lasvirgenes. Por Yolanda Sáenz de Tejada
Cuando era niña traían a mi casa una virgen chiquita, encerrada en una urna de cristal. Tenía al niño en brazos (no se cansaba nunca de llevarlo así). Las vírgenes se paseaban en jaulas por mi pueblo, adornadas con flores blancas de plástico. También traían una hucha (que no se me olvide esto, que es muy importante: no venir dando, sino pidiendo). Mi madre (parece que la estoy viendo), antes de echarle una moneda, le hablaba bajito –que no era rezar, que eso es otra cosa– y le contaba hasta mis intimidades (por ejemplo que yo había desarrollado antes el… Leer más
