Martes de bohemia y soledad. Por Isidro R. Ayestarán

Un vaquero sin pistolas recorre en una diligencia las calles de la ciudad; es un poeta a contracorriente, incluso en el ritmo de sus latidos de corazón – hasta en eso es diferente -, con una música de fondo de saxofón anclada en cada uno de sus huesos, sus músculos, su angosta anatomía, sus ojos ocultos en minúsculas gafas de sol, como aquél príncipe de la película de Coppola… Camina despacio entre estatuas solitarias, cada una con sus pequeñas cosas, cada una con sus motivos de inspiración, cada una, aún con ganas de continuar un día más. El slogan de… Leer más

La cotidiana risa de la muerte. Por Bernarda Enriquez

Acostumbrándonos a respirar el dulce olor a muerte, viviendo entre dos mundos, el surrealista y el inexistente, tropezando con los cuerpos ajenos, sintiendo nada en los propios, indiferentes ante los violentos episodios, preocupados por el precio de la nueva tecnologia, que nos dará la frágil y falaz tranquilidad de alma. Que nos a pasado??? Que la muerte nos ha contagiado de su risa. Nos ha seducido con el prominente escote de su vestido negro, haciéndonos que la veamos con total serenidad y vívida curiosidad. Se sienta a comer en los mejores lugares y con las mejores personas. Personas que quedan… Leer más

Senderos de poeta. Por Isidro R. Ayestarán

No se hicieron las tardes de domingo para hablar de amores perdidos, ni el horizonte de mi bahía para ser camuflado por la neblina matinal. Los rayos del sol se funden con el mar bicolor entre crepúsculos y lágrimas vertidas, y los solitarios no lo son menos por maquillar artificialmente sus sonrisas de mentira. Hay quien dice que los poetas naufragamos en cada uno de nuestros versos, y que como los buenos capitanes, nos hundimos con nuestro barco, y los hay también que se sientan a contemplar el caminar errante de las musas, el footing del alcohol en sus venas,… Leer más

El sueño. Por Bernarda Enriquez

El sueño Una timida y calida lagrima, resbala por la mejilla, mi prestado cuerpo tiembla, la ardiente piel siente el peso de la caricias de la otra piel, el alma desnuda se agita, bajo la transparencia del manto del deseo, mientras mi cabello revuelto, reconoce su negrura, con el languido rayo de un sol adormecido, sudorosos vientos de pasion se mesclan con los polos frios de la añoranza, formando vientos huracanados que avansan hacia un futuro insierto, todo es un sueño, tan irreal como la vida misma, abro mis ojos, para darme cuenta, que el sueño que soñaba, solo existia… Leer más

Frutos de invierno. Por Ana Mª Tomás Olivares

  Primero fue el invierno y tu piel en mi boca naranja madura y confitada. Después en primavera laberintos de flores de cerezo, relinchos de moreras, cosecha de estrellas en el tardo bancal de mi ventana. Más tarde, en el estío, qué derroche de azúcar y de pulpa, de coros de cigarras de humedades golosas: cinturas, nucas, ingles anudadas por ramas ………………de jengibre y canela. Nuestra dicha era un sol que apagaba el cansancio para volver de nuevo, con la sed de los cuerpos, más bruñido y más tierno.  Y otra vez regresó funámbulo de júbilo pletórico de frutos …………………..el… Leer más

Trovador de madrugada. Por Isidro R. Ayestarán

Escribir un poema en una de esas noches en las que uno no es buena compañía, rehusando el abrazo del amante anhelante que le espera desde su orilla de la ciudad. Humo de cigarrillo, voz ronca de blues, luz de estrellas de neón donde se lee “no perdiste la cabeza, amigo, tan sólo tienes destrozado el corazón”. Qué razón, compañera Chavela, cuando uno no aprende de los errores por mucho que pasen los años y los regustos amargos se pudren en el alma. Y vas perdiendo la cuenta de los tragos de absenta – en mi caso – que se… Leer más

Bendita ciudad. Por Bernarda Enriquez

Eres todo lo que soñe en mi adolescencia apabullada, tu glamour desconcertante me atrapa, me condena a una vida desordenada, asi te quiero, decia el necio, con tus deliciosos nubarrones negros de smog, que alimentan mis pulmones, con tus entrañas saturadas, de candidos maleantes decadentes, tus calles empedradas de sueños destruidos y pisoteados, en tí, la economia crece, se nota la prosperidad en tus alcantarillados, en las luces de color ambar, que deslumbran al atropellado, atropellado, en sus derechos, de sonreir, de sentir amor, en el trajin de la vida cotidiana, todo va acelerado los niños, ya no lo son… Leer más