivir con tu recuerdo, me deja en los bolsillos nebulosas azules, en la boca cascadas y en el alma diamantes. Un poema me cubre simplemente al pensar en el mar de tus muslos y en la miel de tu espalda, un poema sin título, porque cómo llamarlo si tu… Leer más

El viento. Por Juan A Galisteo (Galeote)

I En el monte silba el viento, Cierzo, en el campo lo llaman, ¡qué importa cuál sea su nombre! si como llega, se marcha. En el mar, lo llaman brisa, de ventisca también hablan, y al despertar de la aurora, frescor de la madrugada. A veces, sopla tan fuerte, que se escucha en la montaña silbar con tanta alegría, que raya con la arrogancia. Los barcos veleros saben, quién es el viento y lo aman, saben, que con él, sus proas, avanzan soltando amarras. Y las playas sin su soplo, ¡qué tristeza! solo agua, sin el rumor de las olas… Leer más

yofriegomuybien. Por Yolanda Sáenz de Tejada

Mi madre me enseñó a fregar el suelo como una experta. Creo que lo hago realmente bien (a fregar, me refiero). Mi madre también me enseñó que decir que no al hombre de tu vida si no estabas segura, era de valientes (aunque los invitados de la boda estuvieran en la puerta). Ahora, mientras friego (como una obsesa) el salón de la casa donde hace meses nos amábamos como animales, culpo a mi madre de que no me enseñara que el hombre de mi vida me podía decir a mí que no. Yolanda Sáenz de Tejada Colaboradora de esta Web… Leer más

Gelsomina. Por Isidro R. Ayestarán

Llega el son de la primavera a la ciudad, y los pétalos de flor descienden al ritmo del “si”, del “quizá”, en un anhelo por adivinar, por desear si te quiere… o no. El viento arrastra esa flor que se mueve al ritmo del corazón, de la mariposa interior que alberga ilusiones, cobija quimeras, invita a la esperanza sobre si te quiere… o no. ¡Ay con el oleaje caprichoso de la vida!, De la noria de los sentimientos en un circo de múltiples pistas, que si te mira, que si te habla, que si camina a tu vera, que si… Leer más

Semillas. Por Ángeles Nava Martínez

Busca… busca siempre en el territorio equivocado porque es ahí donde el azar del descuido camina sobre hilos. Apresura… apresura el paso porque los minutos inexpertos pueden girar el tiempo al revés y hacer los cuerpos retroceder hacia el ocaso. No caben dudas mal encontradas cuando nada es cierto, porque quizá el decir que uno prefiere la certeza anticipada que el dolor despreocupado, sea la mejor elección como consigna, porque las lagrimas tardías cuando se miran no duelen tanto, porque he visto entrañas consumidas con silicio. Difícil es el cultivo de una fragancia que destile eternidad, que huela a ducha,… Leer más

Don Quijote de la Mancha. Por Juan A Galisteo (Galeote)

Si los molinos hablaran ¡cuánto gallo cantaría! que en este vivir mundano, soberbio y engalanado, no ha existido un caballero, más gallardo y soberano, como lo fue Don Quijote, manchego, en su gallardía. Si los molinos hablaran, el viento nos contaría, su figura triste, ambigüa, su caminar cortesano; su lanza de visigodo, que alargada y en la mano, a más, de una espada o sable, de la corte envidiaría. No fue su afán tener gloria, ni tampoco la fortuna, y en su gesto tosco, hundido, pero también arrogante, a una injusticia incesante, golpeó, mirando a la luna. Dulcinea, fue su… Leer más