Los abrazos castigados. Por Mar Solana
Estaba en la cárcel por amor. Shula llevaba varios meses en aquella desapacible celda por ceder al calor de un abrazo. Errare humanum est. Pero apenas quedaban sabios para reconocerlo. Y a los que aún no les habían cortado la coleta, así llamaban a su “deceso”, estaban en la cárcel, como Shula. Vivía privada de cualquier libertad, sucia y sumida en la indolencia. Todos los días, sin contar los domingos, recibía las arengas de su consejera que, a modo de actividad carcelera enriquecedora, le inflamaban el alma como la piel se amorata después de una paliza. Shula era muy bonita,… Leer más
