Ana y su flor. Por Yolanda Sáenz de Tejada

Para Ana, porque ella soy yo. A mi niña le ha brotado una flor en el pecho. En el izquierdo. Tiene por cáliz un beso de su amante (ese que le regala su piel y sus noches, su deseo de rizos morenos y sus hijos paridos de abrazos). A mi niña se le quiebran las lágrimas al verse brotada, pero no me lo cuenta, no me quiere dañar el alma (pero no sabe, mi niña, que yo soy ella y que, sin palabras, adivino lo que se le atraganta). Y también sé (y esta es mi sentencia inapelable) que aunque… Leer más

Soplando primaveras. Por Salvador Pliego

Mas, así, de aquella uva fértil, de las alpacas en su abrigo de soplos y algodones -féminas del monte y de bondades-, o los nítidos cantantes brinca ramas que en el confín se escabullen, como las crisálidas que a dientes de mar y arena se devuelven al capullo para hilar con suspiros y con césped las alas de la primavera; así el polen a la rosa se presenta, y en su baile de aire y danzarina deja los colores en las cimas de cristales. Dejen les platico de ella: No hay flor en flor sino sus ojos de gardenia. Donde… Leer más

Esencias del ser. Por Germán Gorraiz López

Amanecer… sólo amanecer. Acariciar la luz, humedecer la brisa, alborotar la hora en calma y despertar…. despertar amaneciendo. Ser aurora…, buscar su luz, entrar en ella y nacer…, nacer primavera.   Ser nieve… humedecer los ojos en la luz helada, blanquear el alma en la hora nevada ser nieve en la mañana.   Atardecer… ausentarse del alma suspendida la hora, hundirse en la nada y agonizar…, atardecer agonizando.   Ser silencio…, no despertar la ilusión de la hora dormida, resistir la soledad y amarrarse al dolor. ser silencio en la hora anochecida.   Ser tristeza…, sentir la melancolía de la… Leer más

El árbol herido. Por Juan A Galisteo Luque

No es el viento helado quién secó tu hoja, ni aquel que quemara tu rama marchita, es la madre Tierra, que da y que despoja, esa que concede, que premia y que quita. En mitad del campo tu sombra se aloja, y te veo solo, desde aquella ermita; el viento te azota, el agua te moja, y la misma tierra te expulsa y te agita. Silvestre arbolillo, hoy por el sendero, viendo que ese rayo tu rama ha partido, también yo he sentido su flechazo fiero. Me acerqué a tu lado, arbolillo herido, quise acariciarte con celo sincero, y vi,… Leer más

Quien fuera. Por Verónica Romero Reyes

  A decir verdad, me encontraste desnuda. Y poco puede darte quien no lleva historia en los párpados cerrados, quien no tiene trasfondo en el bolsillo ni naipe en la manga escondido, quien jugaba con el remolino de un deseo cuando tu deseo era el remolino. Y era el juego. Poco te dará quien no supo, ni sabe, ni sabrá, y es presunción, de conocer de rubores sin menoscabo y continuamente, en ciclón, de tardes de sorteo de amores donde el premio es compartido y el amor, un ultrajado personaje que sabe y se siente como una risa. Con prisa…. Leer más

tucampo. Por Yolanda Sáenz de Tejada

Me enloquece descubrir vida donde sólo hay piel ¿Sabes? En su pecho descubrí un campo de amapolas rojas como besos apretados y abiertas sólo para mí. Él, mientras yo recorría sus pétalos, dormía y se dejaba vivir. ¿Y sabes? En su cuello, justo debajo de la saliva, encontré un lago de agua caliente donde aprendí a ducharme cada mañana. A veces, mojada, me quedaba lamiendo sus olas. Él, mientras yo lo inundaba, dormía y se dejaba morir. Yolanda Sáenz de Tejada Colaboradora de esta Web en la sección «Tacones de Azucar» Blog de la autora Leer más