La vida descalza. Por Rosa María Molina López
Mi comisión es una úlcera, varios huesos rotos y sentirme deshabitada. Durante años el mismo menú: de primero, silencio; de segundo, paciencia; de postre, falsa felicidad. Por eso la vida rechinaba tanto entre mis dientes. Necesité habitarme otra vez, esa fue la clave para hacer lo que hice. Cuando el juez dijo “Se levanta la sesión”, miré a mi hijo, sentado en la quinta fila. Dibujó un “te quiero” en el aire y sopló. Cogí esa burbuja de amor entre las manos y me froté la cara para olerla y pegarla en todos mis poros. Vino de Australia para testificar…. Leer más


