Año Nuevo. Por Salvador Pliego
Postrero, mi corazón late su último segundo, su último instante; es un reloj sin cuerda o manecillas, un maniquí inerte que no sensibiliza, un silbido frío en un témpano inactivo, el marcapasos de un pulso detenido que suele palpitar ya sin sonido. Brota entonces un segundo, un nuevo y singular segundo: reciente y lozano, inédito y flamante; y arde, desde su boca, el pulsar de un rugido: ¡Yo soy el mar! ¡Mi corazón late su millar de ríos! He aquí los halos de la vida: un mundo prende, crepita, estalla en albedrío. El corazón, como un Genghis Khan, arremete e… Leer más
