Sensualidad. Por Lola Buendía

Aproximo mis pies, ateridos y desamparados, a los tuyos, desnudos y tibios. Voy recorriendo con mis dedos el suave empeine, la pétrea concavidad de tus uñas. Limo el borde del áspero talón y cosquilleo la blanda y arrugada planta que te sostiene. Poco a poco, mis pies, antes dormidos y sin conciencia de sus límites, van despertando con un ligero calorcillo, y vuelve la vida a mis arterias que, como resistencias de estufa, recorren los surcos de su ya recobrada geografía. Lola Buendía (www.tallerliterario.net) Leer más

Muñeco con Cuerdas. Mercedes Martín Alfaya

Cuando nací, mi padre se puso muy contento y lo primero que dijo fue: Hola, chaval. Yo quería contestarle, pero no me salían las palabras. Él me sopló por todas partes para quitarme los restos de serrín, y luego me sentó en una mesa y me pintó los ojos, la nariz y una corbata muy chula. Como yo seguía sin hacer nada, pasó unos hilos finitos por mi cuerpo y tiró de ellos. Yo quería darle las gracias, por lo guapo que me había puesto y todo eso, aunque seguía sin salirme la voz. Por la tarde vino un niño… Leer más

Tengo un amigo. Por Mercedes Martín Alfaya

Tengo un amigo que me está enseñando a montar en bicicleta. Antes, yo lo había intentado muchas veces por mi cuenta, pero como siempre terminaba en el suelo, lo dejé. Él dice que no debo tener miedo, que las caídas forman parte del aprendizaje y que lo importante es no correr, mantener el equilibrio y no perder de vista el frente. Ayer, lo pasamos de fábula, porque como soy tan loca, intenté una maniobra por mi cuenta y casi me estampo contra el muro. Entonces, mi amigo me agarró del sillín y corrió conmigo: “eso es, eso es”, me decía,… Leer más

El niño del museo. Por Mercedes Martín Alfaya

Sarajevo tenía los ojos de vidrio y el cuerpo seco. Lo encontramos al bajar la escalera, enmarcado en un silencio extraño. Al verlo, mi padre se quedó muy serio, cerró los ojos y me apretó mucho la mano, como diciendo: no te vayas, no te vayas… Y yo me quedé allí, contemplando a Sarajevo dormido en la pared. En la sala había otras obras de arte que no eran fotos, también leí sus nombres. Y mi padre dijo que en los museos todo parece muerto, pero no es así. Al salir, mi padre me llevó al zoo y me compró… Leer más

La maratón de leer. Por Felisa Moreno ortega

A veces me pregunto si nací con el talento innato de leer deprisa o lo adquirí con el tiempo y las adversidades. Al igual que un corredor de maratón posee unas cualidades físicas adecuadas, yo debía tener algún gen, raro en mi familia, que me obligaba a devorar cualquier libro que cayera en mis manos. Y digo raro porque en mi casa apenas se leía. Como las letras impresas enganchaban mi alma, ya fuera una novela del oeste de Marcial Lafuente Estefanía o una historia rosa de Corín Tellado, casi siempre hurtadas a mis hermanos; me hice una experta corredora… Leer más

Sufrimiento innecesario. Por Brujapiruja

He visto esa cara pálida sosteniendo unos ojos inexpresivos y opacos, esos labios tristes sin sonrisa que los libere de la tensión del miedo a quien sabe qué cosa. La psique, esa poderosa fuente de imágenes y sensaciones, ese oscuro lugar donde uno reside y que tan poco conocemos, a veces, nos tienta a torear en ruedos imposibles. La espiral que puede crear una mente que no se comunica puede ser el infierno dónde condenarse a sufrir inutilmente por cosas que no ocurren, no existen, no se produjeron ni se producirán jamás, más que en nuestra imaginación, pero que nos… Leer más

Como los patos. Por Mercedes Martín Alfaya

Acabo de ver una pareja de patos en la piscina de mi urbanización (como tengo unos días de vacaciones, me dedico a deambular por la terraza en busca de sensaciones). Está lloviendo, pero a ellos les da lo mismo (son patos). Sé quién es él y quién es ella por la forma de deslizarse en el agua. Ella va… y viene… con ese aire delicado y altivo que la hace imprescindible a los ojos de su pato. Él la mira extasiado desde su rincón de placidez, introduce la cabeza bajo el agua y sacude las alas… Ahora la busca, como… Leer más