Historias que no puedo contar. Por Mercedes Martín Alfaya
La amiga de mi hermana ya no llora. Se construyó una balsa de olvido contra sus temporales de lágrimas. Sin embargo, padece (la amiga de mi hermana) una dolorosa obsesión por hablar de su tía y sus hermanos; esos a los que admira y odia al mismo tiempo. Los admira (a sus hermanos), porque le dan de comer para que ella no se rompa las uñas, por ejemplo, entre las baldas de un supermercado. Y los odia, porque la relegaron a fregar platos, planchar camisas y recoger sus vómitos de fiesta (esos de los que ella nunca disfrutó). De su… Leer más
