Canas. Por Marisol Oviaño
El sábado, las amigas volvieron a la carga: tienes que teñirte. Vale que tengo que cortármelo: parece que llevo un gato sobre la cabeza. Pero… teñírmelo, no. Cuando me miro en el espejo, veo a una tía gorda y simpaticota, no a la mujer guapa y exótica que era hace años. He superado la infancia, la adolescencia, la juventud, ando ahora en plena madurez y estoy a las puertas de la vejez. Y no quiero disimularlo. Cada cana es una herida de guerra, si te acercas a mí quiero que sepas con quien te la juegas. El hombre que me… Leer más
