La ecalvitud hoy. Por Maribel Romero Soler

Uno de los últimos libros que he leído, LA PIEL DE LA MEMORIA, de Jordi Sierra i Fabra, me ha hecho reflexionar sobre esta cuestión en pleno siglo XXI. La obra está firmada por su autor en la primavera de 2001 pero es muy posible que a día de hoy, diez años después, todavía existan casos de esclavitud como los que son narrados en este terrible testimonio. En LA PIEL DE LA MEMORIA, Kalil Mtube, un niño de 12 años, es vendido por su padre en una aldea de Malí por el módico precio de 15 dólares, bajo la creencia,… Leer más

La niña bonita. Por Marisol Oviaño

No sé muy bien qué diferencia hay entre fe, esperanza y certeza. Tampoco la diferencia entre dios, conciencia y energía universal. Sólo sé que hace quince años yo tenía fe. A pesar de que quien compartía la carga conmigo intentó arrancarla de raíz, por mi bien, para que la dura realidad no me hiriera. Si decía no te hagas ilusiones, yo intentaba en vano no hacérmelas. Si él decía ya has oído a los médicos: como mucho quince días, yo intentaba convencerme a mí misma de que los médicos sabían de lo que hablaban. Pero mi hija seguía dentro de… Leer más

A un olivo. Por Juan A Galisteo Luque

Olivo sediento, ¡qué triste tu suerte! tu raíz de origen de cuajo arrancaron, y aquí, en esta tierra, después te plantaron, quién sabe si un día, te encuentre la muerte. Hoy, cuando lo han dicho, quise protegerte, y es así, tan cierto que te cercenaron, tu tronco en un campo verde coronaron, será muy difícil que ya vuelva a verte. Cualquiera diría que eso les divierte, injerto mezquino que en vano lograron; solo consiguieron con ello, perderte. En un jardín verde del Norte, dejaron tus duras raíces y tu cuerpo fuerte; nada más mirarte, mis ojos lloraron. ———- Juan A… Leer más

La barra de labios. Por Ana Mª Álvarez Barroso

“En realidad no parece tan desagradable” –pensó Isabel cuando llegó con su pequeña maleta y el neceser en la mano. Miró la habitación, algo desabrida, con un visillo blanco que tapaba únicamente el hueco de la ventana. Parecía uno de esos hoteles baratos en los cuales, si tiras con brusquedad de las cortinas, te quedas con ellas en las manos. Se asomó y tenía vistas a la zona ajardinada que pertenecía al centro. Dos camas individuales, con sus respectivas mesillas de noche, acondicionaban la estancia; sobre las cuales, unas colchas color verde agua eran el único toque de color en… Leer más