Liquen plano. Por Brujapiruja

Estaba a la espera de un diagnóstico definitivo tras la biopsia, pero ella intuía la procedencia de esas vesículas rojas, rabiosamente pruriginosas y sangrantes que cubrían su cuerpo y que no cedían a ninguna cura convencional. Cuando miraba esa piel amotinada, surcada por miles de pequeñas heridas, imaginaba una rebelión interna que necesitaba dejar constancia de forma apremiante y visible del sufrimiento silente de tantos años de picaduras mordaces, desaires, envidias y desafecto. Recordaba cada ruindaz, cada abandono y la maldad estúpida de quienes la señalaron, sin empacho y sin razón, como culpable de sus propios errores o carencias y… Leer más

La alcoba desnuda. Por Isidro R. Ayestarán

Al ritmo de una botella ardiente de espumoso rosado, con el motor del amor a mil por hora, con el ardor del calor de la caldera de tus besos, y esa mirada aniquiladora de cualquier inapetencia. Entre las sábanas de mi alcoba desnuda de frialdad y silencios, por fin, por fin, por fin toca llegar a la cima del clímax de aquello que se hace llamar sentimiento desde los tiempos de las cuevas prehistóricas. Si los ángeles decidieran quitarse la venda del Jefe Divino, exclamarían ¡¡Aleluya!!, si a las beatas se les escapara el rosario de los Misterios Rutinarios, aullarían… Leer más

Calcetines disparejos. Por Felisa Moreno Ortega

La conocí un martes en la cola de la pescadería. Ya la había visto en otras ocasiones por el barrio pero nunca cruzamos palabra, sólo breves miradas de reconocimiento. Me llamaba la atención su manera descuidada de vestir, descubrí que usaba calcetines de distinto color y llevaba la ropa sin planchar. Sin embargo, iba muy maquillada, los ojos repintados y los labios muy rojos. Compró medio kilo de boquerones, un cuarto de calamares y unas almejas. Pagó, buscando con dedos torpes en la cartera, y se marchó. Me di cuenta de que se había dejado una bolsa y corrí tras… Leer más

El desayuno. Por Luis Alberto de Cuenca.

Me gustas cuando dices tonterías, cuando metes la pata, cuando mientes, cuando te vas de compras con tu madre y llego tarde al cine por tu culpa. Me gustas más cuando es mi cumpleaños y me cubres de besos y de tartas, o cuando eres feliz y se te nota, o cuando eres genial con una frase que lo resume todo, o cuando ríes (tu risa es una ducha en el infierno), o cuando me perdonas un olvido. Pero aún me gustas más, tanto que casi no puedo resistir lo que me gustas, cuando, llena de vida, te despiertas y… Leer más

La reina, muy cerca. Por Julio Cob Tortajada

Al hablar en caliente se corre el peligro de convertir al hábito en un craso error. Es cuando hierve la sangre, sus brumos se expanden, se hinchan las arterias y el despropósito sale forzado al exterior, desde el fondo oscuro del atolondramiento, o de lo más hondo de la miseria humana. Corresponde pues, a cuando lo que se dice se hace a la ligera, o cuando se habla con la intención de hacer daño, sobre todo a las personas de las que nada se sabe, ignorando o silenciando sus méritos y buen hacer de gran dama, como es el caso…. Leer más