La cigüeña decide. Por Mercedes Martín Alfaya

Cuando yo era pequeña, pensaba que, esto de nacer en un sitio o en otro tenía mucho que ver con lo espabilada o perezosa que fuera la cigüeña y las inclemencias del tiempo. Si el día era luminoso, ella, la cigüeña, volaría contenta y distinguiría perfectamente aquellos hogares mulliditos donde dejar un niño. Pero, claro, si hacía frío, llovía o nevaba, pues lo soltaría en cualquier parte para quitarse de en medio cuanto antes (las cigüeñas también se escaquean en su trabajo). Así es que, aterrizar en un lugar apropiado y crecer en buenas manos sería cuestión de suerte. Recuerdo… Leer más