El cruce. Por Carlos Veloso

El barquero y la embarcación eran una sola unidad, con el tronco unido solidamente a la popa, por la pequeña borda sobresalían dos largos brazos, el derecho con el látigo para las almas remadoras y el izquierdo, que se extendía para cobrar al viajero. Al acercarse pude ver los ojos fríos y vacíos del barquero, los que me traspasaron produciendo un escalofrío que me recorrió la espina dorsal, cuando extendió su brazo hacia mi, me di cuenta que no tenia nada que dar, jamás anticipe la necesidad de un “óbolo”; pero una voz dentro de mi cabeza me dijo que… Leer más