Tribulaciones de una marmota hembra. Por Rafael Borrás Aviñó
Si vives sola en un caserón decimonónico lleno de oscuridades, con el tiempo te vuelves a la vez infantil, avejentada y un poco obsesiva. Si pasas el invierno sin apenas recibir visitas, te refugias en el cubil y, como las marmotas, no asomas el morro hasta que olisqueas la llegada de la primavera. Si llevas más de veinte años divorciada, escasean las ocasiones de compartir una taza de té negro y unas pastas mirando los concursos de la tele, y un día te sorprendes contestando al aire y el siguiente riendo sin motivo, como una perfecta tarada, acabas… Leer más
