La cuota. Por Dorotea Fulde Benke
Ya antes de incorporarse a su empleo, Nuria suponía que la iban a discriminar, y no se equivocó. A pesar de ser bibliotecaria titulada, la destinaron al sótano de los libros dados de baja por diversas razones. Aun así, el trabajo en ese departamento subterráneo no la disgustaba: la algarabía de los libros de las plantas superiores llegaba amortiguada por los gruesos muros, y los ejemplares retirados del catálogo ya no armaban tanto jaleo. Pronto hizo amistad con novelas maltratadas por los equipos electrónicos de lectura; escuchaba pacientemente a enciclopedias que no habían sido consultadas en más de cincuenta años… Leer más
