Adagio. Por Isidro R. Ayestarán
Hoy no vengo hacia Ti para rezarte, sino para contarte la profunda herida que yace en mi alma. Sólo te pido que no me cierres las puertas de tu morada, que no me alejes de tu lado ni mires hacia otra parte únicamente porque no me comporté como debí hacerlo… Te lo pido porque eres Tú el único con quien puedo charlar en estos momentos. Mi único aliento. El brazo donde reconfortar el terrible desconsuelo de mi corazón… Por eso te pido que me escuches… Tengo un hijo que se llama Alberto, aunque eso ya debes saberlo. Que de crío… Leer más
