SE PREGUNTAN POR QUÉ. Por Verónica Victoria Romero Reyes

Se preguntan por qué ando, todavía, erguida, con la atravesada mirada curiosa como bandera y triste rodapiés arrastrado. Podrá el Cielo hurtarme del jardín la Rosa. Podrá turbarme, hacerme trizas el paisaje caminado. Se preguntan también por qué coloreo, en ritual, afanada, mis mejillas y mis pestañas elevo para ofrecer al desconocido la mejor de mis miradas. Podrá el Infierno condenarme al paraje de la Nada. Podrá eclipsarme, hacerme noche todas las alboradas. Se preguntan por qué engrano las tuercas de mi cuerpo para arrastrarlo por el abrupto devenir de la inercia, por qué alzo torso y paso recto a… Leer más

La salida de los mineros de Atacama. Por Salvador Pliego

  III La salida Decidme cuántas y cuántas joyas si ese día se contaban por millares. Cada ojo brillaba contemplando. Cada cerro destellaba y se volteaba a mirarlos. ¡Y salieron!… Uno, y treinta y tres; ¡Chi, Chi, Chi! ¡Le, Le, Le! Treinta y tres y uno; tres y uno… tres y tres… tres y el mundo. Tenían nuestras manos en sus manos. Tenían nuestros rostros en sus rostros. Las sirenas en el túnel reventaron bocamina. Había gemas hilarantes donde sea. No, yo no lloré: eran las piedras y los ojos; eran las sedimentarias rocas y los ojos; eran los metales… Leer más

SIN POSTDATA. Por Verónica Victoria Romero Reyes

Tú encharcas de atemporalidad mis arcas de vida, vacías cuencos llenos y completas mitades solas, templas los temblores vespertinos al salir de la ducha, gestas seísmos de alma, el espíritu en mil olas, y enciendes las noches de lluvia cuando el agua moja las dobleces más rizadas de mi flequillo. Eres el escudo, el sable y el blasón de mi lucha. Qué lágrima sin sal. Qué mirada sin pupila… Engarzas tu voz de doble filo y silencio incómodo en la rúbrica inexacta de mis noches y me condenas a la cárcel marmólea de tu cuerpo en abatimiento, en roce inconcluso,… Leer más

Arde París. Por Iben Xavier

Arde París en la hoguera del recuerdo, los relojes paran, el tiempo es infinito. Nada que pudiera permanecer se aleja, cercana está la cumbre de tu cuerpo. Lo demás, claro, es tan sólo lo demás y mientras tanto, resta una lágrima. Porque al llorar se regresa el tiempo. Cuando los ojos desecan no existes.  Iben Xavier Leer más

Regresó una tarde. Por Juan A Galisteo Luque

Regresó una tarde con su dicha ancha y esa gran sonrisa llena de esperanza. Ya el sol se escondía, y la mar dejaba después del Ocaso, ese viento frío, que cruzó aquel parque donde me encontraba. Yo, que ya sufría de una gran tristeza que me acongojaba, sola y deslumbrante, vi, que se asomaba por aquel paseo, llena de elegancia. Su paz y alegría, me dieron la calma; solo era una niña, de edad bien temprana, pero aquellos ojos de luz y de vida, alumbraron firmes su bella semblanza. Un beso sincero, sentí que dejaba en mis dos mejillas… y… Leer más

mibosque. Por Yolanda Sáenz de Tejada

El día que conocí a Luis del Val me habló sobre las esmeraldas y sobre los bosques que en ellas se encierran. Igual que en tus ojos, me dijo. Yo le contesté que haría un poema y aquí está. A Luis del Val, por enseñarme a mirar donde nadie ve. Luis me dijo que tenía un bosque dentro de la esmeralda de mi anillo (aquel que me regalaste.) Me dijo también que tenía otro bosque dentro de mis ojos (aquellos que con tus besos me arrancaste.) Y yo registré intensamente en esos bosques embarazados, mordiendo cada tronco allí escondido, escarbando… Leer más

A Borbotones. Por Luis Oroz

No fue sólo el silencio, ni siquiera el vacío, que te deja en los ojos dos palabras dormidas, no fue la incompetencia del amor que arrastra los escombros de una voz inaudible. No fueron las persianas del invierno, ni aquella realidad que nos predijo el orden de la risa. Tampoco fue la muerte, (porque el dolor enciende 4 lámparas en mitad del futuro) ni fue la soledad con su cielo de plástico, ni toda la memoria comprimida en el pequeño frasco de la ausencia. Solo sé que los sueños han abierto los brazos, que en esta oscuridad distinta a todas… Leer más