tusdedos. Por Yolanda Sáenz de Tejada

Tus dedos son mis ojos. Si con ellos (con los dedos) me recoges el pelo en dos trenzas de ternura, yo veo el futuro ¬—puedo, incluso, hasta adivinarlo—. Si tus dedos me perforan los labios, buscando la saliva que me rompe en la orilla de la boca, yo veo a Dios y al demonio —puedo, incluso, hasta ver el fuego—. Y si, (bendito prodigio) tus dedos me abren como a un melocotón recién caído y te pierdes en las olas de mi cáscara y de mi vientre, milagrosamente, dejo de ver. Yolanda Sáenz de Tejada Colaboradora de esta Web en… Leer más

Cuanto duele… Por Ana Mª Álvarez

Cuánto duele este silencio de azahares que perfuma nuestros tímpanos dormidos; cuánto duelen las mañanas clamorosas desnutridas por las sábanas del sueño. No conoces el idioma de mi sombra, ni el color de mi cabello en el espejo… …sólo ves en el disfraz de mis palabras arlequines que enmascaran mi vacío. Ana Mª Álvarez © 2005 Blog de la autora Leer más

Otoño sediento. Por Juan A Galisteo (Galeote)

Otoño sediento que cubres mi alma y estos valles mudos y estas tierras altas donde sopla el viento; aquí, en mi ventana, tras estos cristales, mis ojos te aguardan. Te esperan mis brazos, mi dicha y mi calma, y tú, mientras tanto, que eres aire frío, que eres sombra y agua, fuera, me saludas, sin decir palabra. Deshojas los parques, castaños y acacias, los rosales tibios y azucenas blancas que al morir suspiran de tanta elegancia. Otoño sediento, tanta es mi añoranza, que entre estos cristales, tú, al llegar me obligas, tú, al volver me alcanzas. Por eso, te pido,… Leer más

El Verbo sana. Por Verónica Victoria Romero Reyes

El Verbo sana, aclara, o naufraga… ¡Embriaga! El Verbo en mi tinta cicatriza el tajo asumido, el dolor más temido, el puente distante conocido. ¡Letra es Destino! El Verbo en aquella saliva no es más que polea que esclaviza, no es menos que latigazo que se eterniza… ¡Esa saña me inmuniza! El Verbo no es ni fue nunca el paraje deshabitado donde anclar una mentira. No puede deshacerse la Palabra en remiendos y esconder sólo una tira. El Verbo, tan vasto en significado, no puede ser más que un cántico de amor… Perpetuado. Verónica Victoria Romero Reyes. Mi único poema… Leer más

Quiéreme con la lluvia. Por Juan Ballester

Quiéreme con la lluvia, mujer de porcelana, cuando la noche caiga cegando la ventana, cuando el dolor se imponga, cuando el frío nos pueda, cuando el tiempo se apriete sobre tu piel de seda. Quiéreme con la lluvia, con el agua que choca sobre mis labios yertos y mis manos de roca, quiéreme como al alba, como a un rayo de luna que pone en nuestras vidas corazón y fortuna. Quiéreme con la lluvia, que se desangra en gotas cayendo como plomo sobre mis alas rotas, quiéreme sin preguntas, sin palabras feroces pues con sólo mirarme las respuestas conoces. Quiéreme… Leer más

milujo. Por Yolanda Sáenz de Tejada

Me enloquecen las cosas lujosas; me hacen sentirme terriblemente poderosa. Me compraría, por ejemplo, hasta agotar mi tarjeta, todas las sonrisas de Mandela (que curioso, siempre que lo veo reír, lloro). Soy también adicta a las pulseras de zafiros de plástico que mis hijas me hacen con sus deditos preñados de futuro. Y, aunque es muy caro, no puedo resistirme al lujo asiático de hacer el amor contigo a la hora de la siesta (este es uno de mis consumos favoritos). Por supuesto, me gusta, (claro que sí) un brillo de labios de Dior y un bolso de piel de… Leer más

Escríbeme un poema. Por Verónica Victoria Romero Reyes.

«Escríbeme un poema», me dices, sobre caricias, abrazos y besos, escríbeme un poema si te apetece, si te hice sentir en la piel y los sesos. Escríbeme un poema que nos rece entregándonos en cáliz la salvajada de sabernos comunión de únicas preces. Escribe lo que sientes cuando te toco, describe ese río y esa lluvia de vahído que te torna humo virgen en mi sofoco. Regurgita el alma que te has bebido. Dibuja en el lienzo el amor que has olido. «Escríbeme un poema», me dices… Y yo te digo, dormida en tu recuerdo, que no hay verso que… Leer más