La última estación. Por Francisco Gragera

  Quiero ser como el amanecer con tu silencio en mis espaldas Quiero ser como tu anochecer Acurrucando mi cuerpo,a tu mañana Quiero amar,sin pedirte permiso. dejando caer la lágrima que alivie mi rostro envejecido,surcando los arrullos perdidos en la sima ,buscando un nido. Prefiero sendero y final,que no puente. Subir a la montaña infinita En dónde el torrente decargue con fuerza, y estrelle sus aguas en mi corazón sin límites. Caerme y levantame a cada paso extraviando la mirada en el espejo de los Dioses con el sólo límite de mi imperfección sin tapar las miserias de una vida… Leer más

Biografía triste de la felicidad. Por Luis Oroz

Nació de la costumbre y se dejó llevar, casi dormida, sobre el instinto de los años jóvenes. Era el jardín donde arrojar futuros y cultivar recuerdos. Dos décadas pasaron y la muerte, asesina de todos los que siguen con vida, inyectó la tragedia por sus venas hasta dejar en coma al pensamiento. Se despertó con la primera risa, después de que la ausencia le pusiera en la boca su pistola de olvido, resucitó con el bostezo triste de los que duermen para sonreír, de los que se sujetan a la vida con las uñas postizas de la resignación. Tuvo el… Leer más

¡Exquisita desembocadura! Por José Francisco Mejía

Decidí menguar mi caminar al llegar a la parte mas baja ¡Maravillosa desembocadura! llena de agua dulce y salada ya no era necesario correr ni desesperarse porque ya estaba en tu nacimiento, ¡enajenado por la desdicha! y ¡vapuleado por los sinsabores de la vida! ¡Exquisita desembocadura! Déjame bañarme en tu afluente, que tus aguas ¡apacigüen mi calor!, pero que ¡aviven la pasión! ¡Que enciendan la chispa de una vaguada lujuriosa! quiero embriagarme de tus aguas ¡hasta perder la razón! y que los latidos de mi corazón empapados ¡le susurren al amor! ¡Que tus aguas acaricien mis labios! Sublime estrecho ¡que… Leer más

denuevoelcorazón. Por Yolanda Sáenz de Tejada

-Pasemos de nuevo al romanticismo, -me dijo él cogiéndome la mano y apretándola con sus falanges.- -¿Al romanticismo de Espronceda o al de mi boca? –le respondí traviesa. Y él, revolviéndome el pelo como a una niña, me contestó sonriendo: -Al de tus dedos… Y fue cuando yo le recité este poema (escrito por mis dedos) que me pidieron para un libro homenaje a Luis Eduardo Aute. A Luis Eduardo Aute, por mancharme de emoción. De alguna manera tendré que olvidarte, por mucho que quiera no es fácil, ya sabes… LUIS EDUARDO AUTE Con las uñas. Necesitaré miles de zarpazos… Leer más

Danza escrita. Por Fátima Ricón Silva

?Del suelo brota el gemido del bandoneón, enlazándose en mis pies y promotor de que las tristezas dancen emparentadas con los pensamientos que duelen. Tañen las guitarras meciendo mi ego descentrado, recitando una letanía que hiere el alma, atravesándola cruel. Recógete danza urbana, arropa tu sensualidad con la seda de las medias rojas, sangre, de tanto matar. Confecciona sueños de tus sueños, no te conformes con ser la protagonista de sueños ajenos. Construye la propia coreografía, al gusto, al libre capricho. Tango de palabras, movimientos de mentiras, doctrina de la falacia que deslumbra por fuera y por dentro mata. ??… Leer más

Amor latente. Por Juan A Galisteo Luque

? Han pasado ya los años, y aún, te sigo yo queriendo, comprendiendo y recordando con amor y sentimiento. Pensando en ti, hoy te llevo, en el fondo de mi ser, como un secreto robado y valorado a la vez. Otra vez nos despedimos, en esta fría estación que nos separa. Otra vez, con ilusión, nos pedimos sinceridad y respeto entre los dos. Son días, que se aproximan de ausencia; en ellos, una experiencia, nos enseña y nos prepara. Comprendemos entonces, que el calor de nuestras vidas, sigue latente, invariable. Es dolorosa la ausencia, aunque el amor lo compensa, con… Leer más

¿Recuerdas?. Por Juana Cortés Amunarriz

El ansia. Mordiscos de supervivencia. La vida era una larga noche sonora, una anguila de luces plateadas enredada en tus tobillos. ¿Recuerdas la ginebra que compartíamos? Había sexo en los portales. Amor en los buzones. Había sonrisas hechas de polvo blanco. Y miedo –algunos no volvieron-. ¿Qué queda de todo ello? Fuimos estrellas fugaces pero el sentido común aplastó la rebelión prevista. ¿Recuerdas? El arrojo. La vida era una carretera. Un coche. La vida era darnos la mano y fumar despacio. Los dedos. El humo. ¿Recuerdas? El humo rizando tus cabellos. Tus labios de nicotina. ?? Blog de la autora Leer más