El paraguas y la señora. Por Yolanda Sáenz de Tejada
Llueve. No mucho, pero no tengo paraguas, llueve bastante… Mi pelo (a veces infranqueable), comienza a inundarse y veo a una señora con un precioso paraguas rojo delante de mí. Calculo lo que me queda por terminar la calle y, decido alcanzarla. Perdone señora, ¿le importa que viva durante el trayecto de esta calle bajo su paraguas, es decir, a su lado y compartiendo el mismo aire sin lluvia? Ella grita. Y yo, asustada, miro para detrás pensando que alguien nos quiere robar el bolso. No hay nadie. Como no habla (la señora) insisto: si quiere, puedo llevar yo el… Leer más
